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El tratamiento de lexicografía ficticia en la traducción de narrativa - Traducción Alternativa de Trainspotting

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17 de Septiembre de 2006
Filología

“Arrancando”

_Los del jaco, el Jean Claude Van Damme y el Madre Superiora_

Sick Boy estaba3 sudando a chorros. Temblaba. Yo allí tirao, concentrado en la tele, queriendo pasar de aquel cabrón. Ya me estaba empezando a rayar. Intenté mantener la atención en Jean Claude Van Damme.

Como siempre pasa en esas películas, la primera escena es dramática. La siguiente fase acumula tensión gracias a la presentación del malo de la película, y se trata de hacer el débil argumento un poco coherente. A partir de ahí, en cualquier momento nuestro querido Jean Claude aparece listo para caer con todo su peso sobre unos cuantos malos.

-Rents, tengo que ir a ver al Madre Superiora, ladró Sick Boy sacudiendo la cabeza. Vale, digo. Lo único que me apetecía era que aquel mamón se fuese a tomar por culo lejos de mi vista, a su bola, y que me dejase a solas con Jean-Claude. Pero por otra parte, pronto me iba a venir el mono también a mí y si el hijoputa ese pillaba me iba a dejar muy tirao. Le llamamos Sick Boy, pero no porque esté siempre colgao con el síndrome de abstinencia; simplemente porque es un jodido cabrón.

-Vámonos de una puta vez- saltó desesperado.

- Un segundo. Quería ver a Jean-Claude destrozar a aquel hijoputa arrogante. Si me iba ahora, no lo iba a ver nunca. Iba a estar muy pasao cuando volviera, algo que, para el caso, probablemente no sería hasta unos cuantos días más tarde y que provocaría que me joderían con un puto recargo en el videoclub por un peli a la que ni le había echao un vistazo.

-Ostias, hay que moverse, colega! me grita mientras se levanta. Se acerca a la ventana y se apoya, costándole respirar, como si fuese un animal acorralado. En sus ojos sólo veo necesidad.

Apagué la caja boba con el mando. El dinero a tomar por el culo. Es lo que hay. Al carajo, le gruñí al hijoputa, a ese bastardo cabrón que me saca de quicio.

Deja caer la cabeza hacia atrás y levanta su mirada hacia el techo. Yo te daré el dinero para volverla a sacar. ¿Es eso lo que te hace tener esa puta cara de agobio? Cincuenta putos peniques de mierda para el Ritz?.

Este hijo de puta tiene una manera especial de hacerte sentir como un auténtico cretino y un cabrón superficial.

No es esa la puta cuestión, digo sin convicción.

Ya, la puta cuestión es que yo estoy aquí sufriendo de verdad y ahí, al que se dice mi colega, hay que llevarlo a rastras y disfruta de cada segundo más que pasa. Sus ojos se habían hecho del tamaño de un balón de fútbol, y su mirada era hostil y suplicante al mismo tiempo. Eran testimonios punzantes de mi supuesta traición. Si llego a vivir lo suficiente como para tener un crío, espero que nunca llegue a mirarme de la manera en que lo hace Sick Boy. No hay dios que se le resista al hijo de puta.

No era mi intención... protesté.

Pues ponte la puta chaqueta de una puta vez!

En el Pie del Camino no había ningún taxi. Sólo están por aquí cuando no los necesitas. Se supone que estamos en agosto, pero yo me estoy congelando los huevos aquí fuera. Todavía no tengo el mono, pero ya lo escucho llegar. No tengo ninguna duda.

Se supone que esto es una parada. se supone que esto es una puta parada de taxis. En la puta vida se pilla uno en verano. Andan a la caza de los putos ricos sebosos festivaleros que son tan vagos que no pueden caminar cien putos metros desde la podredumbre de un local religioso hasta la de otro para asistir a las putas exhibiciones. Taxistas. Bastardos usureros. Sick Boy balbuceaba sin aliento, deliraba con los ojos desorbitados y con los tendones del cuello tensos mientras ascendía por Leith Walk.

Por fin venía uno. Había un grupo de niñatos con chándals de táctel y chaquetas bomber que habían estado allí esperando más rato que nosotros. Dudo que Sick Boy llegase siquiera a verlos. Salió disparado al medio del Paseo gritando: Taxi!.

Eh, ¿qué cojones pasa? pregunta un chaval de chándal negro violeta y azul y con el pelo cortado al cepillo. Vete a tomar por el culo. Nosotros llegamos antes, dice Sick Boy, abriendo la puerta del taxi. Por ahí ya viene otro. Señaló hacia la parte alta del paseo a un taxi que se aproximaba.

Habéis tenido suerte, putos listillos.

Que te jodan, niñato pastelero. ¡Móntate ahí y pedalea! Sick Boy gruñó mientras nos apilábamos en el taxi.

-A Tollcross, jefe, le digo al conductor a la vez que un japo se estrella en la ventanilla lateral.

-Venga, tú y yo, cabrón, espabilao. Vamos, acojonaos de mierda, gritó el del chándal. Al taxista no le estaba haciendo mucha gracia. Parecía un auténtico hijoputa. Como la mayoría. No hay en la viña del señor gusano más despreciable que los autónomos con licencia.

El taxi dio media vuelta y subió a toda velocidad por el Paseo.

-Ves lo que has hecho, bocazas de mierda? Ahora cuando uno de nosotros vuelva a casa en el puto coche de San Fernando, nos van a ostiar esos mamones. Sick Boy me estaba empezando a tocar los huevos.

-No te habrán asustado esos pringadillos de mierda, ¿no?

Este hijoputa me está empezando a joder. Pues sí, ostia, si me asusta que cualquier día ande por ahí a mi bola y se me eche encima una puta pandilla de niñatos! Te crees que yo soy el puto Jean Claude Van Damme, o qué? Eres un puto atontao hijo de puta, Simon. Le solía llamar Simon en lugar de Si o Sick para hacer hincapié en la seriedad de lo que le decía.

-Quiero ver al Madre Superiora y me importa una puta mierda cualquier otro notas o cualquier otra mierda, ¿lo pillas? Se mete el dedo entre los labios, con los ojos como platos.. “Simón dice que quiere ver al Madre Superiora. Mira mis putos labios.” Después se vuelve y se queda mirando la espalda del taxista, como empujando al cabrón para que vaya más rápido mientras palmea nervioso un ritmo sobre sus muslos.

Uno de esos capullos era un McLean, el hermano pequeño de Dandy y Chancey, digo.

Qué coño iba a ser, dice él incapaz de suprimir la ansiedad de su voz. “Conozco a los McLean. Chancey es legal.

No tanto si andas jodiendo a su hermano, digo.

Total, ya no hacía caso. Dejé de agobiarle sabiendo que no hacía más que desperdiciar mis energías. El silencioso sufrimiento que le causaba la abstinencia parecía ahora tan intenso, que no había manera alguna de añadir más miseria a su miseria.

El Madre Superiora era Johnny Swan, también conocido como el Cisne Blanco; un traficante con base en Tollcross que se encargaba de las barriadas de Sighthill y Wester Hailes. Si podía, yo prefería pillarle a Swanney, o a su mano derecha, Raymie, antes que a Seeker y a la mafia de Muirhouse Leith. Mejor mercancía, por lo general.. Johnny Swan había sido un coleguilla mío en los viejos tiempos. Jugamos juntos al fútbol en los Porty Thistle. Ahora era traficante. Recuerdo que una vez me dijo, “En este juego no hay amigos. Sólo socios.”

Siempre pensé que estaba siendo arisco, impertinente y presuntuoso, hasta que me metí lo suficiente en materia. Ahora sé exactamente lo que el hijoputa quería decir.

Johnny era yonqui además de traficante. Había que subir un poco más en el escalafón para dar con un traficante que no se metiera. Llamábamos a Johnny el Madre Superiora por todo el tiempo que llevaba con el hábito.

Pronto me empecé a sentir, así, chungo. Mientras subíamos las escaleras hasta el antro de Johnny me empezaron a dar tremendos calambres. Goteaba como una esponja saturada, y cada paso provocaba un nuevo chorro de mis poros. Probablemente Sick Boy estaba aún peor, pero ese cabrón ya había dejado de existir para mí. Sólo era consciente de que se había detenido en la barandilla delante de mí porque bloqueaba mi camino hasta Johnny y el jaco. Luchaba con la respiración, agarrándose torvamente y con pintas de ir a potar por el hueco de la escalera.

-¿Vas bien, Si? Le dije, irritado y mosqueado con el capullo por hacerme esperar.

Me hizo señas para que le dejase en paz, sacudiendo la cabeza y entornando los ojos. No dije nada más. Cuando te sientes como él se sentía, no quieres ni hablar ni que te hablen. No quieres puto rollo de ninguna clase. Y yo tampoco lo quería. A veces pienso que la gente se hace yonqui sólo porque su subconsciente anhela un mínimo de silencio.

Cuando finalmente llegamos arriba vimos a Johnny, que iba más pasao que nosotros . . Allí mismo había desplegado su chutódromo.

-Mira, un Sick Boy y un Rent Boy con el gran mono, se rió más volado que una puta cometa. A menudo Johnny esnifaba un poco de coca con su chute o mezclaba un preparado de speedball a base de jaco y cocaína. Decía que le mantenía puesto y le evitaba quedarse tirado mirando las paredes todo el día. Cuando estás así, otro capullo colocado es un coñazo de la ostia, porque está demasiado ocupado disfrutando de su cuelgue para que le importe una mierda tu sufrimiento. Mientras que el borrachuzas de pub quiere que todo dios se emborrache con él, al verdadero yonqui (a diferencia del picota que va de paso, que siempre se busca un cómplice) le importa una puta mierda cualquier otra persona.

Raymie y Alison estaban allí. Ali cocinaba. Parecía prometedor.

Johnny se marcó un vals hasta donde estaba Alison y empezó a darle la serenata: “Mmm, mmm, …voy volando… hacia lo que estás cocinando…” Se volvió hacia Raymie, que montaba guardia a caballo junto a la ventana. Raymie era capaz de ver sitio para una aguja en una calle abarrotada de la misma manera que los tiburones pueden percibir unas gotitas de sangre en el océano. -Pon algo, Raymie. Estoy harto del nuevo de Elvis Costello, pero no puedo dejar de ponerlo, al muy cabrón. Puta magia, tío, te lo aseguro.

-Un jack doble al sur de Waterloo, dice Raymie. Cuando estabas con el mono e ibas a pillar, el capullo te salía con mierda irrelevante y sin sentido. Te hacía polvo los sesos. Siempre me sorprendió que Raymie estuviera tan metido en el caballo. Raymie era un poco como mi colega Spud; siempre los había considerado como a los clásicos comeajos. Sick Boy sostenía una teoría según la cual Spud y Raymie eran la misma persona, aunque se pareciesen una puta mierda, simplemente porque siempre se les veía juntos, a pesar de que se movían en los mismos círculos.

Ese capullo de mal gusto rompe la regla de oro del yonqui poniendo “Heroin”, la versión que hay en el R’n’R Animal de Lou Reed, que cuando estás con el mono es aún más dolorosa de escuchar que la clásica de The Velvet Underground and Nico. Eso sí, al menos esta versión no tiene el pasaje de viola chirriante de John Cale. No lo habría podido soportar.

-Ay, vete a la mierda, Raymie! grita Ali.

“Stick in the boot, go wi the flow, shake it down baby, shake it down honey… cook street, spook street, we’re all dead white meat… eat the beat…” Raymie se lanzó a un improvisado rap , meneando el culo y entornando los ojos.

Entonces se inclinó delante de Sick Boy, que se había colocado estratégicamente delante de Ali, sin apartar jamás la vista del contenido de la cucharilla que estaba calentando sobre una vela. Raymie se acercó la cara de Sick Boy y le besó con fuerza en los labios. Sick Boy se lo sacó de encima, temblando.

-Que te den por culo hijoputa descerebrado.

Johnny y Ali se rieron a carcajadas. Yo también lo habría hecho si no hubiese sentido que cada hueso de mi cuerpo estaba siendo a la vez aplastado en un torno y desquebrejado con una sierra mellada.

Sick Boy le hizo un torniquete por encima del codo a Ali, evidentemente estableciendo así su puesto en la fila, e hizo asomar una vena en su brazo delgado y pálido como la ceniza.

-¿Quieres que lo haga yo? Preguntó.

Ella asintió.

Deja caer una bola de algodón en la cucharilla y sopla sobre ella, antes de absorber unos 5 ml con la aguja y mandarlos a la cámara de la jeringuilla. A base de golpes hace que se asome una enorme vena azul, que parece estar casi saliéndose del brazo de Ali. Perfora su carne e inyecta lentamente un poquito, antes de bombear sangre hacia el interior de la cámara. Los labios de Ali palpitan mientras le contempla suplicante durante un par de segundos. La cara de Sick Boy es fea, lasciva, y la dirige como un reptil hacia la chica, antes de impulsar el cóctel hacia su cerebro.

Ella echa la cabeza hacia atrás, cierra los ojos y abre la boca, dejando escapar un gemido orgásmico. Los ojos de Sick Boy están ahora llenos de asombro y tienen una expresión inocente, como los de un crío que acaba de descubrir un montón de regalos envueltos bajo el árbol el día de Navidad por la mañana. Ambos resultan extrañamente hermosos y puros a la vacilante luz de la vela.

-Esto supera a cualquier inyección carnal… a cualquier puta polla del mundo…” jadea Ali, completamente en serio. Me desconcierta hasta el punto de que palpo mis propios genitales a través del pantalón para ver si aún siguen allí. Tocarme de esa forma, sin embargo, me descompone.

Johnny le pasa sus herramientas a Sick Boy.

-“Puedes chutarte, pero sólo si usas estas herramientas. Hoy jugamos a juegos de confianza”, sonrió, pero no bromeaba.

Sick Boy niega con la cabeza. “No comparto ni agujas ni jeringuillas. Llevo encima mis propios útiles.”

Eso no es muy sociable. ¿Rents? ¿Raymie? ¿Ali? ¿Qué os parece? ¿Tratas de insinuar que el Cisne Blanco, el Madre Superiora, tiene la sangre infectada por el virus de inmunodeficiencia? Eso me duele en el alma. Lo único que puedo decir es que si no compartís, no os chutáis” Nos obsequia con una sonrisa forzada, mostrando una hilera de dientes estropeados.

Para mí no era Johnny Swan el que hablaba. Swanney no. Ni de puta coña. Algún demonio malicioso había invadido su cuerpo y envenenado su mente. Este personaje estaba a un millón de kilómetros del tranquilo bromista al que una vez conocí bajo el nombre de Johnny Swan. Buen chaval, todo el mundo decía. Hasta mi propia vieja. Johnny Swan, tan metido en el fútbol, tan fácil de llevar que siempre la pringaba para lavar las camisetas después de jugar en Meadowbank y nunca se quejó.

Yo estaba chinao pensando que allí no iba a conseguirme un chute. “Ostia, Johnny, escúchate hablar. Montátelo guay, joder. Tenemos la puta guita encima, coño. Saqué algunos billetes del bolsillo.

Fuera por sentimiento de culpa, o ante la perspectiva de la pasta, el viejo Johnny Swan reapareció por un instante.

-“No os pongáis tan serios conmigo. Sólo os puteaba, chicos. ¿Creéis que el Cisne Blanco deja tiraos a sus colegas? Adelante, tíos. Sois sabios. La higiene es importante”, afirmó pensativo. ¿Os acordáis de Goagsie? Ahora tiene SIDA.”

“¿Te estás quedando conmigo? Pregunté. Siempre había rumores sobre quién tenía el virus y quién no. Normalmente yo simplemente los ignoraba. El caso es que se había estado diciendo eso de Goagsie.

-“Para nada. No es que tenga el sida al completo, ya sabes, pero ha dado positivo. Aún así, tal y como le dije a él, no es el fin del mundo Gogsie. Puedes aprender a vivir con el virus. Mazo de peña lo hace sin problemas. Pueden pasar años antes de que enfermes, le dije. A cualquier hijoputa que no tenga el virus le pueden atropellar mañana. Es así como hay que verlo. No puedes dejar la función sin más. El espectáculo debe continuar.”

Es fácil ponerse filosófico cuando es otro notas el que tiene mierda en lugar de sangre.

De todas formas, Johnny incluso ayuda a Sick Boy a prepararse y a chutar a puerta. Mientras observa el cableado grueso, jugoso y azul oscuro de Sick Boy, parafrasea disfrutando de cada segundo aquella canción de Carly Simon: “You’re so vein, you probably think this hit is about you”.

Justo en el momento en el que Sick Boy estaba a punto de gritar, le perforó la vena, bombeó algo de sangre hacia el interior de la cámara y descargó el elixir que da y quita la vida.

Sick Boy abrazó a Swanney con intensidad, y enseguida se sosegó, manteniendo los brazos a su alrededor. Estaban relajados, como dos amantes en un abrazo poscoital. Ahora le tocaba a Sick Boy darle la serenata a Johnny. “Swanney how ah love ya, how ah love ya, my dear old Swanney…” Los que poco antes habían sido adversarios eran ahora amigos inseparables.

Fui a meterme un chute. Tardamos siglos en encontrar una vena decente. Mis chicas no viven tan cerca de la superficie como las de la mayoría de la gente. Cuando llegó, lo saboreé. Ali tenía razón. Imagina el mejor de tus orgasmos, multiplica por veinte la sensación, y aún así estás a mil putos kilómetros. Mis secos y quebradizos huesos se sienten aliviados y lubricados por las tiernas caricias de mi bella heroína. La tierra se movió, y aún se mueve.

Alison me dice que debería ir a ver a Kelly, que parece ser que ha estado realmente deprimida desde que abortó. Aunque su tono no sea realmente el de un reproche, habla como si yo tuviese algo que ver con el embarazo de Kelly y su consiguiente desenlace.

-“Cómo que debería ir yo a verla? No tiene nada que ver conmigo, dije a la defensiva.

-Pero eres su amigo, ¿no?

Estoy tentado a citar a Johnny y decir que allí todos somos sólo socios. Suena bien dentro de mi cabeza. “Todos somos sólo socios” Parece llegar más allá que mis propias circunstancias como yonqui. Una metáfora brillante, hoy en día. Me resisto a la tentación.

En vez de eso, me conformo con indicar que todos somos amigos de Kelly, y con cuestionar por qué he de ser yo el elegido para los deberes de visita.

-“Joder, Mark, sabes que le flipas”

-“¿A Kelly? No jodas”, digo sorprendido, intrigado y más que ligeramente avergonzado. Si es verdad, soy un gilipollas ciego y atontao.

-“Por supuesto que sí! Me lo ha dicho miles de veces. Se pasa el día hablando de ti. Que si Mark esto, que si Mark lo otro…”

Prácticamente nadie me llama Mark. Normalmente me llaman Rents, o lo que es peor, Rent Boy, el chico de alquiler. Es una puta basura que le llamen a uno así. Trato de aparentar que no me molesta, porque con eso sólo animo más a los capullos que lo hacen. Sick Boy ha estado cotilleando. Me vuelvo hacia él. “¿Crees que es verdad? ¿Le molaré a Kelly?”

-“Todo hijoputa bajo el sol sabe que la pones cachonda. No es que sea un secreto muy bien guardado. Pero si te soy sincero, yo no la entiendo. Necesita ponerse a puto tratamiento.”

-“Gracias por decírmelo, so hijoputa”

-“Si te pasas todo el día viendo vídeos en habitaciones oscuras, sin enterarte de lo que pasa a tu alrededor, no es mi problema hacértelo saber.”

-“Pues a mí nunca me ha dicho nada”, me quejo, hecho polvo.

-“Qué esperas? ¿Que se lo escriba en la frente? No sabes mucho de mujeres, ¿verdad, Mark? Dice Alison. Sick Boy sonríe burlón.

Me siento ofendido por ese último comentario, pero estoy decidido a quitarle leña al asunto, por si se están quedando conmigo, sin duda bajo la batuta de Sick Boy. El pérfido cabrón va por la vida soltando por ahí esas trampas interpersonales para sus colegas. El puto placer que el muy payaso obtiene de estas actividades es algo que se escapa a mi entendimiento.

Le pillo algo de material a Johnny.

-“Mierda pura como la nieve recién caída”, me dice.

Eso quería decir que no estaba demasiado cortada, que no tenía nada demasiado tóxico.

Pronto llegó el momento de marcharme. Johnny me estaba llenando los oídos de mierda; cosas que no quería escuchar. Quién le había dado el palo a quién, historias de las brigadas de barrio haciendo la vida imposible a todo puto dios con su paranoia antidrogas. También fantaseaba sobre su propia vida de un modo un tanto sensiblero, sacándose del bolsillo que se iba a poner las pilas y pirarse a Tailandia, donde las mujeres saben cómo tratar a un tío y donde podrías vivir como un rey si tenías piel blanca y unos cuantos billetitos verdes en el bolsillo. De hecho, dice cosas mucho peores que ésas, mucho más cínicas y usurpadoras. Me digo a mí mismo, es de nuevo su espíritu maligno quien habla, no el Cisne Blanco. ¿O sí? No sé. ¿A quién coño le importa?

Alison y Sick Boy habían estado intercambiando frases concisas como si estuviesen metidos en otro trapicheo. Se levantaron y desfilaron juntos por la puerta. Parecían aburridos y desapasionados, pero al ver que no volvían, supe que estaban follando en el dormitorio. Daba la sensación de que, para las mujeres, lo de follar era lago que se hacía con Sick Boy, del mismo modo que con otra peña hablas o te tomas el té.

Raymie estaba dibujando en la pared con ceras de colores. Estaba en su propio mundo, en un estado que les satisfacía a él y a todos los demás hijos de puta.

Pensé en lo que Alison había dicho. Kelly acababa de tener el aborto hacía una semana. Si la iba a ver, me daría demasiada grima follármela, siempre que ella accediese a hacerlo. Casi seguro que todavía habría algo allí, restos, trozos de aquello, o hasta alguna irritación. Probablemente estaba siendo un puto imbécil. Alison tenía razón. Realmente no sabía mucho de mujeres. En realidad, no sabía mucho de nada.

Kelly está en el Inch, a donde es difícil llegar en bus, y ahora estoy demasiado tirao para un taxi. Puede que se pueda llegar al Inch desde aquí en bus, pero yo no sé cuál tengo que coger. La verdad es que estoy así como demasiado puesto como para follar y demasiado follado como para ponerme a hablar. Viene el 10 y me monto en él de vuelta a Leith y a Jean Claude Van Damme. Durante el viaje, preveo las ostias que le van a caer a aquel puto listillo.

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Autor y licencia de 'El tratamiento de lexicografía ficticia en la traducción de narrativa - Traducción Alternativa de Trainspotting'
Eduardo Barros-Grela Extraído de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero23/traducci.html CopyLeft
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