



La mayor parte del pueblo paraguayo es mestizo. Por eso, Paraguay es un país ejemplar ya que, por mucho que aumente la población mestiza, sería difícil establecer una homogeneidad social. Es decir, la homogeneidad nacional, que sería la meta del sistema estatal, no sólo depende del linaje sino del ajuste del sistema social y de la cultura. Roa Bastos describe en Hijo de hombre que las condiciones sociales son iguales a las de la época colonial. El poder de la clase privilegiada mantiene el sistema colonial y es causa de la violencia justificada a nombre del Estado. Pero el autor no se adentra de manera directa en el poder y su estructura, sino que revela su crueldad y su carácter nihilista al representar la vida dolorosa pero resistente de los subalternos, que son los que continuamente penetran a la ideología dominante y la desestructuran. La cultura popular, que ya se ha transformado a lo largo de la historia, sirve como base del poder resistente del pueblo contra el poder oficial.
Lo que más problematiza Roa Bastos es la noción del Estado nacional. La obra desvela la ausencia de una nacionalidad en la sociedad paraguaya dividida o dispersa. El pueblo paraguayo dentro de la organización estatal no corresponde a la nación paraguaya. Asimismo, el nombre “patria” sirve como medio efectivo de los poderosos para explotar la vida del pueblo. Pero el mensaje más importante es que los subalternos van formando una identidad nacional dentro del proceso histórico con una cultura aún indefinible. En conclusión, Hijo de hombre muestra que a diferencia de la nacionalidad que dirige el sistema estatal, puede surgir otra nacionalidad dependiente de la dirección formativa de la cultura popular.
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