



Gorriti y Alberdi traman historias para el desarrollo de estos relatos que provienen de experiencias propias respecto de algún viaje. En el caso de Gorriti, las Peregrinaciones recorren el territorio de Hispanoamérica, desde Lima, pasando por Chile, Bolivia, Salta, Buenos Aires (apenas), Paraguay, Brasil y otros lugares del Perú (Iquitos, por ejemplo). Hacia el final, la narradora -que seguirá indefinidamente viajando y que ni ella misma conoce el destino, el nombre, el término de su próxima parada- está yéndose para Europa, persiguiendo un amor del todo exótico y -lo digo como si fuera Ricardo Rojas-carente de relación con la lógica del relato general del texto. Es decir que se trata de un viaje por el interior de América, donde la narradora utiliza diversos medios de transporte y donde la variedad de historias y personajes con los que se encuentra permite exhibirla como una recolectora de historias ajenas.
En el caso de Alberdi, todo es un poco más triste. El relato comienza con el narrador contratando el servicio de un vapor con rumbo a Chile (se dirige a un lugar preciso) en el puerto del Brasil y aunque tampoco se llegue al desembarco definitivo, el cuento es de “alta mar”, donde se narrarán las vicisitudes acaecidas durante la trayectoria del barco Tobías. Un viaje que es continuación de otro, ya que el narrador viene de Europa y que, como en Gorriti, le permite avizorar al menos la patria, que verá de lejos, cuando el rumbo de la embarcación lo someta a la visión tortuosa de la boca del Plata.
Parte de estas historias se encuentran presentes en los “verdaderos” relatos de viaje de estos escritores. Gorriti publica La tierra Natal (1889), una especie de diario donde cuenta cómo fue su primera visita a Salta, luego del destierro que la mantuvo alejada desde sus quince años. Hay muchas escenas o cuentos interiores, hay muchas impresiones coincidentes entre la narradora principal y protagonista (Laura) de Peregrinaciones y la propia Juana Manuela. Alberdi, por su parte, vuelve en Tobías a decir parte de lo que aparece en Impresiones y recuerdos, un diario de viajes que abarca desde su primer viaje a Europa (situación del Tobías) incluyendo su segundo viaje (1843-1852). Las fechas de publicación no nos hablan de reescrituras de un texto sobre otro sino de una vuelta a una experiencia vivida. Con lo cual estamos ante una de las claves del relato: hay una vuelta a la construcción de la experiencia que nos muestra los accidentes de esa misma constitución en tanto otredad discursiva de lo vivido por el sujeto. Dice Foucault al respecto:
And an experience is neither true nor false: it is always a fiction, something constructed, which exists only after it has been made, not before; it isn´t something that is “ true”, but it has been a reality (1991: 36)
Por lo tanto, la construcción de esa experiencia es retrospectiva y siempre discursiva: nada impide volver a ella, una y otra vez, para reescribirla y hacerla otra -aunque se coincida en algunas intersecciones del relato y, por cierto, importa poco que las historias se repitan entre uno y otro texto, puesto que lo que aparece básicamente como ya construido en la memoria de los narradores es cierto clima, una atmósfera donde se asienta, ahí sí, la posibilidad de relacionar experiencia y verdad.
Mientras Laura se angustia cuando se queda -angustia que deviene en síntomas de la enfermedad, decaimiento, fiebre, pérdida de apetito, insomnio, languidez- , Alberdi-Bonnivard se queja de casi todo. Estos relatos construyen los procesos en los que se va dando el viaje y, por otra parte, más allá del placer o disgusto que el viaje provoque a los narradores, la motivación es siempre la necesidad, de modo que por eso, siempre el viaje es un imperativo que rompe con lo “normal”. ¿Qué es lo “normal”?. Habitar la propia patria, vivir al lado de la madre, no viajar sola, no ser tratado como “uno más”. Pero, aquello que los impelen a realizar las travesías, los lleva a transgredir lo que debió ser y a vivir del otro lado.
El clima compartido entre el Tobías y las Impresiones es el de una persistente quejumbre que adquiere el matiz sarcástico e irónico en el primero y cierta pesadez sustentada en la repetición-que no dejo de asociar con lo que el mismo Alberdi cuenta respecto de su estómago- en el segundo. En las Impresiones se queja del movimiento del barco, de que le cae mal la comida, el café y leche, el arroz y leche; también se queja de la escasez de comodidades y de compañías. En Tobías, la ironía y la hipérbole permiten que de queja se pase a una doble perspectiva de denuncia y de advertencia de lo que en un barco puede ocurrir: carne salada todos los días, mala navegación (o bien por el mar tempestuoso o por la quietud agobiante), malas compañías y conversaciones.
En Peregrinaciones la necesidad es también motora del viaje, pero se trata de un contraataque: el viaje es el alimento necesario de un alma enferma para recuperarse. La tesis del texto sostiene que la cura del alma, sana el cuerpo, hipótesis planteada en contra del saber instaurado por la ciencia -en este caso médica. Se enfrentan, de este modo, el relato oral frente al saber libresco, la mujer semióloga -puesto que sabe leer los signos que el doctor nunca detecta- frente al hombre de ciencias y caballero, sobre todo, de renombre público. Se concibe el viaje como remedio, como salvación de una enfermedad, aún cuando el mismo médico lo haya contraindicado. Por lo tanto, es una curación continua: al dejar de viajar, la enfermedad regresa. Cuando Juana ve su tierra natal, se despierta en ella ese sentimiento tan ampliamente descripto por los exiliados: ver y reconocer que lo propio ya no es lo mismo. Y esto la lleva, necesariamente, a retomar su camino y partir.
Alberdi tampoco puede quedarse. Se encuentra proscripto. De alguna manera coinciden en que permanecer es morir. Por ello, los textos que se construyen con estos narradores móviles también tienen la otredad y la variación como dispositivo fundamental de composición y, sus subjetividades dicen lo que sigue diciendo la canción:
Porque me muero si me quedo
Pero me muero si me voy.
Por todo y a pesar de todo, mi amor,
yo sigo viviendo en vos.
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