Por el segundo año de la década de los 60, un libro escrito por Rachel Carson y titulado "Silent Spring" -que podríamos traducir por "La Primavera Silenciosa"- se populariza en los kennedianos EE. UU. de América. En sus páginas, su autora pone de relieve la contaminación que estaba generando un producto puesto en el mercado por la industria química -el tristemente célebre pesticida DDT- de uso habitual en la agricultura para la protección de las cosechas. Con toda probabilidad, éste y algunos otros desgraciados sucesos negativos para la Salud del planeta no muy lejanos en el tiempo, sirvieron de aldabonazo en la percepción de muchas personas de los países económicamente más desarrollados de que algo podía afectar al equilibrio de la Vida e impulsaron el interés de ellas por las cuestiones ecológicas, que unido a una fuerte toma de conciencia por gobiernos y otras autoridades públicas, dio como resultado que ya se prepararan y formularan al respecto en la década posterior una importante cantidad de legislación.
Pasado algún tiempo, y si a un más alto nivel de sensibilización existente añadimos el quebranto innegable que las actividades humanas van creando en el entorno (sin ir más lejos, ¿hace falta recordar lo que eminentes científicos mundiales han dicho en relación con el "Cambio Climático" y las nunca vistas "brutales" inundaciones en Centroeuropa de este verano?), en nuestros días el término "MEDIO AMBIENTE" está en la boca y en la mente de cientos de millones de habitantes del planeta Tierra.
Si bien es indudable que en España y en Latinoamérica la sensibilización vinculada a los por algunos denominados "asuntos medioambientales" se manifiesta después que en las naciones "más avanzadas", es igualmente cierto que ya en nuestras vidas hispanas también el Medio Ambiente ¡por fín! "se ha puesto de moda". Desde hace algunos años, y primordialmente con la ayuda de los medios de comunicación, estamos día a día adquiriendo conciencia de los graves problemas ecológicos que campan por todo el globo terráqueo: El antes citado "Cambio Climático" y su activo colaborador el "Efecto Invernadero", el creciente agujero en la "Capa de Ozono", el peligroso avance de la desertización, la notable contaminación del mar, el "smog" o niebla contaminante de las mayores concentraciones urbanas, las enormes acumulaciones de basuras en los no menos imponentes vertederos instalados en los alrededores de las grandes ciudades,etc., etc.; efectos todos iniciados significativamente como resultado de las políticas desarrollistas de las décadas de los postbélicos 50 y de los felices 60, de la explosión demográfica y de otros fenómenos contemporáneos, y que a pesar de que en los últimos años ha habido un progreso en el tratamiento de estos espinosos asuntos medioambientales, ya están influyendo negativamente en nuestra CALIDAD DE VIDA, y -de no enmendarse esa "antinatural" dinámica que va generando los dislates citados- mucho más en las generaciones venideras.