El Retorno de los Magos - La raza de Seth
7 - La raza de Seth
A lo largo de todos estos capítulos hemos venido haciendo referencias a unos seres no humanos, conocidos como dioses. Ellos son los “Antiguos” y aunque han actuado en diversas ocasiones sobre el espacio-tiempo, no pertenecen a este mundo.
En la antigüedad el hombre pensaba de forma no lineal en el tiempo. Íntimamente vinculado a la divinidad, participaba de la intuición creativa y del tiempo de los dioses que está vinculado a los distintos mundos espirituales. El transcurrir del tiempo terrestre era pues percibido desde la medida impasible de su ser espiritual
Pero con el tiempo, tal y como hemos estamos viendo, ese hombre involucionó, quedando atrapado en la rueda del Samsara.
El mundo espiritual tiene unos guardianes que en diversas ocasiones han actuado sobre el mundo. Estos guardianes invisibles son seres sobrehumanos que conforman un círculo hermético que ha sobrevivido incorrupto durante los milenios, gracias a su “inexistencia”. Estos iniciados no se esconden del mundo; son de otro mundo y la gente vulgar está incapacitada para percibirlos.
Como hemos explicado en otros capítulos, en el Paleolítico existieron dos niveles genéticos y culturales:
-una raza “estelar” de maestros avanzados, de grandes magos-y una raza telúrica subdesarrollada.
Así es. Se han descubierto calaveras parecidas a las actuales de raza caucásica dolicocéfala, con una gran capacidad craneal, entre los restos primitivos de épocas tan lejanas como 100.000 años a.C. Existen multitud de datos que permiten afirmar la existencia en épocas remotas, antes del inicio de cualquiera de las culturas conocidas (babilónica, egipcia...), de una auténtica civilización que abarcaba todo el planeta
Esta evidencia indica que un pueblo desconocido logró un alto grado de civilización antes de lo que oficialmente se acepta. Existió un pueblo de grandes magos prehistóricos que eran, tanto intelectualmente como por sus hazañas de magia natural, insuperables maestros del reino espiritual, pero también maestros de la tecnología del mundo material; introdujeron técnicas de agricultura, selección animal para la ganadería; fueron astrónomos y constructores de puentes, miles de años antes de la era Neolítica. Así, una clase dirigente, separada por la raza y el tabú del resto de la humanidad de la Edad de Piedra y que poseía técnicas espirituales especializadas y técnicas genéticas, así como también ciencias naturales, formó un gobierno centralizado, “un Círculo Interno” que ha persistido desde la época más distante al presente. En el transcurrir del tiempo, la humanidad siguió su proceso de involución, perdiéndose el contacto con este Círculo que se ha hecho invisible a los sentidos físicos y al común de los mortales. Tan sólo unos pocos mantienen el contacto.
Pese a las teorías igualitaristas contemporáneas, parece que no existe periodo en la historia y ninguna cultura tradicional en la que los Guardianes, los Antiguos, no hayan figurado en un contexto oculto u otro. Estos encarnaron provenientes de una raza estelar. Herodoto supo, gracias a los antiguos registros egipcios, que en el XVIII milenio antes de Cristo, las almas de una raza de seres divinos descendieron a la Tierra desde Orión.
La tradición gnóstica también afirma un origen extraterrestre para los Niños de Seth. Los gnósticos cristianos afirman que su progenitor Seth, el tercer hijo de Adán y Eva, era diferente a sus hermanos Caín y Abel, y que disfrutó de una conexión sin trabas con el reino divino y sus habitantes celestiales. Se encarnó entre nosotros, viniendo como un mensajero de luz, un redentor, desde un mundo más allá de nuestro mundo imperfecto. Los descendientes de Seth, dice el Evangelio de los Egipcios apócrifo recientemente encontrado entre los manuscritos del Mar Muerto, son “la raza inmortal que vino de los tres mundos (anteriores)”.
En la tradición egipcia antigua, Seth es un dios del cielo, uno de los doce dioses y diosas del panteón egipcio y hermano de Osiris, el dios principal egipcio a quien mató y desmembró. Por esa razón Seth, figura en la mitología popular del Egipto Antiguo como una fuerza perversa. No obstante deberíamos entender que la muerte de Osiris por Seth se refiere en la iniciación egipcia a la muerte que experimenta el iniciado para poder resucitar como hombre nuevo. Seth es la figura más misteriosa de la mitología egipcia, el alter ego de Osiris. Seth es el portador de cultura, a la vez que es el que viene a destruir aquello que ya está caduco para poder sembrar nuevas semillas. Seth es el duro e implacable, “cruel” maestro-chamán, el hermano oscuro de Osiris que guía al neófito por los mundos del más allá.
Seth, la raza de Seth, es la raza de dioses y semidioses que inician en los misterios egipcios. Ellos trajeron en el origen de los tiempos el conocimiento y la iniciación que ayuda al hombre a elevarse sobre la faz de la tierra.
Aquí entendemos el efecto de la vulgarización de los misterios. El judío incorporó a Seth en su propia mitología, otorgándole el pedigrí adámico e identificándolo con los ángeles caídos rebeldes cuya historia se contiene en los apócrifos libros de Enoc judíos y en los Jubileos. Éstos cuentan cómo Azazel, el Jefe de los Hijos de Dios, cayó desde el cielo con su hueste angélica debido a su desobediencia del “Altísimo”. Los ángeles caídos se casaron con seres humanos, y así se convirtieron en los padres de una raza superior en conocimientos y habilidades mágicas.
Los esenios de Palestina creían que sus progenitores espirituales, los ángeles caídos, les habían transmitido sus maravillosas facultades sanadoras. De hecho, la palabra griega Essenoi está relacionada con la palabra Hasaya del arameo, que significa “piadoso” y con Asa, “él sanó” y por lo tanto tiene relación con el nombre del ángel caído Asael o Azazel (que significa sanador o visionario de Dios, una descripción peculiarmente acertada de los doctos disidentes esenios de la época de Cristo).
Los posteriores gnósticos de Nag Hammadi también situaron en este contexto su tradición acerca de Seth, representándolo como un Hijo de Dios que vino voluntariamente de los mundos del cielo y fue el padre de una raza de gran sabiduría sobre la Tierra. Ellos también creyeron que era un ser de luz y no de obscuridad. El sacerdocio judío, notable por su tergiversada interpretación de los mitos de los pueblos circundantes, consideró a los Hijos de Dios unos atroces réprobos, pero Seth más bien es como lo ven los gnósticos, el equivalente al Bodhisattva, un Portador de Luz enviado a la Tierra para ayudar a la humanidad a liberarse.
Las implicaciones jerárquicas en la tradición de Seth han repugnado a la mente moderna, temerosa ante cualquier forma de verdadero elitismo, tanto como lo repugna el sacerdocio judío. Todavía más inaceptable sería en la actualidad pensar sobre el abismo que existe entre las razas humanas. Y aún más, sobre el abismo entre la raza superior y lo que queda sobre la superficie de este planeta.
Los Niños de Seth han nacido al mundo con un patrimonio de conocimientos y poder innatos acreditados por su pertenencia a otra raza. Ellos son los Antiguos, ya iluminados y con acceso a facultades psicoespirituales que pertenecen a un mundo distinto, a un tiempo diferente al nuestro y que les confiere el derecho y la obligación de gobernar.
Los Niños de Seth tenían la reputación de ser unos grandes astrónomos, lo que nos recuerda a Pitágoras, el maestro iniciado en los Misterios Solares de Egipto, quien tenía unos conocimientos astronómicos sorprendentes. Aunque vivió 700 años antes, fue más explícito que los gnósticos al referirse al origen extraterrestre de los dioses. Respecto al alma, Pitágoras afirma que “emana de un orden espiritual invariable y más elevado, así como también de la evolución anterior, de un sistema solar extinto y ha habitado muchos otros sistemas solares parecidos”. El destino del hombre ha de ser elevarse por encima de él mismo, más allá de la luna, más allá de las órbitas de los planetas más lejanos, más allá de este sol y de las estrellas, para volver al mundo que es el auténtico hogar y que permanece lejos de este sistema solar, en las profundidades del universo.
En Sumer, Anu era el dios de los cielos. Los Annunaki sumerios son la misma raza celeste que la tradición egipcia identifica como la raza de Seth.
Esta raza de dioses vive más allá de este mundo caído y aunque su efecto sobre la tierra apenas se deje sentir, hay quienes consiguen percibirles. Estos son los últimos iniciados, los últimos pontífices entre este mundo y el mundo de los dioses. Los últimos bastiones del mundo del espíritu en este mundo dominado hipnóticamente por un demonio.
En 1945 se cerró un ciclo de la humanidad en el que muchos héroes consiguieron salir y liberarse de las cadenas del ciclo demiúrgico. Sobre la superficie torturada de este planeta quedan los últimos peregrinos, como resto del naufragio de aquel mundo antiguo. En el final de los tiempos mortales, los héroes inmortales regresarán a la tierra para continuar combatiendo con el Führer, hasta que la naturaleza de este mundo sea transmutada.
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