Con todo lo anterior, llegamos al punto nodal del planteamiento de este ensayo. Reformulemos la cuestión. Se ha visto cómo el hombre – ser vital, inteligente – se asocia en comunidad creando y re-creando una ‘cultura’ de relación social y ambiental que le permite disponer, en una actuación iterativa permanente, de los satisfactores más adecuados a sus necesidades vítalo-culturales. Cultura, en estos términos, es sinónimo de desarrollo social. Por su parte, la educación como proceso social cumple la tarea de facilitar la asimilación de los valores culturales a todos los miembros de la sociedad, de tal manera que realmente se logre el mayor nivel de desarrollo social.
La pregunta, entonces, es: ¿qué papel juega la educación en ese propósito del desarrollo social? La pregunta puede descomponerse en varios interrogantes secuenciados: ¿Tiene la educación algo que ver con el desarrollo social? ¿Es deseable que la educación tenga que ver con el desarrollo social? ¿Es viable que la educación tenga que ver con el desarrollo social? ¿Cómo sería factible que la educación tuviera que ver con el desarrollo social?
Para poder responder adecuadamente estas preguntas se requiere disponer de un marco teórico de referencia. Para ello hay varias alternativas. Una es remitirse directamente al marco económico y desde el modelo correspondiente seleccionar las variables económicas principales en las que la educación interviene de manera significativa. Este camino lo he propuesto en otro documento10. Otra alternativa, que me parece más apropiada para el momento, es partir del concepto de ‘capital social’.
Acudo para ello a Gerarld M. Meier11. Antes de definir el capital social, el autor cita a Abramovitz y David en unas palabras que sirven perfectamente para enmarcar la cuestión:
“Los potenciales efectivos de los países para un rápido crecimiento de la productividad no están determinados solamente por las brechas en los niveles de tecnología, intensidad de capital y asignación eficiente que los separa de la productividad de punta. También son restringidos por su acceso a las materias primas y más generalmente debido a sus escalas de mercado, ofertas relativas de factores y patrones de demanda restringidos... Finalmente, son limitadas por aquellas características institucionales que restringen su habilidad para financiar, organizar y operar los tipos de empresas que se necesitan para explotar las tecnologías de frontera de la ciencia y la ingeniería.”
A partir de ahí, desarrolla la definición de capital social de la siguiente manera:
“Siguiendo el énfasis sucesivo en capital tangible, capital humano y capital conocimiento, algunos economistas podrían adicionar ahora el ‘capital social’ a las fuentes de crecimiento. Collier caracteriza el ‘capital social’ como la coherencia social y cultural interna de la sociedad, las normas y los valores que gobiernan las interacciones entre las personas, y las instituciones en las cuales están envueltas. .. La confianza, la reciprocidad, las redes interpersonales, la cooperación y la coordinación pueden ser vistas como ‘capital social civil’ que condiciona la interacción de los agentes y genera externalidades. El ‘capital social gubernamental’ puede incorporar los beneficios de la ley, el orden, los derechos de propiedad, la educación, la salud y el ‘buen gobierno’. En la medida en que el capital social reduce los costos de transacción y los costos de información, y hace más productivo al capital físico y humano podría ser interpretado como una fuente de productividad total de los factores ( el residuo de Solow )12.”
Nótese muy bien la diferencia que en este último texto se hace entre capital humano, capital conocimiento y capital social. Personalmente no estoy de acuerdo con el término ‘capital’ cuando se refiere a las personas; en efecto, la persona no es ni puede ser capital de nadie; por el contrario, es el actor y objeto último de todo proceso económico. En términos más aceptables esta distinción tendría que ver con tres facetas de la presencia humana: la participación personal, la ciencia-tecnología y la organización social.
Estas tres facetas son otros tantos componentes culturales que deben ser objeto diferenciado de educación. Al decirse diferenciado no quiere significarse aislado. Existen, sin duda, varias formas de articularlos. Una forma de visualizarlo podría ser la siguiente:

Lógicamente, el esquema no es gratuito. Tiene como presupuesto la conceptualización de los niveles de la educación formal: la educación básica, la educación media y la educación superior. Cada uno con un objetivo no excluyente pero sí prioritario y, además, integrante. La educación no tiene sentido sino en función de la organización social; organización que, además de abarcar el ámbito familiar y local, cubre, también, el ámbito cultural nacional, multinacional y global.
Pero la organización social encuentra su razón de ser en la producción y distribución de satisfactores vítalo-culturales, dentro de la cual es indispensable la participación laboral, que contemporáneamente tiene su contexto natural en el ámbito empresarial. Finalmente, todo satisfactor cultural, hoy en día, está mediado por el papel potenciador del conocimiento científico-tecnológico moderno; por más que puedan existir otros tipos de saberes culturales de diverso alcance social, ninguna cultura puede darse hoy el lujo de vivir aislado de este invento cultural que, si bien tuvo su origen en occidente, hoy tiene un propósito de alcance global.
Una educación así concebida tiene visos de garantía mucho más probable para con el desarrollo social. No se trata de una educación ‘disciplinaria’. Se trata de una educación cultural, dentro de la cual el conocimiento científico-tecnológico no es un fin en sí mismo,- exceptuando los programas de educación avanzada -, ni un patrón de organización.