El narrador en las novelas de Javier Marías - Notas
3 - Notas
[1] Contar “sin motivo ni apenas orden y sin trazar dibujo ni buscar coherencia; sin que a lo contado lo guíe ningún autor en el fondo aunque sea yo quien lo cuente; sin que corresponda a ningún plan ni se rija por ninguna brújula, ni tenga por qué formar un sentido ni constituir un argumento o trama ni obedecer a una armonía oculta, ni tan siquiera componer una historia con su principio y su espera y su silencio final” (NET: 403).
[2] Negra espalda del tiempo ha sido calificada por su autor como una “falsa novela”, pese a que no existe ninguna marca paratextual (un subtítulo, por ejemplo) que lo corrobore. Por esta razón se la puede encontrar en la lista de libros de Marías tanto ficcionales, como no ficcionales. En ella el narrador, que como se ha dicho antes lleva el nombre de Marías y ha escrito sus mismas novelas, cuentos y artículos, reflexiona sobre la equivocación de los lectores de Todas las almas al creer que se trataba de una novela autobiográfica. Lo curioso en todo esto es el hecho de que el narrador de Negra espalda del tiempo haya tenido que apropiarse de la vida de su autor para defender la ficcionalidad de Todas las almas.
[3] El narrador escribe: “Y sin embargo estoy resistiéndome a contároslo todo. Un pobre tenor que tiene miedo de su propio relato o de sus propios sueños, como si utilizar palabras en vez de textos ya escritos, aprendidos, memorizados, repetitivos, paralizara su poderosa voz, que sólo ha conocido hasta ahora el estilo recitativo. Me resulta difícil hablar sin libreto” (EHS: 46).
[4] Las transgresiones del tiempo del relato pueden cumplir, sin embargo, un propósito concreto dentro de esta novela, como es acentuar la atmósfera onírica de la que proviene la historia, pues el protagonista ha soñado con lo que ha vivido en el pasado (cuyo comienzo data de hace cuatro años) y ahora lo escribe: “Lo único que puedo añadir en mi descargo es que escribo desde esa forma de duración -ese lugar de mi eternidad- que me ha elegido” (EHS: 13). Esto podría explicar también, entre otras cosas, la presencia de las comillas al inicio y al final del texto, pues la realidad se ha hecho primero sueño y luego ficción.
[5] Lo que aquí ocurre en realidad es que a medida que avanza el diálogo entre Deán y Víctor ambos discursos se entrelazan como en un canto a dos voces: las palabras de Deán y las de Víctor, aquellas que no corresponden a las respuestas o interrupciones del personaje sino a los pensamientos, a las reflexiones (que ya ha hecho con anterioridad) del narrador y que van siempre entre paréntesis.
[6] La nota ha sido sacada de contexto, razón por la que no lleva cita, pues pertenece a un comentario sobre otros personajes aparecido en El hombre sentimental, página 106.
[7] Esta idea aparece con mayor claridad en Mañana en la batalla piensa en mí, cuando un Víctor atormentado por el fantasma de su cuasi-amante, un Víctor que se debate entre confesar o no confesar su presencia en la habitación de ella la noche de la muerte, un Víctor cuya moralidad ha sido puesta en duda por su manera de actuar ante lo ocurrido, escribe: “Todo se contagia muy fácilmente, de todo podemos ser convencidos, la razón puede dársenos siempre y todo puede contarse si se ve acompañado de su exaltación o su excusa o su atenuante o su mera representación, contar es una forma de generosidad, todo puede suceder y todo puede enunciarse y ser aceptado, de todo se puede salir impune, o aún es más, indemne” (MBPM: 407-408).
[8] En este sentido el León de Nápoles es la contrapartida de Víctor Francés, pues se define a sí mismo como un sujeto con muy mala memoria, aun cuando esto no quede tan claro en el relato de su propia historia.
[9] El recurso de la ironía evidencia también, en la mayoría de los casos, la superioridad de quien la utiliza en relación con los demás entes que lo rodean. En las novelas de Marías esta superioridad es manifiesta, pues ni los personajes tienen oportunidad de “defenderse”, ni es posible la existencia de una voz otra, distinta a la del narrador, que se contraponga a la de éste.
[10] Depende del autor en la medida en que éste pretenda crear dicho “espacio autobiográfico”, para lo cual es imprescindible que exista al menos un libro autobiográfico “real”, como podía ser una biografía o unas memorias; pero depende también del lector y de su recepción de la totalidad de su obra.
[11] También puede ocurrir que la relación entre ambos textos no sea tan explícita, como ocurre con la historia del cuento “Portento, maldición” (El monarca del tiempo), en el que el narrador es el tutor de un niño prodigio cante de ópera y El hombre sentimental.
[12] Los narradores de Marías, escépticos por definición, suelen recelar del valor de la realidad no sólo como parte en el desarrollo de los acontecimientos, sino también como elemento indispensable para la configuración de los personajes; en este caso: “El saber verdadero resulta indiferente, y entonces puede inventarse” (NET: 395).
|
Opiniona sobre 'El narrador en las novelas de Javier Marías - Notas' (0)
Opina sobre este artículo |

