Con 51 años y 22 en la guerrilla, Alfonso Cano es considerado uno de los ideólogos de este movimiento insurgente colombiano. En una entrevista que le realizara el periodista venezolano Ruben Aharonián, para la revista Brecha de Uruguay, Cano analiza la estrategia de las FARC para mantenerse durante tantos años y crecer, comparando sus movimientos en el monte con los de Mohamed Alí en el ring. "Alí peleaba como una mariposa, pegaba y se iba, nuestra lucha se desarrolla en forma de guerra de guerrillas móviles; por lo tanto no nos podemos quedar quietos porque nos noquean".
Cuando se le pregunta si está cansado, enseguida responde que los revolucionarios no pueden cansarse, no podemos desfallecer. "Lo que sí está claro para uno es que la violencia que hay en Colombia, la confrontación, está muy costosa. Es mucho tiempo, pero eso ni por un momento nos lleva a vacilar en lo que estamos proponiendo que es precisamente liquidar esa situación. A través del Movimiento Bolivariano, diluidos en las organizaciones que trabajan en las próximas elecciones para alcaldes, vamos a manifestarnos electoralmente. Si eso puede cambiar posteriormente no lo sabemos. Ojalá llegue el momento en que seamos tantos y con tanta fuerza que podamos hacerlo garantizando que ya no va a pasar lo que pasó con la Unión Patriótica".
Cano asegura que las FARC siempre han reivindicado a Bolívar, pero que en los últimos tiempos eso se ha hecho con más fuerza. "Lo que estamos haciendo hoy es lo que hemos estado haciendo durante 34 años: darle mayor énfasis al comportamiento social y político de nuestro pueblo en el transcurso de toda su historia. Siempre hemos reivindicado a Bolívar y las luchas de nuestras naciones contra el imperio español. Lo que hemos hecho ahora es colocar eso como un elemento significativo de las propuestas que le estamos haciendo al país. Estamos por un solo camino y eso es lo que nos ha permitido sostenernos, luchar, desarrollarnos. Si por un solo instante hubiéramos torcido el camino, si nos hubiéramos abrumado porque se derrumbó el muro de Berlín o porque el señor (Francis) Fukuyama instrumentó teóricamente a la humanidad para decir que después de eso no habría nada, no existiríamos".
También argumenta que el Libertador venezolano, es patrimonio de todos los pueblos y cada pueblo, cada lugar, cada situación lo vive, lo siente, lo lee de acuerdo a sus propias condiciones y circunstancias. "A grosso modo quisiéramos rescatar de Bolívar su criterio de la unidad latinoamericana, su visión antiimperialista de defender por encima de todo la soberanía de nuestros pueblos, su visión de que la lucha para contribuir al desarrollo de nuestras naciones debe ser al lado de los pobres, y su desprendimiento personal".
Cuando se le interroga sobre los nexos de la guerrilla con el narcotráfico se sorprende pero no esquiva la pregunta y elabora una respuesta poniendo énfasis en que el tráfico de drogas es un problema social y estructural, del capitalismo. "No es como lo presentan los gringos, la legalización de la droga solucionaría el problema porque acabaría con las enormes cantidades de dinero que se mueven entre la venta del cultivador y el hombre que en Nueva York está metiéndose 'eso' por las narices. Nuestra propuesta pública es un plan piloto de sustitución de cultivos. Hay que tener en cuenta que el narcotráfico es un fenómeno nuevo, de tres o cuatro lustros y hay que aclarar que la guerrilla colombiana no se financia con el dinero del narcotráfico. Nos critican que no acabemos con eso sabiendo que es malo, pero nosotros no somos el Estado. Y, además, podríamos contribuir a la erradicación si pudiéramos ayudar al campesino a sembrar otra cosa. En esa relación que establecemos con los cultivadores, ellos nos ayudan... claro que sí. Pero el cultivador no es parte de la cadena del narcotráfico, que comienza a partir de los intermediarios que la hacen llegar a los países desarrollados. El cultivador es un campesino más, y eso es lo que se tiene que entender. Los indígenas cultivan la coca desde hace 500 años. ¿Vamos a decirles que son criminales?
En la actualidad son 103.500 hectáreas sembradas con hojas de coca, casi el triple de lo que había en 1992, y 6.500 hectáreas de amapola, de la que se extrae el látex de opio, en las que trabajan directamente 80 mil cultivadores, entre campesinos, colonos e indígenas y sirven de sustento indirecto a más de 500.000 personas".
Según Cano, Colombia no tiene otra opción para llegar a la paz que la de fortalecer el proceso de diálogo del Caguán, porque lo demás será el caos. El guerrillero asegura que las declaraciones del Comandante de la Fuerza Aérea Colombiana conminando a las FARC a aceptar los términos del gobierno para un cese al fuego, porque sino los obligarían, son una provocación. "En 1978, durante el cuatrienio del doctor Turbay Ayala y el General Camacho Leyva, el país escuchó idéntico discurso como preludio de una generalizada y espantosa estrategia de muertes violentas, torturas, desapariciones y detenciones arbitrarias que catapultó el desangre nacional a niveles sin precedentes. Años más tarde, en 1992, y bajo el eslogan de la "guerra integral", César Gaviria y su flamante ministro Rafael Pardo prometieron liquidar la guerrilla en 18 meses: fue así como cancelaron los diálogos que se adelantaban para buscar la reconciliación nacional y lanzaron una ofensiva neoliberal total, es decir, económica, social, moral, política y militar, causa directa del colapso que tiene a Colombia al borde de la desintegración". Según el guerrillero, los militares no asimilaron las lecciones de la historia reciente y están muy equivocados si piensan que pueden derrotar a las FARC. "Es sabido que la insurgencia y el Estado mantenemos visiones muy diferentes sobre el cese del fuego, las hostilidades y la tregua. Los procesos durante los gobiernos de Betancur y Gaviria así lo demuestran. Pero, por Dios, se necesita cabeza fría aunque los corazones estén ardiendo dada la temperatura de la situación. Precisamente, las conversaciones en El Caguán buscan el encuentro. La tarea de los voceros en la mesa de diálogo es recortar distancias, hallar aproximaciones, descifrar la semántica política de las exposiciones, identificar intereses, disminuir tiempos y allanar caminos. Claro, siempre y cuando el gobierno no esté ganando tiempo mientras le llegan los dineros del Plan Colombia para intentar, una vez más, el infernal ciclo de la agresión militar que busque 'aplastar' a la guerrilla".
En la mesa de diálogo están las propuestas de cese al fuego del gobierno y de las FARC, y los voceros tienen la tarea de encontrar la metodología apropiada para un intercambio que conduzca a un acuerdo. "Es necesario prestar atención especial sobre el contexto político de coyuntura que la puede determinar negativamente si priman los intereses partidistas sobre los patrios porque, por desgracia, se avecinan las elecciones presidenciales en los Estados Unidos de Norteamérica y las locales en nuestro país. Y en el contexto político de largo aliento debemos considerar el tema del Plan pues su aplicación va a determinar los rumbos del proceso de paz en nuestro país. De repente, nos hemos transformado en escenario diplomático de primera línea para la imperial Unión Americana: nos honran con su presencia permanente 300 oficiales de sus fuerzas armadas, semanalmente pasan revista de los cuarteles en Colombia sus más altos generales, quincenalmente nos visitan Secretarios y Subsecretarios del gobierno gringo, y para rematar, llegó la honrosa visita del Presidente Clinton. En sus alforjas trajo los dólares necesarios para que los colombianos nos sigamos matando indefinidamente y la decisión de aumentar progresivamente su intromisión militarista en nuestros asuntos internos".