Desde el punto de vista simbólico, el Nilo terrestre imita en su recorrido al Nilo Celeste o Vía Láctea. Para Egipto es el eje absoluto, la ruta por excelencia. Procede desde el “comienzo del mundo”, en función del cual uno se orienta frente al Sur. Cualquiera que sea la dirección real que tome, su curso es el meridiano que separa al Este del Oeste.
Cuando en junio se producía la primera inundación, Sirio, la estrella más brillante del firmamento meridional, aparecía sobre el horizonte.
Los egipcios decían que el Nilo crecía debido a las lágrimas que derramaba Isis por Osiris, y Plutarco afirma que las almas de las entidades divinas brillan en las estrellas: “Sirio está consagrada a Isis porque trae el agua”. La constelación de Orión que aparece justo antes que la estrella Sirio, está dedicada a Osiris.
En Egipto los mitos y símbolos de Osiris e Isis personifican metafísicamente los elementos Fuego y Agua, y físicamente el Sol y el Nilo.
El número del año solar de 365 días corresponde en su valor numérico a la palabra “Neilos” (Nilo). Era, pues, el río del tiempo. El antiguo nombre de este río era Eridanos, el Iordan hebreo, con el sufijo copto o griego antiguo. La palabra hebrea Jared (fuente, origen) del río Jordán tenía el mismo significado mítico entre los hebreos que el Nilo para los egipcios: era la fuente de la descendencia y contenía las aguas de la vida.
Osiris era el Sol y también el Nilo, así como el año de 365 días; mientras que Isis era la Luna, el lecho del río y la Madre Tierra, para cuyas energías reproductoras eran necesarias las aguas. Isis también simbolizaba el año lunar de 354 días, el tiempo hacedor de periodos de gestación.
Como dios de las aguas primordiales, el Nilo se considera simbólicamente el diámetro de la circunferencia formada por el “cinturón” del océano.
En sus orillas nace la flor del loto, símbolo sagrado representativo de Egipto. El río mismo, visto desde el cielo, parece un loto, con la flor del delta sobre el larguísimo y fino talle del valle del Nilo, y portando el capullo del El-Fayum.
El loto es el arquetipo de la ideación cósmica, el modelo para todo. Sale de las aguas primordiales brotando de los limos del Nilo, eleva su tallo a través de las aguas fecundas y alcanza el aire hasta abrirse a la luz del sol perfumando su entorno. Es la representación ideal del ser humano que con sus pies en la tierra eleva su espíritu al infinito. La semilla del loto simboliza el “huevo del mundo” porque en ella la futura planta en miniatura incluye todas las potencialidades de infinitas plantas. Una sola semilla sería capaz, en condiciones ideales, de llenar el mundo.