Toda la tierra de Egipto estaba cubierta de templos que se hallaban a la orilla del Nilo, y cada ciudad honraba particularmente a una divinidad, y el Nilo es el unificador de todos ellos. En el mito osiriano, el Nilo es el que transporta el sarcófago de Osiris, que se detiene en Byblos.
El Buey Apis nació de un rayo de fuego que cayó sobre sus aguas, y Thoth hizo al primer hombre con barro del río sagrado, sobre un torno de alfarero.
Hapi, espíritu del Nilo, es verde y azul como sus aguas, y muestra su aspecto de batelero o pescador. Su vientre abultado parecía sugerir las buenas comidas y sus senos prominentes, la fecundidad. Residía en una gruta cerca de la primera catarata, y desde allí regulaba la crecida de las aguas.
Sebek, el cocodrilo, es símbolo de la creación. Representa la “séptima alma”, el “vidente invidente”. El cocodrilo físico, material, aparece en la ribera del Nilo cuando las aguas de la inundación empiezan a retroceder y nacen las primeras plantas.
Tal vez desde siempre se eligió la costa occidental del Nilo como lugar de enterramiento. Reflejo de la magnitud e importancia de las necrópolis son las grandes ciudades de los muertos: junto a la simbólica Montaña Occidental o Montaña Roja, en los acantilados, existen millares de tumbas de todas clases, desde las dedicadas a los grandes faraones a las de las personas más humildes.