Si se realiza un análisis de la historia de la información, se debe considerar, ante todo, que esta surge en el proceso comunicativo cuya génesis se halla en la prehistoria humana, es decir, en la comunidad primitiva. Por tanto, se debe partir de la definición más simple de comunicación, aquella que la caracteriza como la transmisión de información entre los seres humanos.
La articulación de los sonidos emitidos originó el surgimiento de la palabra y esta, a su vez, generó el lenguaje. De esta manera, se estableció una forma de comunicación que permaneció durante miles de años como el medio fundamental para transmitir la información: la oralidad.
El tránsito de la comunidad primitiva a la esclavista estableció una nueva forma de comunicación: la escrita. Ello se debió fundamentalmente a la insuficiencia de la oralidad para preservar la información en el tiempo y a la necesidad de llevarla a grandes distancias. Además, es oportuno señalar que, en este momento, se había producido un considerable aumento del caudal de la información en la sociedad. En las escrituras, se logró un vínculo específico de la expresión oral con la escritura fonética; esta escritura tuvo diversas formas hasta llegar al alfabeto, el que constituyó un paso culminante en el perfeccionamiento en la escritura y en el logro de una comunicación más eficaz.
Y entonces surge el libro manuscrito, fue en el siglo V que comenzó la circulación del libro en Grecia. Aparecieron librerías y talleres cuyos dueños vendían, confeccionaban y exportaban los manuscritos a otros países. Con el surgimiento de la imprenta, se inició la difusión masiva de información, aunque no a la escala actual. Sin embargo, este hecho es, sin dudas, el punto de partida de una comunicación más participativa y masiva.
A finales del siglo XVI en las principales capitales europeas, donde había prosperado la artesanía de la imprenta, aparecieron intentos de publicaciones periódicas, con una clara concepción de mercancía, que producían y vendían los impresores.
Culminando el siglo XVIII, surgieron las revistas científicas, con un mayor grado de especialización de la información, dirigida a un público determinado. La selección de la información se hizo cada vez más individual. El invento de la máquina de vapor y la aparición del ferrocarril dio un impulso fundamental al desarrollo de la comunicación. Ello implicó una mayor expansión de la información.
En la segunda mitad del siglo XIX, con el invento de Bell: el teléfono, se hizo posible la transmisión del sonido directo, así se posibilitó a cada ser humano comunicarse como individuo con los demás por encima de cualquier distancia; tanto físicas, morales, culturales y políticas. El teléfono, el telégrafo, la radio y la televisión se extendieron luego por todo el mundo, casi a la par de la palabra impresa, aunque no con sus mismas implicaciones. Todo ello facilitó la comunicación entre los hombres. Con la televisión se pudo combinar audio e imagen, con una nueva forma de transmisión de información: la comunicación audiovisual.
En el año 1946, apareció la primera computadora. Las investigaciones de carácter militar, generadas durante la guerra y con posterioridad, influyeron en el campo de la computación, con su traslado a la producción civil. Al hacer su aparición los microordenadores en el decenio de 1970, se destruyó totalmente el monopolio de la información. Y así surgió la llamada "Era de la Información"; después vendría la revolución de la conectabilidad. Las redes computacionales irrumpieron de manera tempestuosa en el escenario informacional, a causa de la necesidad de comunicación entre las máquinas y las computadoras centrales, entre ellas y con el mundo exterior. Estas redes formarán la infraestructura clave del siglo XXI.8
La irrupción durante el siglo XX de las nuevas tecnologías electrónicas, mediáticas y, en su fase más avanzada, cibernéticas, han cambiado la forma en que se accede al conocimiento y la cultura, y la manera en que se producen. Al igual que han ampliado democráticamente el acceso a la información, también han modificado nuestra percepción. Así como el libro fue el acceso al saber y a la cultura, los nuevos modos mediáticos de comunicación representan el nuevo acceso en otro formato.
Como se observa, la información es una noción difícil de definir, ha adquirido diferentes connotaciones a lo largo de la existencia del hombre y en relación con las culturas por las que este ha transitado. Su fuerza ha crecido a través de la historia. En un sentido amplio, filosófico, la información puede definirse como el contenido de la relación entre objetos materiales en interacción, la que se manifiesta en un cambio de estado de esos objetos. Ahora bien, si algo es cierto es que, en todas las épocas, la información ha ocupado un lugar predominante hasta llegar a convertirse en un recurso vital para la actividad del hombre.9 Una persona hoy está en condiciones de recibir en un día más información de la que podía obtener durante toda su vida un caballero europeo del siglo XVII.6
Los recursos en Internet, en particular en el World Wide Web, proliferan a un ritmo sorprendente. Cada día, se sitúan en Internet grandes cantidades de información en todo el mundo, pero sólo una pequeña cantidad de ella es de calidad. Debido a la estructura global de la red, que comprende una variedad de sistemas legales y de culturas, es poco probable, que un individuo o nación influya, regule o cambie significativamente el estado caótico de los recursos en el WWW; por esta razón, es frecuente encontrar un número significativo de publicaciones redundantes y de baja calidad mezcladas con otras importantes y sólidas, difíciles de hallar entre la información ruidosa que la "envuelve".10,11
Hace menos de una década, el término fuente de información era sinónimo de formato impreso. Hoy, la definición gira también alrededor del soporte electrónico. Las fuentes básicas de referencia no sólo están en las publicaciones convencionales, sino en línea o en CD-ROM. Por esto, el formato electrónico, y entre ellos el WWW, estará cada vez más presente en lo cotidiano.10
Ya hay especialistas que piensan en términos de crisis de la sociedad de la información y que esta no responde a cuestiones de índole técnica o práctica, sino a la fundamental inconsistencia de sus bases, llegando a afirmar: la información, cuando no es escasa, carece de valor en sí misma.1
Hasta aquí, se ha visto a la información desde una perspectiva histórica y puede expresarse que: la información ha constituido un factor esencial en el avance de la sociedad. El desarrollo en todas las disciplinas se caracteriza, entre otros factores, por una aceleración en la recopilación, almacenamiento, procesamiento y transmisión de información, lo que ha generado diversos efectos, al constituir un elemento estratégico para el desarrollo integral de la sociedad, porque la información es un vehículo de transmisión del conocimiento.9