



(3 opiniones)
Y esto bien lo sabe el demiurgo Jehová, demonio de este mundo. Por ello, trata de sumir en el caos la mente de los hombres; crea ideas falsas, contradicción, enfrentamiento y antagonismo entre complementarios, confusos debates y distracciones que sólo nos encadenan en la ignorancia y el sufrimiento... Este mundo, desde que nacemos, nos adoctrina en la ignorancia de nuestra verdadera naturaleza. Crea en nuestras mentes sutiles cadenas de discursos repetitivos y absurdos que sólo los pocos alcanzan a reconocer y rechazar. Y más pocos son aún los que consiguen liberarse definitivamente de esta tenebrosa caverna, ya que la mayoría acaba sintiéndose cómoda en este antro subterráneo y cree que no existiera más realidad que su mundo de sombras. El hombre dominado por este mundo, irremediablemente acaba vinculándose al vicio, la enfermedad y finalmente a la muerte.
“Destrucción del demonio de la dialéctica”, titula Julius Évola un capítulo de su libro “La Doctrina del Despertar”. Mediante este título, el autor italiano trata de movilizar resortes internos atascados y atrapados en la inercia del aburrimiento de lo cotidiano. Dice así el capítulo:
“El presupuesto de la doctrina budista del despertar es la destrucción del demonio de la dialéctica: la renuncia a las distintas construcciones del pensamiento, a ese elucubrar que es un simple opinar y a las múltiples variedades de las teorías, en las que se proyecta una inquietud fundamental y en las que busca apoyo un espíritu que no ha encontrado aún en sí mismo su propio principio”
El texto budista Majjhima..., CXL (III, 350) nos dice: ““Yo soy” es una opinión; “yo soy esto” es una opinión; “no seré” es una opinión; “continuaré existiendo en los mundos de la pura forma” es una opinión; “continuaré existiendo en los mundos libres de forma” es una opinión; “sobreviviré ni consciente ni inconsciente” es una opinión. La opinión, oh discípulos, es una enfermedad; la opinión es un tumor; la opinión es una llaga. Quien ha superado toda opinión, oh discípulos, es llamado santo sabio”.
Évola explica que “no es que el budismo haya intentado excluir la posibilidad de un conocimiento de los problemas, como los que acabamos de señar aquí; entonces, entre otras cosas, caería en contradicción, dado que los textos ofrecen, dondequiera que sea necesario, enseñanzas suficientemente precisas respecto a diferentes problemas. Lo que sucede es que se ha opuesto al demonio de la dialéctica y rechaza toda verdad que, teniendo como base el sólo intelecto discursivo –vitakka–, no puede tener más valor que el de opinión”.
El conocimiento, la gnosis, asociada a la serpiente, está identificada con el ser que “ve las cosas con claridad”: por extensión del concepto, un ser dotado de la capacidad de ver de forma cristalina, o sea, rico en sabiduría. Se trata de ver las cosas en su verdadera naturaleza. En la antigüedad vemos cómo el poder del dragón o de la serpiente está al alcance de los iniciados en los misterios. Y este conocimiento no se alcanza mediante la disertación ni mediante la intelectualidad estéril, sino mediante la práctica iniciática y la transmutación del propio ser.
El despertar de la serpiente de kundalini experimentado por los chamanes e iniciados modifica su fisiología e incluso su programación genética de forma radical. Esto funciona purificando y refinando su sistema nervioso, sensibilizando el cuerpo y sus impulsos y forzándolo hacia un estado espiritual. Las energías superiores se liberan, dando mayor poder de expresión a las facultades más elevadas de la inteligencia y la voluntad; los impulsos creativos y sociales florecen y, con ellos, las formas más elevadas de la religión.
La palabra dragón procede de la griega drakon, que significa serpiente. El vocablo es afín a edrakon, una forma del pasado del verbo derkeshtai, “ver con claridad”. Descubrir.
Los antiguos iniciados, los Sabios, en latín eran llamados noblis, del griego gnoblis, de la raíz del verbo “gno”, que significa “conocer”: el cual con el tiempo, se convirtió en nobile (noble) y gnosis (conocimiento): los que conocen. Este es el fundamento de la nobleza: la verdadera aristocracia, los que conocen.
En definitiva, se trata de: Otro tipo de conocimiento; Matar al demonio de la dialéctica; Ver las cosas con claridad. A la luz de estos datos, nos situamos en el diálogo entre la serpiente y Eva de Génesis 3, en la biblia judía. Recordemos que el demiurgo Jehová, causante del mundo material, había prohibido al ser humano comer del fruto del árbol del conocimiento (gnosis) del bien y del mal:
“Ahora bien, la serpiente resultó ser la más cautelosa de todas las bestias salvajes del campo que el dios Jehová había hecho. De modo que empezó a decir a la mujer: ¿Es realmente el caso que Jehová ha dicho que ustedes no deben comer de todo árbol del jardín?. Ante esto, la mujer dijo a la serpiente: “Del fruto de los árboles del jardín podemos comer. Pero en cuanto al fruto del árbol que está en medio del jardín, Jehová ha dicho: No deben comer de él, no, no deben tocarlo para que no mueran”. Ante esto, la serpiente dijo a la mujer: “Positivamente no morirán; es que sabe Jehová que el día que de él comáis se os abrirán los ojos y seréis como dios, conocedores del bien y del mal”.
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