RA se erige como una denuncia al poder utilizado desde el Estado para crear un imaginario colectivo idéntico en el que no haya resquicio a la duda, pero es también la prueba tangible de que existen resquicios por los que encontrar la salida. La novela ya no es una narración compacta, sino que ha evolucionado hasta convertirse en un híbrido, se fragmenta, está abierta a nuevas voces, entre ellas las de los desfavorecidos.
En este trabajo he querido demostrar la estrecha relación que se establece en la novela entre los tres campos de la historia seleccionados: familiar, literario e histórico. Cualquier movimiento que se desencadena en uno de ellos obtiene inmediato reflejo en otro de los campos; pero la novela no sólo constata esto sino que demuestra el carácter profetizador de la literatura: novelas utópicas que vaticinan el futuro de la Argentina, Kafka como visionario.
La historia literaria sufre una revisión, dependiendo del prisma por el que la veamos tendrán protagonismo unos u otros autores, las corrientes literarias van cambiando el canon y el sistema literario con el tiempo. Si este fenómeno se produce en la historia literaria, no parecería extraño poder extrapolarlo a la HISTORIA: los intereses y las consecuencias en la sociedad son mayores. Piglia al utilizar historias de los tres ámbitos crea una cadena de hechos totalmente interrelacionados, para llegar a comprender uno de ellos no tenemos que olvidar el estudio de los otros para tener una visión más panorámica.
En RA, lo importante, la crítica, la rebelión a la dictadura de un Estado o de un poder que nos obliga a mirar en una sola dirección no está explícito, es algo que debemos inferir del texto, de los momentos asfixiantes en los que no es posible encontrar la verdad. Los poderes establecidos, los que se encuentran en la cúpula de la organización, ya sea con carácter familiar, literario o político tienen que mantener su posición privilegiada. Deben crear ficciones; construir relatos para sostener su poder. La fuerza con la que sean emitidos y la confianza involuntaria que depositamos en las instituciones hacen el resto del trabajo: los mensajes calan en la sociedad y son pocos los que levantan voces discordantes, menos los que logran ser escuchados. La figura del escritor comprometido se torna esencial.
Por último, hay que señalar el carácter cíclico que presenta la historia, todos los hechos parecen tener un correlato en el pasado, la pesadilla de la historia como la denominó Joyce es repetitiva, vuelve a aparecer con variaciones; ante esta situación queda la esperanza de que siempre ha habido resquicios por los que seguir respirando y siempre quedarán testigos para la historia.