Elogio de la pereza. Notas y aproximaciones respecto de las posibilidades del estudio de la - Conclusiones
10 - Conclusiones
Hoy podemos reivindicar a la etnoliteratura como un espacio etnográfico donde lo experiencial puede ser asumido junto a lo experimental en la "poesía del rescate de la
ausencia". Las nuevas islas desolados están habitadas por un texto que emerge de manera oral o en forma escrita, desde sujetos autoconscientes de su identidad étnica y que generan una textualidad desde un espacio de juego tan amplio como la que corresponde a las obras plenamente insertas y por ello creadas dentro de los límites de las culturas tradicionales hasta obras que expresen ya sea la yuxtaposición de categorías culturales o la síntesis entre la estética literaria occidental y las significaciones "emic".
Es aquí donde James Frazer se rehabilita. La nueva etnografía de gabinete puede constituirse desde la reivindicación del acceso multidisciplinario e interdisciplinario respecto de los textos etnoliterarios, el creciente acceso de los grupos étnicos a los medios de comunicación de masas como a la educación formal, genera una posibilidad de encuentro intercultural mucho más simétrico donde la etnoliteratura representa el producto más profundo de la síntesis o al menos del encuentro, entre estos grupos y el mundo globalizado moderno. Desde la reivindicación de la particularidad de carácter postmoderno, la etnoliteratura representa un espacio dinámico de reelaboración identitaria, donde la vida cultural de un grupo étnico puede presentarse, nítida en su complejidad y actualidad tanto simbólica como material, el nuevo etnógrafo frente a su computadora caminará por los senderos de las significaciones, las islas perdidas serán los textos que en el acceso multidisciplinario serán descubiertas por el navegante de gabinete.
El norteaméricano James Boon en su libro "Other Tribes, Other Scribes. Symbolic
Anthropology in Comparative Study of Cultures, Histories, Religions, and Texts", plantea justamente la necesidad de resituar al análisis cultural más allá del empirismo o el cognitivismo, para ello echa mano del concepto de interpretación desde una perspectiva webereana, donde la verdadera comprensión no involucra una confianza ciega en el trabajo de terreno, como tampoco una fe irrestricta en el habla del sujeto, por el contrario el acceso hermenéutico cultural propuesto por Boom pone al mismo nivel el análisis de terreno con el texto analizado en el escritorio, por ello nuestro autor nos invita a desacralizar el trabajo de campo.
Desde nuestra perspectiva esta desacralización es plenamente posible, en tanto cabe
preguntarnos ¿Qué extraño y prohibido procedimiento involucra el trabajo de campo que hace al investigador confiar ciegamente en la data obtenida? Como también podríamos preguntar ¿Qué es lo que nos permite asumir que lo dicho por el informante es plenamente comprendido por nosotros? ¿ Cómo nos podemos introducir en la cabeza del otro?
Este tipo de cuestionamiento se inserta plenamente dentro de los límites de la antropología postmoderna como también en la corriente de estudios culturales actualmente desarrollada interdisciplinariamente en Europa y Estados Unidos, sin embargo, más que copiar el procedimiento o cuestionamiento, lo útil es preguntarnos como asumir la tradición de análisis etnoliterario de nuestro país iniciada por autores como Lenz y continuada por diversos profesionales y estudiosos, y cómo convertirla en un tipo de acceso a nuestras formas culturales indígenas, desde el contexto de transformación que éstas viven y que nos hace situarlas en el ámbito complejo de nuestros intentos modernizadores.
Como ya se ha dicho "En el campo de la teoría literaria o estudios literarios y, en particular, de la semiótica, la etnoliteratura se distingue por el énfasis que pone en la percepción ´emica´ no excluyente de los fenómenos; por la concepción necesaria del texto como complejo textual heterogéneo; y por la importancia que otorga a la situación de producción y recepción del texto en el ámbito de la cultura en que se genera ya los mecanismos textuales y contextuales que la rigen, lo que incide en destacar también la funcionalidad de los textos en la tradición cultural de la comunidad"(Carrasco Muñoz: 1989, 3)
¿Qué otra cosa no será la etnoliteratura en el futuro, sino el estudio de textos elaborados
por sujetos multilingües que reciben el influjo tanto de la reivindicación de la particularidad desde su identidad étnica, como también la influencia de la cultura moderna globalizada, de manera tal que cada texto, como espacio de análisis cultural multidisciplinar, será la expresión no sólo de la tensión entre homogeneización y globalización, sino que también de terrible juego entre los sincretismos que se constituyen y reconstituyen? Cuando estemos puestos frente a los contenidos culturales presentes en los textos etnoliterarios, que expresarán la incomunicación y la yuxtaposición de categorías culturales, en ese campo de acción el texto etnoliterario se constituirá en una selva difícil llena de caníbales y de nativas embrujadoras, con reyes egoístas y guerreros sanguinarios, y el pobre etnógrafo sólo frente al papel, modestamente posesionado desde su universo cultural, deberá sortear todos los
obstáculos para dar cuenta del texto.
Corremos el peligro de que la etnoliteratura no se asuma como enfoque hermenéutico
culturalmente situado, y que por ello no aporte al diálogo intercultural como perspectiva ética. La etnoliteratura como opción hermenéutica supone el explicitar el "ser" de una textualidad. Esta "escucha" en el sentido heideggeriano sólo es posible desde la configuración de un pensamiento que a decir de Gustavo Gutiérrez posea un carácter "situado", esto es que sea consciente de los valores que definen la comprensión por él asumida, la transdisciplinariedad debe por ello superar el mero nivel de la razón instrumental para introducirse en la senda de la hermenéutica, pero ella corre el peligro de tergiversar o manipular a la interpretación etnoliteraria si ella no se realiza desde una ética situada, de manera que los valores lejos de obstaculizar la comprensión del texto sean una ruta y valores que intentan encontrarse en la interpretación, unos desde el autor o autores del texto, otros desde la alteridad del interpretador. Ese es el diálogo intercultural al cual apostamos.
Textos como los de Zurita y Mege como los de los hermanos Carrasco, representan un
intento, más bien una invitación, frente a la cual queda aún por sistematizar una reflexión que supera el exotismo, el positivismo y la ideología relativista émica. Lo que en estos autores está en el plano de la intuición debe ser complementado y continuado por un tipo de reflexión que asuma a la etnoliteratura como esfuerzo hermenéutico, capaz de asumir las distintas pretensiones de los investigadores y sin duda la creciente conciencia respecto del valor de su creación que el propio etnoliterato está desarrollando, de manera de que puestos de igual a igual se elaboren las interpretaciones etnoliterarias, más que por acumular concimiento científico, por el superior objetivo de que el diálogo intercultural sea auténticamente posible. Es así como el "pensamiento situado", al cual hace tres décadas nos invitara Gustavo Gutiérrez, se hace vida en el encuentro.
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