El ALCA es preeminentemente una iniciativa de EE UU para mantener su competitividad económica e influencia política en el mundo. Con 800 millones de personas, el 38% del PIB mundial y una participación de más del 25% en el comercio global, EE UU lideraría lo que sería el segundo bloque económico más importante tras la UE ampliada. El ALCA -lanzada inicialmente en 1990 por el padre del actual presidente y concretada por Bill Clinton en la primera Cumbre de las Américas- es la pieza clave de las proyecciones de libre comercio de la Administración Bush.
El ALCA estará dominado por el enorme peso del TLCAN, que aporta un 87% del PIB del bloque y casi un 90% del comercio. Al MERCOSUR le corresponderá sólo el 9% del PIB hemisférico y cerca de un 6% de los flujos comerciales totales, mientras que el porcentaje restante se distribuye entre el Caribe, los países andinos y centroamericanos (FIESP/CIESP 2002). Conforme a su peso en el proyecto, el ALCA se inspira en el TLCAN. Algunas de las lecciones del TLCAN, más de ocho años después de su entrada en vigor, podrían aplicarse al futuro ALCA. Mucho más obvio que en el TLCAN, también el futuro ALCA enfrentará el problema de las asimetrías en cuanto al tamaño entre los países miembros, sus resultados económicos, los desniveles de desarrollo y, consecuentemente, su diferente capacidad de negociación política en el futuro espacio comercial. Aunque existe un Comité Especial sobre Economías Pequeñas, el ALCA no prevé incluir una dimensión social o regional en beneficio de los participantes más débiles.
La única concesión a las asimetrías existentes entre los futuros países miembros serán -como en el caso de México en el TLCAN- plazos más largos de liberalización comercial para las economías menos fuertes.