El arbitraje constituye el instrumento de validación de la información publicada. Sólo un arbitraje estructurado correctamente es capaz de detectar la mayoría de las debilidades que presenta un manuscrito -incluidas aquellas originadas por actuaciones incorrectas, como el plagio, la publicación duplicada o la fabricación- ,así como como sus fortalezas -novedad científica, etcétera.
Aunque del arbitraje se han escrito tratados, hay consenso en que un buen arbitraje debe:
- Ser anónimo y enmascarado, los autores no deben conocer la identidad de los árbitros, como que estos no puedan identificar a los autores, un árbitro no debe conocer la identidad del otro o los otros árbitros que evalúan el manuscrito;
- incluir más de un árbitro por trabajo; por lo general se considera que dos o tres árbitros son suficientes;
- contar con un árbitro especialista en estadística para los manuscritos que lo requieran.
Los árbitros son por lo general investigadores en activo, con conocimientos en el tema particular del manuscrito a evaluar; el número de árbitros debe estar en correspondencia no sólo con el número de manuscritos que recibe la revista, sino también con su diversidad temática. El arbitraje es un proceso altruista no remunerado, y representa un aporte personal al desarrollo de la ciencia, por lo que el reconocimiento del trabajo de los árbitros debe ser una tarea permanente del consejo editor.
En dependencia de la experiencia de los árbitros, de su grado de conocimiento de la política editorial de la publicación y de su identificación con ella, es conveniente clasificarlos en árbitros de oficio y eventuales.
Los primeros son aquellos que, además de poder evaluar el manuscrito según su mérito científico, son capaces de valorar su pertinencia desde el punto de vista de la estrategia y política editorial de la revista. Este tipo de árbitro no aparece, sino que se forma mediante una retroalimentación adecuada por parte de los miembros del consejo editor y, por lo general, fueron árbitros eventuales que se destacaron por la calidad de sus arbitrajes.
Entre las características de los árbitros de oficio se destacan:
- Que sean editores en potencia.
- Que conozcan la política editorial.
- Que sean suficientes como para que no escaseen
- Que no sean demasiados para que se mantengan con un nivel adecuado de ocupación a lo largo del año y para que puedan recibir la atención del consejo editor (siempre pueden incorporarse otros más adelante).
- Que deben asociarse explícitamente a uno o varios editores
Entre las funciones de los árbitros de oficio están:
- Conocer la política editorial, normas y requisitos de la revista y la editorial.
- Revisar integralmente (contenido y forma, incluida la redacción, palabras claves, estructura de los resúmenes, adecuación del lenguaje utilizado, etc.) los manuscritos de su campo, sometidos a su consideración y proponer, mediante un informe de arbitraje por escrito, las medidas y modificaciones que se entiendan necesarias, de acuerdo con la política editorial, normas y requisitos de la revista.
- Considerar el cumplimiento de las normas éticas de los trabajos puestos a su consideración.
- Cumplir los plazos para la revisión de manuscritos y avisar con antelación sobre posibles retrasos.