El Poder Secreto detras de la Historia - Franklin Delano Roosevelt
8 - Franklin Delano Roosevelt
No queremos contemplar el Universo mirándonos el ombligo. No queremos creer que el triste, perdido terruño donde uno nació es "Te Pito Te Henua". Pero, ¿recuerdan a Lamek?. Tras la construcción del templo de Salomón partió con las tribus "perdidas" de Israel. Ustedes ya saben que muchos suponen que con rumbo a América. El ya citado Jacques de Mahieu y el nunca hallado Sir Fawcett los supusieron en la Amazonia o más al sur también. Hay huellas extrañamente templarias en el centro de Argentina y en la Patagonia, dicen quienes saben de esto más que uno. Y desde hace décadas, la Municipalidad de Gualeguaychú, en nuestra provincia de Entre Ríos (la que tratara de destruir Garibaldi, hagan memoria) viene inútilmente tratando a nivel oficial de conseguir subvenciones para exhumar, en sus parajes, lo que historiadores locales sostienen son "restos de un probable barco fenicio y un puerto de ultramar de más de tres mil años".
¿Fenicios en América?. De Mahieu y Fawcett ya habían especulado sobre ello, y no conocieron Gualeguaychú ni a las sucesivas autoridades de esta hermosa y pujante ciudad que no entienden por qué el CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, el organismo gubernamental que regula, beca y supervisa los trabajos científicos considerados de interés nacional) ha negado sistemáticamente hasta ahora hacer prospecciones, argumentando que se trata de una "insensatez", pero refutando desde la comodidad de sillones y oficinas pues nunca se dignaron siquiera echar una mirada a las evidencias reunidas provisoriamente por los investigadores locales, claro, pobres hombres de provincia.
No sé si hubo fenicios en América y mucho menos si los hubo en Argentina (N. del Admin: al respecto, ver artículo: "¿Fenicios en Entre Ríos?" en Argentina Misteriosa). Sí sé, como todo aplicado estudiante de mi geografía, que el sur de la provincia que habito fue un gran mar primigenio y su ondulada geografía habla de actividad orogénica muy reciente, muy diferente del resto de la región. A no gran distancia de donde escribo estas líneas, hace unos años se encontró un esqueleto parcialmente fosilizado de una ballena y, remontándonos mucho más atrás en el tiempo, yo mismo he encontrado desde antiquísimos trilobites y amonites hasta aun calcáreos restos de conchas marinas en colinas circundantes. Pero como no lo sé, no puedo afirmarlo ni negarlo. Sólo que cabe la posibilidad..
En fin. De esto escribiré en otra ocasión. Ahora lo que captura mi atención es esa especie de continuidad solapada desde los tiempos de Salomón hasta los actuales, ya que luego de Roosevelt toda otra asociación (incluidos los Bush, el Club Bilderberg, etc.) pueden leerla en los artículos mencionados al comienzo de este trabajo. Permítanme, sin embargo, citar palabras del respetado Eliseo Bayo ("La Caída del coloso soviético" en "Año Cero", número 16):
"El final wagneriano del Este, tal como se ha producido es el resultado, en lo esencial, de una conspiración largamente planeada para destruir los Estados-Nación, detener el crecimiento de las poblaciones, parar el crecimiento industrial y tecnológico, balcanizar las regiones, volver a un orden feudal y caminar hacia el gobierno mundial. Este vasto programa se puede encontrar reflejado al pie de la letra en los proyectos secretos de las sociedades de Iluminados que impulsaron los movimientos extremistas del pasado y del presente siglo, en la correspondencia de Lord Palmerston y de los banqueros suizos que crearon, entre otras, las figuras de Marx, Mazzini, Bakunin, Garibaldi y Hegel, como antes habían animado las de Voltaire, Robespierre, Danton y Madame de Stäel. Así lo reveló en su tiempo Heine. Se pueden encontrar sus raíces ideológicas en aquel gran impulsor de conspiradores que fue lord Shelburne y en sus criaturas Bentham, J. Stuart Mill, Hume, Turgot y Quesnay, que iniciaron los movimientos de vuelta atrás con ropaje "progresista", los Malthus, los Ricardo, los Adam Smith. Casi todos ellos pertenecieron al servicio secreto de inteligencia británico y trabajaban para la Compañía de las Indias Orientales. Ya en nuestros días, este programa de "crecimiento cero" poblacional y tecnológico, contracultural y profeudal, se halla presente en instituciones tan reconocidas como el Club de Roma, la Comisión Trilateral (reunida en Moscú en plena "perestroika", como si supieran con antelación de qué venía la mano N. de G.F.) el Club Bilderberg y otras no tan aireadas como la Fundación Cini, de la que han salido muchas de las corrientes ocultistas, el Instituto Aspen, el Proyecto 1980 y decenas de organizaciones cuya finalidad es extender los movimientos neomalthusianos y anticientíficos bajo una apariencia de "progresismo" y de "modernidad post-industrial".
"La operación ha triunfado y aparentemente es un éxito, pues parecía que el imperio soviético no podría caer por "acciones desde dentro" y que fiar su desmoronamiento a una intervención exterior equivaldría a asumir un riesgo de destrución nuclear compartido. Las acciones "desde dentro" han sido protagonizadas por las fuerzas políticas agrupadas en torno a la figura de Gorbachov y de su enigmática esposa Raisa, quienes, a cambio del aparente "harakiri" del sistema, han puesto en marcha los mecanismos necesarios para hacer saltar por los aires la Alianza Atlántica, los Estados-Nación europeos y la "casa común" dentro del esquema de complicidades y de voladura controlada del Partido Comunista que se inició hace treinta años con el debate chino-soviético y con la lenta sustitución de los partidos comunistas europeos por la socialdemocracia en la hegemonía de la izquierda mundial. La Europa profeudal, ocultista, financiera, volvió a encontrar el camino de Moscú para meter definitivamente a Lenin en la tumba. El revolucionario se había reído de ellos. Hizo peligrar los intereses coloniales de Gran Bretaña y los intereses financieros de las grandes familias oligárquicas radicadas en Venecia, Génova y Lombardía. Para estos círculos había resultado prioritaria a comienzos de siglo la mutua destrución de Rusia y de Alemania. Antes habían orquestado la guerra ruso-japonesa e inducido a Rusia a librar guerras contra Austria y Turquía para que se destruyeran mutuamente. El servicio de inteligencia del Kaiser recurrió a los servicios de Parvus para tatar de parar la guerra. Se esperaba que Lenin sirviera de elemento desestabilizador del estado zarista, que ayudaría a extender a Alemania el fermento radical, que se adheriría a la estrategia anglo-veneciana de desmembrar a Rusia, a Turquía y al Imperio Austro-húngaro, para hacer de ellos un amasijo balcanizado de pequeños estados regionales en permanente conflicto (lo que parece que va a ser el mapa de la región entre fines del siglo XX y principios del XXI). Alexander Helphand —"Parvus", patrón de Trotsky en 1905 y de otros muchos líderes bolcheviques en 1917— trabajaba en realidad para el más importante y hermético político veneciano de la época, el conde Volpe di Misurata, el artífice de ese enclave ficticio llamado Libia y coordinador de las guerras balcánicas que condujeron a la Primera Guerra Mundial. Lenin se montó en el tren de Parvus, entró clandestinamente en Rusia, pero no respondió a lo que se esperaba de él. Curiosamente, el siglo XX va a acabar casi como empezó, si se mira atentamente el mapa. Muy pocas de las grandes familias oligárquicas que dirigían el mundo entonces deja de hacerlo hoy. Disponen de más poder y más sofisticado. Lo que está en juego son decenas y decenas de países cuyo destino creen construir en libertad, sin advertir quizás que se hallan en las mismas manos que consideran inacabada la obra iniciada por sus perversos antepasados hace doscientos (¿O miles? N. de G.F.) años".
También oportunamente me he referido a la relación —principalmente sanguínea— que existía entre uno de los integrantes descollantes del discutido proyecto Majestic-12 (el doctor Vannevar Bush) y la imperial familia homónima hoy encumbrada en el poder.
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