



Vemos que en las ciencias humanas en el contexto latinoamericano se asume la diversidad como crítica del positivismo y de su substrato racional iluminista, pero, de manera simultánea, se patentiza la diversidad desde el trabajo de campo neopositivista, desde la reivindicación a ultranza de la experiencia.
El sujeto asumido desde la subjetividad etnográfica abre paso al "emic" radicalizado, del cual la etnoliteratura es el sujeto, subjetivo y relativo, hecho texto. Nos atrevemos a afirmar que en muchos casos la etnoliteratura significa la elaboración de un sujeto ficticio centrado en el "emic".
En la década de los 50 la ideología relativista axiológica tuvo un correlato metodológico de profundas repercusiones en el pensamiento social occidental, esto es la llamada perspectiva cognitivista o de la nueva etnografía. Esta perspectiva se fundamentó en la postura de Kenneth Pike, quien asumió el concepto de análisis fonémico propio de la lingüística para traspasarlo al análisis cultural. En este sentido se critica el clasicismo etnográfico en tanto se sostiene que éste sería efecto de un tipo de positivismo que resulta incapaz de superar la dimensión externa de los fenómenos, con lo cual se alude directamente a la fonética como análisis exterior de las lenguas. Esta fonémica de la cultura estuvo asociada, como ya planeamos, a la perspectiva relativista, dentro de un flujo cultural no ajeno a fenómenos tan particulares como el movimiento Beatking y el existencialismo.
Desde este relativismo axiológico unido a una fonémica metodológica emergen los distintos "prefijos étnicos" que tanta influencia ha tenido en las ciencias humanas de décadas posteriores, tales como la etnomedicina, el etnodesarrollo, la etnociencia y por supuesto la etnoliteratura. Es así, como la claridad conceptual en el uso de este concepto requiere de identificar su fuente en este cognitivismo emico y asumir que su significado ha estado asociado a un subjetivismo centrado en las percepciones de los actores y que, a nivel del análisis, se define desde un relativismo respecto del ascenso a los valores en su dimensión transcultural.
Corrientes como el indianismo antropológico definirán la perspectiva etnoliteraria, como intento de determinar la visión respecto de este tipo de producción verbal desde las percepciones de los actores, sin que ello resulte completo al momento de superar la
émica de esta literatura y llegar a un análisis de carácter más amplio, como superación de la fe ideológica de meterse en la cabeza del otro. La dificultad reside en asumir el modo en que los valores del especialista en etnoliteratura penetran la visión que éste tendrá del fenómeno literario en contexto étnicos, es decir, el modo en que los propios procesos aculturativos del investigador penetran el acceso a la obra étnico-literaria, quedando al menos claro que el acceso a la etnoliteratura no se hace con la cabeza limpia de prejuicios...las cabezas limpias no piensan, como tampoco se puede ver desde los ojos del otro, cada mirada es única, por ello no puede ser requisada.
Podemos de esta manera vincular algunas acepciones del concepto de etnoliteratura con
el concepto de "robo del habla", ya definido por intelectuales indígenas de manera
sistemática. La crítica actual de numerosas actores indígenas de manera sistemática. La
crítica actual de numerosos actores indígenas ya no se concentra en la pretensión objetivista del análisis positivista de corte estructural/funcionalista, sino que se dirige hacia la pretensión cognitivista de introducirse en la cabeza del otro, lo que involucra el adjudicarse la representatividad respecto del mundo indígena.
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