



(3 opiniones)
En Occidente, la religiosidad mágico-heroica se ha manifestado en diversos periodos históricos, conformando movimientos espirituales. Tales religiones son mistéricas y sus prácticas y ritos son secretos y reservados. Aquí destacamos un resumen de información conocida sobre este tipo de religiosidad solar en el culto de Mitra.
Divinidad de origen ario-iranio, el culto a Mitra se expandió por Europa gracias a las legiones romanas. Los santuarios de este dios, conocidos con el nombre de mitreos, consistían originariamente en una caverna natural próxima a una fuente. La dificultad de encontrar estas características en un ambiente urbano, llevó a los seguidores del dios a construir unos edificios similares a grutas en las que la pared del fondo, una especie de nicho, iba provista con una imagen ritual habitualmente una pintura o un relieve representando a Mitra matando un toro clavándole el puñal en el flanco; la sangre de la herida se convierte en tres espigas de grano. A ambos lados del templo, siguiendo las paredes, sendos bancos corridos donde se sentaban los mystas (mitraístas). En el pasillo central se celebraban las ceremonias culturales. En algunos mitreos más complejos, como el de Santa Prisca, en Roma, había capillas laterales en las que se celebraban los ritos de iniciación en los diferentes grados.
El parecido de los cultos cristianos con el culto de Mitra ya fue percibido por los Padres de la Iglesia, quienes los interpretaron como “imitaciones del diablo”; pero en realidad, son los sacramentos cristianos préstamos “paganos”, esencialmente de la religión mitraica.
Para iniciarse en el culto del Deus Invictus era necesario superar una serie de difíciles pruebas, destinadas a purificar al neófito quien, a través de ellas, se convertía en su propio salvador. Estas pruebas eran conocidas con el nombre de disciplina, y alternaban con el culto recogido en los libros sagrados, custodiados por los mystagogos, preceptores de los iniciados o mystas. Aquellos que superaban las pruebas eran sometidos a un bautismo de agua por el que se purificaban los pecados y quedaban preparados para iniciar su nueva vida. Entonces realizaban el juramento de lealtad y no traición de los misterios, siendo acogidos por la comunidad como hermanos, pues todos eran hijos del Padre.
Los miembros de una comunidad mitráica estaban divididos en siete grados, consagrado cada uno de ellos a un planeta y correspondiéndoles un atuendo especial.
- el grado inicial es el de Corax, es decir, cuervo, mensajero cuyo símbolo es el caduceo de Mercurio, el mensajero de los dioses; este grado está vinculado al aire.
- el segundo es Nymphus, el esposo; los iniciados en este segundo grado se unen en un matrimonio místico con el Padre; su vínculo es el agua.
- el tercer grado es Miles, soldado que entra en la milicia de Mitra. Su equivalente cristiano sería la “confirmación”, por la que el cristiano se convierte en soldado de Cristo. Al alcanzar el grado de Miles, el iniciado rechaza una corona ofrecida y reconoce que sólo Mitra es su corona.
- el cuarto grado, el primero de los superiores, es el de Leo, el león, cuyos miembros visten un largo manto rojo, dada su vinculación con el fuego. Al alcanzar este grado se lleva a cabo una ceremonia en la que las manos y la lengua del iniciado se untan con miel, símbolo de una nueva purificación. El iniciado presta juramento de mantenerse libre de toda maldad.
- sigue la carrera del iniciado en el quinto grado, Perses, o persa. Su nombre evidencia el origen iranio del culto. Su divinidad tutelar es la luna,
- Heliodromus, mensajero del sol, es la denominación del sexto grado. Sus miembros son ya verdaderos dignatarios del culto y representantes de Helios-Sol en la tierra.
- Por último, el grado máximo es el de Pater, padre, representante en la tierra del propio dios. Son los jefes de las comunidades puesto que son los “padres” de los fieles. Esto pone de manifiesto el carácter familiar de las cofradías, en las que todos sus miembros eran frates y Mitra un comes, compañero.
El banquete sagrado también se llevaba a cabo en los mitreos. En este los mystas ingerían pan y vino como representación de la sangre y la carne del toro inmolado por Mitra. A este banquete sólo accedían los iniciados en los grados superiores. El Pater pronunciaba unas palabras de bendición: “Salvaste a los hombres con el derramamiento de sangre eterna”. La similitud de la Eucaristía cristiana con este ritual es total. La participación en la comunión permitía a los iniciados el nacimiento en una nueva vida, es decir, procuraba una resurrección y la existencia eterna, puesto que el toro, mediante el rito sagrado, es el mismo Mitra.
|