El problema económico y su incidencia educativa - Desarrollo social
5 - Desarrollo social
Hasta el momento se ha visto cómo el hombre actúa dinámicamente en una cultura. Para seguir trabajando el tema del ensayo, falta precisar el problema del desarrollo. Este es uno de los referentes al que con mayor frecuencia se recurre en la literatura social. Pero, a la vez, es también uno de los menos claramente definidos.
Y es que el problema empieza desde el propio término. En efecto, desarrollo es un palabra formada por tres términos: des-ad-rollo. La palabra básica – rollo – significa rueda, ovillo, madeja en forma de bola; el prefijo “ad” significa anexión, adhesión, aludiendo, por tanto, a la idea de pegar a la ruega, envolver; por su parte, el prefijo “des” implica procedencia, movimiento de vuelta, dando a entender, en el caso, el proceso inverso de despegar de la rueda lo que se ha pegado a ella.
El desarrollo social es una extensión de lo que se conoce como desarrollo humano. Y por éste se ha querido significar el que el hombre pueda actualizar las potencialidades que se supone posee desde niño. Es como si lo que el hombre estuviera concentrado en forma de ovillo, que es necesario desenrollar para que aparezca en toda su extensión. Como puede apreciarse, el término tiene mucha carga biológica, tomada de la imagen común del crecimiento a partir de la semilla o del germen. Y comporta, también, mucho acento determinístico.
En realidad, no es éste el caso del proceso social. La sociedad no es una serie de potencialidades que se van desenvolviendo. La sociedad no es más que un conjunto de actores culturales que interactúan continuamente entre sí buscando la mejor manera de articular esfuerzos comunes para lograr, cada uno, la mejor satisfacción de sus necesidades o aspiraciones. Hablar aquí de potencialidades no es más que describir desde un punto determinado el camino recorrido, partiendo del supuesto – inválido – de que se preconocía ya el sitio de llegada.
Lo único aceptable de esta imagen es el movimiento continuo hacia una meta propuesta. Por eso, sería mucho más acertado hablar de “evolución”. En efecto, el hecho de que se prefije la meta no significa que se llegue a ella. Ahí está la diferencia. Y lo que el hombre se fija de meta no es más que lo que hemos denominado criterio básico de la organización social: la producción y distribución de satisfactores que represente un máximo de satisfacción para los actores sociales en cuanto red, con el mínimo de desgaste o pérdida del entorno ambiental y cultural. El cambio histórico de la situación social en procura de este estado deseable es lo que entenderemos por ‘desarrollo social’.
Varias implicaciones se deducen de esta conceptualización. En primer lugar, la búsqueda de un máximo de satisfacción. Evidentemente, qué se considere satisfacción y qué se considere un máximo depende de concepciones culturales. Por consiguiente, el llamado desarrollo no es ni debe ser un concepto unívoco, a no ser que se esté hablando desde un único punto cultural. Esta es la gran crítica que muchos teóricos, especialmente de países de desarrollo diferente, le hacen a la pretensión de los organismos internacionales de medir a todos los países y culturas con el mismo rasero. Ni los satisfactores ni el grado de satisfacción por ellos producida son un absoluto cultural.
En segundo lugar, se habla de actores sociales, con lo cual se quiere aludir a “todos” los actores sociales, sin discriminación. No puede haber satisfacción para unos solamente, ni menos satisfacción de unos a costa de otros. Esa no es la ley de la sociedad. Todos han de lograr satisfacción. Para lo cual todos han de participar en la producción, pues la ley de la sociedad es producir para distribuir. Tampoco aquí es válida la producción de unos solamente, a costa o sin la presencia del resto. Y esta necesidad de participación de todos en la producción y, por ende, en la distribución es un compromiso “social”, es decir, de todos.
En tercer lugar, el criterio de participación no es necesariamente la igualdad sino aquélla que produzca un máximo en la red. Este criterio sí constituye una ruptura en relación con lo comúnmente aceptado. Pero esto se deduce lógicamente del sentido de la sociedad que no es otra cosa que la búsqueda en común de la mejor satisfacción para cada cual sin destruir la propia sociedad. Para que cada integrante de la sociedad quiera permanecer en la sociedad debe poder participar de tal forma que no haya ninguna otra forma de participación que le produzca mayor satisfacción. Es decir, debe estar participando bajo la ley de la máxima satisfacción posible. Cualquier otra forma de participación será insatisfactoria y, por ende, pondrá en peligro la adhesión social. Nótese cómo la diversidad es una condición de posibilidad de la sociedad: en efecto, la diversidad potencializa la producción de satisfactores, pues la igualdad la estanca.
En cuarto lugar, el proceso de esta búsqueda de producción y distribución es dinámica, es decir, está sometida a cambios en el tiempo fruto de la acción histórica de los actores sociales. Están en cambio continuo cultural tanto los modelos e ideas cuanto las acciones, tecnologías y productos.
En quinto lugar, se habla de satisfacción como un todo integrado. No se trata del dinero ni de cualquier satisfactor aislado. Se habla, en últimas, de la calidad de vida. Calidad que implica la adecuación de los satisfactores a las necesidades o aspiraciones culturales de los actores sociales. Satisfactores que tienen que ver con todos los aspectos de la vida, desde la salud y educación hasta la participación plena en las instituciones políticas, sociales, económicas y culturales, y sus productos. De ahí que el hombre prefiera en la mayoría de los casos satisfactores “sinérgicos”, es decir, con capacidad de satisfacer varias necesidades simultáneamente. Tal es el caso, por ejemplo, del status social o, más típico, del dinero, mediante el cual es posible acceder a cualquier satisfactor. No es, pues, gratuito ni irracional el que el hombre trabaje afanosamente detrás del dinero. Lo malo de ello podría ser que se busque, como ya se dijo, el dinero por el dinero, no el dinero por el bienestar.
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