



El único monumento escrito que los fenicios nos han dejado, es el fragmento atribuido á ese autor llamado Sanchoniathón que, según Filón, su traductor, fue un sacerdote de Tiro. Este nombre debe de tener un sentido, y no es en el griego ni en el caldeo donde hay que buscarlo, sino más bien en el copto antiguo que hemos empezado á conocer por los jeroglíficos, y que seguramente fue la lengua oficial y sagrada que hablaron los pueblos educados bajo la tutela de Egipto.
En esta lengua, Koniath significa la morada santa, él colegio sacerdotal donde residían los sacerdotes y se custodiaban los archivos. Los de Egipto eran célebres. En el colegio de Memfis estudiaron Tales y Demócrito; Pitágoras fue á Tebas, Solón á Sais, y Platón a Heliópolis.
En cuanto á la primera sílaba del nombre Sanchoniathón, creemos que no podría traducirse con mayor verosimilitud que por la palabra Sa???? propuesta por Renán como muy cercana del fenicio y con sentido familiar, el que habita con . Luego Sakkoniath significaría sacerdote o discípulo del sagrado colegio.
Después de haberlo acogido los sabios del último siglo, discutiéndolo con un ardor pronto extraviado por la falta de suficientes conocimientos, el fragmento del Sanchoniathón se declaró apócrifo y se arrumbó considerándolo como de fecha más reciente.
Sin embargo, Movers, Ewald, Bunsen, Renán, han reconocido después que los elementos eran muy antiguos y poseían gran importancia arqueológica, Sus sabios é ingeniosos trabajos han devuelto á este documento su valor injustamente discutido.
Filón vivió en una época posterior al reinado del Emperador Adriano. Aunque fuese sirio, es muy probable que no poseyese mejor que la mayoría de los filósofos y los teólogos el secreto del simbolismo oriental.
Sin duda, ha traducido lo más literalmente que le ha sido posible, pero con la convicción de que se trataba de una cosmología semejante á la del Génesis. Se limita a mencionar ciertos documentos intitulados Ammonéon grammata, escritos de Ammón, que se conservaban en los archivos de los templos de Fenicia, y que por su titulo no podría dudarse de su carácter.
Cuesta trabajo suponer que estos escritos de Ammón hayan pasado de la Tebas egipcia a Caldea y de ésta a Fenicia. Admitida la existencia del nomo de Ammón en el Palus Meótides, en cambio, es fácil comprender que es la transmisión se haya realizado de N. a S. por intermedio de la misma emigración fenicia, bajo la dirección de los sacerdotes de Ammón, jefes espirituales de los pueblos del mar Negro. En efecto, el autor fenicio nos dice que debía el conocimiento de las cosas que revelaba a Hierombaal, pontífice de Javo o Júpiter.
Sin duda, estos sacerdotes habían guardado hasta entonces, con monástica fidelidad, el uso del idioma copto de que son expresión los caracteres sagrados de Egipto y los escritos que sirvieron de texto á Sanchoniathón, ese libro de Thot presentado como la tradición de los tiempos primitivos, tuvieron que escribirse en ese lenguaje. Sólo, pues, con ayuda de la lengua jeroglífica se puede esperar encontrar la clave del documento fenicio.
Aunque el Sanchoniathón sólo es una traducción, es licito pensar que, habiendo debido introducirse el uso del copto antiguo en las colonias de Asia, al menos en lo concerniente a la lengua religiosa, el caldeo y sus derivados tuvieron estrechas relaciones con esta lengua, y la mayoría de los vocablos del documento primitivo pasaron al escrito fenicio. Filón, inseguro de su exacto sentido, los transportó al griego o bien los tradujo con términos casi idénticos por el sentido y la forma; pero revistiendo una significación abstracta o general.
Bajo el imperio de las preocupaciones cosmogónicas, los comentadores se han detenido en esa significación al interpretar el documento fenicio.
Le han impreso un carácter sobrenatural y han arrastrado los espíritus á un laberinto de vagas sutilezas, del que aun no se ha salido. No podía ser de otra manera en tanto que el conocimiento de la lengua descifrada por Champolión y sus hábiles sucesores permaneció ilegible
Aquí sólo podemos ofrecer un ensayo de esa nueva interpretación. Quizá deje en los espíritus no prevenidos, la idea de que en lo referente a la cosmogonía fenicia y aun en los que se le parecen, ha existido un documento, el más antiguo seguramente que existe, y el más grande por sus consecuencias. Sin duda parecerá extraño que creencias cinco veces milenarias reposen en cuatro ó cinco contrasentidos, y que la verdad y el error tocante á los puntos más importantes, se reduzcan en último término a un problema de gramática. Ha habido grandes cismas que no han tenido fundamentos más sólidos

Se ha convenido en que las cosmogonías tienen por objeto referir la formación y comienzo del mundo.
Ahora bien, ningún término es tan discutible por el empleo que de él se ha hecho en los poemas primitivos. En los Vedas suele tratarse de muchos mundos. Los tibetanos cuentan nueve, los rabinos cuatro, el Avesta cita tres. Es claro que en otro tiempo se entendía por este término una cosa muy distinta que el Cosmos ó el Mundus de los antiguos. Clemente de Alejandría, cuya ciencia era profunda, no duda en decir: Per Ægyptum intelligitur mundus, el mundo es Egipto.
Los pitagóricos pretendían que el número treinta y seis representaba al mundo, y tal fue el de los nomos de Egipto. Al principio se contaron doce correspondientes a las doce casas del sol o constelaciones; luego se duplicó y triplicó este número. Puede conjeturarse que las doce tribus del Nilo tuvieron el doble ó triple en Asia; quizás doce a orillas del mar Negro y otras doce en Bactriana. Cada nación formaba un mundo o gobierno, y la suma de estas treinta y seis grandes tribus constituía el mundo Egipcio. Cuando se desintegró este imperio la denominación Mundo, que había quedado en el vocabulario religioso, tomó poco a poco la acepción vaga y abstracta que aún se le da en nuestros días.
Así, estas vagas expresiones, peto en copto antiguo, toesch en zendo, akbé en pelvi, dunia en parsi, que se traducen habitualmente por mundo en un sentido cosmogónico, significaban en realidad el imperio, el territorio sometido á la dominación de un rey o de un pontífice.
Frecuentemente se lee en los libros de los persas, de los indos, de los árabes este calificativo: Señor de los tres mundos ó de los siete mundos; y designa simplemente el número de pueblos que formaban el reino del monarca fabuloso. En cuanto al vocablo mundus, parece derivarse, como mond, luna en germánico, malin en frigio, moon en inglés, de un término que expresaba la extensión del país ocupada por los pueblos lunares y cuyo sentido, agrandándose por su expansión, tomó a la larga un carácter de indefinida inmensidad.
Según el rito etrusco, el mundus era un hoyo en forma de cielo invertido, es decir, de cúpula al revés. La parte inferior estaba consagrada a los dioses manes. Cuando se fundaba una ciudad, se comenzaba por abrir este hoyo, se depositaba en él las primicias de los campos y los vergeles, y cada asistente, arrojaba un puñado de tierra de su país natal. En seguida se trazaban los limites de la ciudad tomando al mundus por centro. Se ve, pues, que el Mundo fue originariamente un lugar consagrado que representaba a la patria.
La misma interpretación debe darse a la palabra tierra, en griego antiguo gaia, del copto kaí, que tiene idéntico sentido. Por este término sólo se entendió al principio la pequeñísima región ocupada por los primeros pelasgos. Cuando el Génesis dice "la tierra", es evidente que sólo quiere hablar del país que habitaban los primeros padres del pueblo judío.Según Eusebio y los comentadores antiguos y modernos, el principio del Sanchoniathón se traduciría así literalmente del texto griego de Filón: "Al principio del mundo habla un aire tenebroso y el espíritu o soplo del aire tenebroso, y también habla el Caos turbulento y sumergido en la noche. "
Suponemos que habiendo tenido que caminar al, azar, Filón habrá procedido frecuentemente en su interpretación por medio de la aliteración, y servirse de las palabras griegas que más se acercaban al texto fenicio. ¿No pasaba el fenicio por ser el padre de la lengua y de la escritura de los helenos? Pero creemos que estos términos procedían de una lengua más antigua del idioma que entonces hablaban los egipcios, y cuyas palabras, bajo el imperio de las ideas cosmogónicas del traductor, adquirieron una significación ostensiblemente distinta de la que tuvieron al principio.
Si se entresacan cuatro vocablos principales que determinan el sentido del pasaje, æther, khaos, pneuma, erebodes, para acercarlos al copto jeroglífico, se llega a las siguientes deducciones: æther (aire, cielo), se deriva de Her, dios, at her, morada de dios o del señor. Es el equivalente de Hathor, morada de Horo ú Hora. En cuanto al griego pneuma, soplo, espíritu, es un compuesto: "ap noum, el nomo padre". Es muy notable que el vocablo Noum exista en el caldeo, el persa, el griego, con el sentido uniforme de ley. Ammón, con la forma de carnero, se llama Noum. Creemos que en este caso personifica la tribu, el nomo sacerdotal al que los pueblos de Asia debieron sus primeras enseñanzas y que asimilaron a la ley.
Los arcadios adoraban á un Júpiter Æther, al que daban el sobrenombre de Nomios, y Plinio nos dice que él pueblo Ether, el nomo cielo, tomó al principio el nombre de Atlante, y después el de Etiope . Pneuma, en copto ap noum, es, pues, el norno celeste, el antepasado de los Atlantes, de los etíopes y de los pelasgos de Arcadia.
"Pneuma domina sobre el Caos". ¿Qué es el Caos? En el texto latino se califica de turbidum, turbado, perturbado; pero el griego le llama d??e???, astuto, epíteto que sólo se aplica a las personas. Además, el Caos es erebodes, que se traduce por negro. ¿Cómo el Caos, en el sentido que se le asigna, tendría color? Por otra parte, esa traducción no es exacta, pues ,ereb en hebreo, como en Homero, significa poniente, anochecer . Observando Plutarco que Hesiodo coloca al principio el Caos, la Tierra y el Tártaro, dice que hay que considerar al Caos como un sitio particular del universo . En fin, a Plutón se le llama Rex Chaus, lo que nos sugiere la idea del Erebo, una de las cuatro regiones de los Infiernos.
Caos o Kahus ofrece, pues, los caracteres de un país del poniente y de un pueblo negro. Inquiriendo origen de este término, se advierte que está compuesto de dos palabras empleadas frecuentemente en los calificativos reales de las inscripciones jeroglíficas: Kah us, guardián de la tierra o del país. Ahora bien, esa era la misión de los etíopes adjuntos al nomo de Ammón. Caos tendría, pues, el mismo sentido que Cus o Cusch, nombre de los etíopes en la Biblia como en los monumentos egipcios. Caos es erebodes, es decir, negro y habitante del país del poniente . En fin, el término dominaba, estaba seguro, indica que Caos estaba sometido a Ap num, el nomo padre.

El párrafo siguiente de la cosmogonía fenicia ofrece una falta de sentido que toda la metafísica del mundo no ha logrado explicar: "Pneuma sintió intenso amor por sus propios principios, ?d??? a????". Es evidente que hay que buscar fuera del griego el sentido de estas palabras. Arkón debe ser el nombre de un pueblo, del que quizás proceden Arki, una de las familias madres de la nación fenicia, Argos y la sacerdotisa Arghé que, según Olén de Licia, aportó á los griegos desde el país de los hiperbóreos el culto del sol y de la luna .Ya hemos indicado la atracción que la rara belleza de las mujeres escitas ejercía sobre los colonos africanos. De su unión nació una raza todavía más bella, en la que siguieron tomando esposas.
La oscura frase del texto corresponde, pues, a los calificativos atribuidos a Ammón por las inscripciones, en las que se le titula "marido de su madre"."De la unión entre Pneuma y Arkhé nació Pothos, y éste fue padre de toda generación". El sentido de deseo que se da a la palabra griega, nada hace al caso. Tratase simplemente del pueblo Put (puont, pontos), el Put de los profetas hebreos, aliado a Cus y a Gog. Es el pueblo del Ponto que, según Diodoro, Belo, hijo de Poseidón y de Libia, condujo a Babilonia. En vez de Pothos, Eusebio escribe Apasou, que se aplica a los ases, otra familia importante de la Escitia Meótide mencionada por Plinio y por la mayoría de los geógrafos.Lo que tiende a confirmar esta interpretación es que se adapta sin dificultad á las demás cosmogonías, de las que el Sanchoniathón ofrece una colección, y que casi son la repetición de la primera. Así se lee más adelante: Al principio fue el Caos, y Pneuma dominó sobre el Caos. Unieronse ambos, y nació Mot .
A Mot se le califica "de elemento limoso, de mezcla acuosa y pútrida". Se trata de una región y no de una persona. No es posible designar más claramente la laguna Maeotis y el mar Pútrido que forma parte de ella. La teogonía egipcia aporta aquí su decisivo testimonio. Ammón o Noum, en las tríadas divinas donde figura, suele colocarse al lado de su esposa llamada Mot, Maut o Muth, término absoluto idéntico al vocablo del Sanchoniathón. Según Plutarco, Isis tan pronto se llama Muth como Hathor .
Ahora bien, Mot tiene el sentido de madre en el egipcio antiguo, y esta significación precisamente se ha asociado siempre a la región de que hablamos. Los escitas, dice Plinio, llamaban en su lengua al Palus Meótides, Temerinda, es decir, madre; Fanagoria, ciudad principal del país, situada en el Bósforo, se llamó en otro tiempo Matrica, y en las cartas de los siglos XV y XVI: designa á este país la palabra Matrega; en fin, P. Mela dice que el Hipanis o Kubán nace de una gran laguna llamada Mater maris. Además, no es dudoso que los términos mother, mutter se derivan de esta fuente .
El sentido general que se desprende del texto de Sanchoniathón, ya no parece desde entonces difícil de comprender. De la unión de Kahus o Cusch con Apnoum, nacen las primeras familias del Palus Méotides, y Pot o Mot representan las ramas que se desprendieron en su crecimiento. Las dos cosmogonías tienen, pues, idéntica significación.
"Mot, semejante a un huevo, engendró a todas las generaciones". El carácter generador de que el nomo de Ammón se enorgulleció en sus pinturas, está aquí celebrado: Ouho, germen en copto, ha sido, evidentemente, la radical de oon, huevo en griego; los dioses Amun, Noum, Cnef, Ftah, suelen ostentar en la boca el huevo original. Según Porfiro, el autor de todas las cosas se llamaba Cnef o Knufis, símbolo ordinario de Ammón. "Este dios, dice, está representado por una figura de hombre, cuyo rostro, que tira al negro, está pintado de azul; en la mano tiene las insignias de la realeza, y está cubierto como los cabiros, con un gorro de piel coronado del distintivo real ".

Cnef, así como Noum, también está representado con cabeza de carnero, y forjando en un torno de alfarero tan pronto un huevo como una figura de hombre .
El simbolismo del huevo tiene un puesto importante en los escritos cosmogónicos.
Plutarco refiere que, habiendo producido Osiris el huevo del mundo, encerró en él doce figuras blancas; pero Tifón, el dios etíope, genio del mal, introdujo otras doce figuras negras, de donde resultó la mezcla del bien y del mal.
Más fácil es reconocer en eso un sentido étnico que expresa la fusión de las razas blanca y negra.
Los jeroglíficos suelen colocar el huevo del mundo en la boca de la víbora Hof, emblema de la soberanía de Egipto. Según los poemas órficos, el huevo original lo creó Akmón, y esta doctrina fue adoptada por los filósofos jónicos.
En la mayor parte de las cosmogonías el huevo, primordial está flotando en las aguas. Sólo la situación insular de Mot puede explicar esta singularidad. Las aguas primitivas, anteriores a cualquier creación, se mencionan en los más, antiguos escritos. "El señor de todas las cosas, dice Hermes, hizo salir del agua el fuego puro, y la orden dada a la masa de las aguas de retirarse, hizo aparecer a la tierra fangosa y trémula. Habiéndola secado el sol, se endureció en medio de las aguas que la rodeaban, y dijo Dios: "Creced en fuerza y multiplicaos, pues el tiempo ha llegado".
Sanchoniathón dice también que Mot era fangoso y trémulo. Estos informes atestiguan suficientemente que las cosmogonías se han inspirado en un texto único o se han copiado unas á otras. Adviértese que aquí se trata de trabajos de desecación y filtración de las aguas, de que estaba en parte cubierta la isla pantanosa de Mot, resquebrajada á veces por sacudidas volcánicas.
"Mot se hizo brillante, y al lado de ella aparecieron el sol, la luna y los grandes astros y planetas". Este pasaje, considerado como el equivalente del principio del Génesis, tiene, sin embargo, un significado mucho más restringido. Nos hace comprender que el nomo de Ammón aumentó en esplendor y en autoridad, y que las dos familias del sol y de la luna se agruparon a su alrededor en las siete islas colocadas bajo el patronato de los siete planetas.
El progreso intelectual de los pueblos bárbaros de la Escitia, bajo la influencia de las enseñanzas de los sacerdotes de Ammón, está indicado en el siguiente pasaje:
"Entre los seres nacidos de Mot los ha habido desprovistos de inteligencia que engendraron a otros seres llenos de saber, llamados Zophasemin (raza de Occidente), y hechos a semejanza de Chemán; luego, empezaron á moverse los hombres, varones y hembras."
Estos seres, formados a imagen de Khem, Egipto, demuestran que por la instrucción se hicieron semejantes a sus maestros. El segundo párrafo indica los primeros movimientos de las familias, que encontrándose estrechas en las pequeñas islas del archipiélago Meótides, se desparramaron por el continente. En una tercera cosmogonía, la unión de Pneuma y de Caos engendra a Bóreas, viento del Norte. En otra parte hemos estudiado á este personaje complejo, que es dios, hombre y fenómeno. Es un príncipe de los ases hiperbóreos que reina en el Cáucaso, puesto que es allí donde transporta a Cloris ú Oritia, hija de Erecteo, rey de Atenas. Los navegantes daban su nombre al viento del Norte que soplaba en las cimas nevadas del Nifato.
Según la cosmogonía, Bóreas desciende del nomo egipcio y de los etíopes. Pero Cusch, por su parte, se unió a KoIpia (Col Apia, la tierra de Col, Colcos), y engendró a Ulom y a Kadmón.
Según Ptolomeo, hubo en otro tiempo, en la costa de Abasia, una ciudad de Kolpia o Kolpos, más tarde Kerketo, la ciudad de los circasianos, y estaba situada a poca distancia de Akaia vetus. El viento que soplaba de Kolpia. debia de ser, pues, el viento Sudeste. En otra variante, Kolpia y su mujer Báan engendran a Aiône (Aônes o Jonios).
Ulom y Kadmón, se establecieron en Fenicia y engendraron hijos que se llamaron luz, fuego y llama. Este paraje parece corresponder al de Hesíodo, en que hablando de los cíclopes, les da el poeta los nombres del trueno, del relámpago y de la llama, prestados a su función de forjadores del rayo. Los hijos de Kadmón y de Ulom fueron gigantes que transmitieron sus nombres a los montes Kasio, Líbano, Antilíbano y Tabor.
Estas dos denominaciones, Ulom y Kadmón, tienen una significación importante, que sugiere otros varios puntos de vista. Creemos que la primera representa a los Olum pé, Olímpicos, confederación de doce tribus que, bajo el gobierno, de Zeus, ocupó todo el litoral del mar Negro. Kadmón es el epónimo de los Kadmonim, las once tribus madres del pueblo sirio: Sidón, Heth, Jebus, Emor, Ghergassi, Ewi, Arki, Sin, Arward, Semari, Hemath. Tratase de la división en dos ramas, ária y semita, del tronco egipcio escítico. Según otra variante, Chusor (Orco o Plutón, señor de Chus), organiza el mundo, y engendra a Kaín y a Adam. Luego aparece Chamaín Upsistos al altísimo, señor del Cielo, el Urano de los helenos, al que sucede Misor, o mejor Mesré, Misrain, los egipcios de la Cólquida; luego Suduk o Saddik, un Júpiter cuchita.
Según todas las apariencias, el Génesis ha inspirado en la misma fuente la lucha de Shamirúm, que habita en las tiendas, con Usu, el cazador velludo: pasaje que recuerda la rivalidad de Jacob y de Esaú, históricamente israelitas y árabes edomitas.
Después de muchas generaciones vienen Amún y Magos, que señalan la aparición en Caldea de los grandes sacerdocios, uno representando el sabeismo egipcio, otro el magismo persa. Después de esto el documento fenicio, al desarrollarse, toma un aire narrativo y reúne los diversos elementos que se encuentran dispersos en las tradiciones de los hebreos, de los persas y de los griegos.
En él se ve figurará los Elohim del Génesis, a Tamuras, el héroe de las crónicas del Irán, a Atenea y Persefona de la mitología griega. La usurpación del trono de Urano y el triunfo de El, el dios Saturno, se refieren conforme a la mitología helénica; pero a Urano se le acusa de adulterio y luego de divorcio con Ghé, su esposa. El relato está consagrado íntegramente a la gloria de Saturno y de Thot.
Por los consejos de éste se abisma a Atlas bajo tierra, pasaje que alude probablemente a la inmersión de la Atlántida. En cambio, no se menciona la caída de Saturno ni el triunfo de Zeus. Tal omisión de hechos tan importantes, si no es resultado de una laguna, quizás sea efecto de un espíritu de hostilidad tácita por parte del antiguo ministro del rey etíope. De cualquier manera, de las leyendas mitológicas resulta que Thot no tardó en someterse al vencedor. Esta conducta nada tiene de opuesta á la sutileza política, propia del carácter de Thot Hermes y que, en algún tiempo, no fue inconciliable con un gran saber y una alta inteligencia.
Ignoramos si la interpretación que ofrecemos de Sanchoniathón tuvo adeptos en los tiempos antiguos. En todo caso tuvo que borrarse prestamente por el sentido cosmogónico que le dieron las religiones cuando se apoderaron de la tradición. La necesidad de dar solución al problema de los orígenes, suscitada por los pueblos, a los que la ignorancia y vaguedad de los recuerdos dejaban en una penosa incertidumbre, y encontrar la razón de los fenómenos extraordinarios que les habían impresionado, inspiraron los Génesis compuestos por los sacerdocios en el decurso de los dos ó tres siglos que siguieron al diluvio.
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