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Si, situadas en "un afuera" del relato policiaco, La pesquisa, de Saer, representa la obliteración de la verdad para la legitimación del simulacro; y Plata quemada, de Piglia, la representación del absoluto del mal en la representación de la gratuidad de la destrucción, Mares del sur, de Noé Jitrik, nos representa, en el horizonte mismo del orden, la anulación de la verdad revelada, por la inclemente y difusa manifestación del poder.
La novela de Jitrik, como la de Saer, parte del tramado propio del género policiaco, para luego colocarse igualmente en ese "afuera" donde la conciencia crítica hace de la verdad el lugar de las refutaciones y las negatividades. Uno de los signos de ese tramado es sin duda la "relación" que la ratio establece entre los signos débiles para así dilucidar el enigma y reestablecer el sentido. Esa "relación", ese "tejido" de la ratio se desplaza, en la novela de Jitrik, hacia un tramado de correspondencias que se presenta, en primer lugar, en la representación de la ciudad y, en segundo lugar, en la estructura de la frase.
Al igual que el enigma del asesinato, la ciudad se presenta como un texto y un laberinto, y su representación –su relato- es su desciframiento. Como la ciudad en grandes novelas de occidente (la Venecia, de La muerte en Venecia, de Thomás Mann, el Dublín del Ulysses, de Joyce, la Santa María, de las novelas de Onetti...), Mar del plata, en la novela de Jitrik, establece sus correspondencias con los signos centrales del relato, convirtiéndose de este modo en enigma representado y en eterna tensión de desciframiento. "La imagen fulgurante" de la ciudad, tal como se presenta en la novela, alcanza su atmósfera por medio del entrecruzamiento de por lo menos tres elementos: el mar, cuya presencia es sin más causalidad secreta de los acontecimientos ("...el mar estaba ahí nomás y de algún modo había determinado las tragedias y los crímenes a que nos estamos refiriendo"); las noches del 31 de diciembre de cada año, que se constituyen en la cita de las atmósferas y los acontecimientos; y, sobre todo, la luz, que se convierte en la atmósfera misma del enigma y de la belleza, y que, como la ratio respecto a los signos diseminados que hacen el enigma del crimen, es "un puente que lo une todo".
La ciudad, en el plano representacional, es un tramado de relaciones, una atmósfera que roza la dimensión poética y de belleza del enigma. En el plano sintáctico, como una estructura homóloga, la frase reproducirá la composición misma del relato: la complejidad que dan las frases insertas en los intersticios de frases mayores, creando, en una impecable corrección gramatical, un delta, un mapa de sentidos que se corresponde con el delta enigmático del relato, e imponiendo un particular ritmo de lectura que, de no seguirse, se corre el riesgo de topar con lo ininteligible. Valery decía del relato que no era sino la expansión de una frase; y la frase, un relato en síntesis. En Mares del sur la estructura de la frase reproduce la estructura del relato: si, por ejemplo, el hipérbaton gongorino se propone como una suerte de "malla" sintáctica , resistente al sentido, en la novela de Jitrik, inversamente, la configuración de la frase exige, como el relato, la permanente rearticulación del sentido.
Ante el enigma del asesinato, la ratio dilucidará el sentido, pero, desde la perspectiva de la conciencia crítica que la recorre, la novela se coloca en ese "afuera" del género policiaco, para deconstruir sus elementos. Así, inicialmente, la racionalidad del inspector Malerba carece de la capacidad interpretativa, y esta capacidad se colocará, en una leve pero implacable ironía, en otro lugar, en el narrador, quien, desde su conciencia crítica, leerá las evidencias, "por encima del hombro". Esta distancia crea una parodia de la racionalidad, una dialéctica de resistencia y desciframiento del enigma, y una reiterada interrogación sobre los modos de construcción del relato. En un segundo momento, sin embargo, el inspector Malerba "progresará" hacia una competencia de la ratio y podrá disipar el enigma. Esta progresión será expresada directamente por el narrador: "No lo sabían los Pugliese-Simone, lo sabemos nosotros y el inspector Malerba estaba empezando a saberlo". Así pues, la novela, de manera pendular, se colocará en el interior y en un afuera del relato policiaco. Desde el "afuera" del género, la novela de Jitrik replantea uno de los problemas más complejos del proceso de la inteligibilidad de lo real: el problema de la percepción, tal como lo ha explicado la fenomenología. Toda percepción presupone una antipercepción, toda visión una dimensión de ceguera. La percepción siempre está inflexionada por una multiplicidad de factores: educación, sensibilidad, represión; y siempre está limitada por una perspectiva. La conciencia crítica sobre lo perceptivo revela en el hombre no sólo una facultad de aprehensión del mundo de acuerdo a su horizonte cultural, histórico, social e individual, sino también una "facultad antiperceptiva": una resistencia o un rechazo a la información. Así pues, visión y ceguera, acompañan, como los dos extremos de una misma cuerda, el acto de inteligibilidad de lo real. La ratio, tal como se presenta en el género policiaco se propone, por encima de la ceguera del mundo, la utopía de una percepción plena. En la novela de Jitrik esta presunción es desconstruída en la distanciación que se establece entre el inspector Malerba, inicialmente incapaz de observar e interpretar los indicios diseminados ("un cuadro algo torcido" "un tornillo flojo ante la ventana") y la perspectiva de la enunciación de la novela, capaz, en la reiterada creación de una atmósfera paródica, de esta interpretación.
La novela se mueve en una relación pendular entre el género y un afuera del género policiaco: desde su interior, se estructura en homologías expresamente indicadas y asistimos a la reiteración de escenas esenciales para la hermenéutica del texto, claramente representada ; desde la relación pendular con ese "afuera del género", la novela, ante la pregunta "¿porqué cierta gente mata?, abre, por un lado la posible interpretación y revelación de una causa ("... ya que la esencia del crimen es su secreto, que es lo que, casi no vale la pena decirlo, se trata de esclarecer") o referirlo, como en la novela de Piglia a un mal manifestado en su gratuidad: " la maldad de los rubios Conturci, y, de manera particular en Froylan Conturci, el ejecutor.
El inspector Malerba de Mares del sur alcanza lo que se propone todo detective en un relato policiaco clásico: la revelación de la verdad. El archivo, la evidencia finalmente se hace inteligible en la expansión del relato, en la ratio finalmente esclarecedora del inspector Malerba. La "verdad revelada", de la muerte de Roberto Fresedo señaló a Froylán Conturci como su ejecutor; en un segundo plano, a Luis Lepera como su mandante y, aún en otro plano, más atrás, en el fondo de la representación, al militar Lomuto, de la Base Naval, como el verdadero autor intelectual del crimen. Representación de tres planos que, en el afuera del género policiaco la novela nos presentará como una nueva topología: la de la verdad y el poder. Así como la mirada puede ser observada, desde la fenomenología, en una relación horizontal (yo miro al otro que me mira), creando una relación de identidad, tal como es pensada, por ejemplo, por Sartre en El ser y la nada; puede también ser descrita en una relación jerárquica y vertical donde la visión está determinada por el poder (tal como es explicada por ejemplo en Vigilar y Castigar de Michel Foucault). Así, la verdad del relato policiaco exige, solo de manera horizontal, su revelación por la función esclarecedora de la racionalidad; pues la verdad, en ese "afuera del género", donde parece situarse Mares del sur, es colocada inesperadamente en una relación jerárquica con relación al poder, capaz de regresarla de nuevo a su cono de sombre, capaz de revertir todo triunfo de la ratio. Lomuto, militar de la base naval, en "Guerra contra la subversión" remite sin duda a la atroz dictadura militar argentina que duró hasta 1982, donde , como se dice en la novela, un "sistema de represión instalado en el país y por el cual no solo brigadas violentas, grupos o comandos secuestraban gente y la hacían desaparecer... sino que había transferencia de bienes puramente materiales, desde muebles hasta casas, en favor de los jefes de tales brigadas, grupos o comandos, que a lo sumo otorgaban la gracia de una propina a los ejecutores efectivos de sus designios. La razón última del crimen de Fresedo es sin duda esa "transferencia de bienes" en esa representación topológica de tres planos. La verdad que no debe ser revelada , según dictamen implícito del poder es, sin embargo revelado por la racionalidad (en la novela, primero por la perspectiva de la conciencia y luego por el inspector Malerba) lo que hace surgir desde el fondo la fuerza ciega y destructora del poder para producir la muerte del inspector, detentador de la verdad revelada y de Froylán y Lepera, sujetos mediadores en la ejecución del crimen. El movimiento del poder desde el fondo de la representación es un acto seco y definitivo, muestra no solo la subordinación de la verdad al poder, sino también la vertiente del horror y pesadilla del poder cuando se desata de sus cauces.
En su lectura de Edipo Rey, Foucault describe cómo el humilde testigo del crimen logra, por su testimonio derrotar a los poderosos, y señala Foucault, en La verdad y las formas jurídicas, 1980: "este derecho de oponer una verdad sin poder a un poder sin verdad dio lugar a una serie de grandes formas culturales que son características de la sociedad griega". Es claro que Edipo es, de manera excepcional, el poderoso que, a pesar de los consejos de Tiresias, subordina el poder a la verdad (y eso es visto por Foucault como la gran conquista de la democracia griega, "el derecho de dar testimonio, de oponer la verdad al poder"), sin embargo, una de las más poderosas vocaciones del poder, socialmente reprimida en el concepto de democracia, es el de subordinar la verdad a sus desafueros y desbordamientos. La intervención de Lumuto desde el fondo de la escena, en la novela de Jitrik cancela toda manifestación optimista de la verdad y revela en un más allá de la libertad y de una verdad puesta de manifiesto, las redes determinantes del poder para someterla a su dictamen.
La pesquisa
, Plata quemada, Mares del sur plantean, en una relación pendular entre el género policiaco y un "afuera del género", el esplendor y la derrota de la verdad, y el viaje de la racionalidad, a veces extraviado, a veces guiado por certidumbres, hacia el sentido y la inteligibilidad de lo real.
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