Con esta obra, más que con cualquier otra, Miguel Gutiérrez (Piura, 1940) plasma uno de sus leitmotivs más antiguos en su concepción de la vida y la literatura: hacer de la creación la expresión de una moral. Quiero enfatizar con ello que con esta gran novela que es "La Violencia..." -en todo el ámbito de nuestra lengua- se manifiesta la continuidad entre el Gutiérrez-autor y el Gutiérrez-narrador. Su caso es de ésos donde, con el paso de los años, se ha ido aunando el mismo compromiso con la vida y con la literatura.
En su variada producción, que en los últimos tiempos se multiplica, Miguel Gutiérrez ha ido trazando señales de ser un autor consciente de lo que quiere. Continúa y desarrolla la saga de los Villar iniciada en "Hombres de Caminos"; prosigue por los paisajes de "El viejo saurio se retira" (novela, 1968); reflexiona extensamente sobre los valores y deméritos de la promoción con la que se identifica, en "La generación del 50: un mundo dividido" (ensayo, 1988), y, por último, ofrece una reflexión crítica sobre su propia trayectoria y, en concreto, sobre la novela que nos ocupa, en "Celebración de la novela" (ensayo, 1996). Es claro que estamos ante la madurez de este escritor.
Desde la ya lejana época del grupo NARRACION (a fines de los 60, hasta los últimos años de los 70), Gutiérrez, en compañía de otros narradores peruanos, se involucró de manera activa en el proceso de la vida política nacional. En la revista de nombre homónimo, se publicaron diversas crónicas(4) que dan cuenta de que para él, y el conjunto de NARRACION, la literatura no tenía porqué desligarse de las luchas del pueblo, sino que, al contrario, era al unirse con ellas cuando adquiría su mayor dimensión. Nos ahorraremos palabras si citamos la opinión que da Gutiérrez sobre César Vallejo: "(...) la grandeza de Vallejo -como poeta, como escritor, y, en suma, como intelectual- resulta incomprensible sin su encuentro vital y teórico con el marxismo. (...) un estudio que implicaba cierta práctica en pro de la transformación revolucionaria de la realidad" (C.f: Vallejo y el marxismo, en el suplemento Cresta Roja, de El Nuevo Diario). No parece mera coincidencia, pues, que varios años después el poeta peruano sea una presencia recurrente e iluminadora en "La Violencia..." (Ver el epígrafe que la abre, y también la p.496, hacia el final del vol.II, entre otras citas).
Al acercarme al trabajo de este colectivo, a sus tesis e ideas, recuerdo que sentí gratitud; ya que estaba ante un planteamiento tremendamente moderno y dinámico del hecho de ser escritor, y del arte en general. Accedí a la categoría de "documento" y su polémica relación con la literatura.
Por un tiempo, me volqué a las antiguas discusiones sobre si las crónicas publicadas por NARRACION eran o no literatura. Y es que, aun escritas por jóvenes narradores más o menos conocidos en nuestro país, su génesis y encuadre eran básicamente periodísticos. Un periodismo de denuncia y agitación, en todo caso. Pero el problema era que en estas crónicas había también elementos de ficción, como algunas reconstrucciones de ambiente, personajes, diálogos y escenas. Eran, por cierto, vuelos imaginativos desde la realidad misma; alimentados por hechos constatables de la política de aquellos meses.
En general, me interesa mucho la indagación por las fronteras del arte y la literatura con la realidad empírica. Creo que ellas son móviles, y que es un error de inspiración metafísica, cuando no mera ignorancia o cinismo, asumir y proclamar a esas fronteras como fenómenos naturales o antagonismos intrínsecos al arte mismo.
Lo de NARRACION, fue también otra manera de procurar que otras voces, venidas de un sujeto popular y sobre todo oral, irrumpiesen en la escritura: tradicionalmente cerrada a estos cambios y, por ello, conservadora y elitista. Esa batalla entre lenguajes con voces y circunstancias disímiles, dialécticamente contradictorios, es un terreno apasionante por donde transitaron con lucidez y valor los integrantes de NARRACION; y es un camino que aun hoy inspira a numerosos artistas, escritores y críticos, que tienen una inteligencia y sensibilidad felizmente no cercadas por los muros del academicismo(5).
Volviendo a Gutiérrez, no debe llamar la atención, pues, que en estos años y en plena publicación de sus libros inéditos, el principal animador de aquel colectivo se anime a proponer un nuevo tipo de realismo. Es fundamental, para entender esto, seguir su análisis de las virtudes y carencias del llamado "realismo socialista", así como su opinión de que el género novelístico es incompatible con el socialismo (C.f: "Celebración de la novela", especialmente el primer capítulo, así como las pp.226-232).
Lo que he querido decir, en fin, es que "La Violencia..." me remontó a mi revelador encuentro con los postulados de aquel grupo; y que con alegría vi que Miguel Gutiérrez no sólo no había abandonado esa posición crítica e insurgente, sino que como los buenos creadores había profundizado en ella y logrado un desarrollo dialéctico, en la novelística, de la mano con su compenetración con la cultura del pueblo peruano. Queda dicho ya que en "La Violencia..." se trata del Perú mestizo, a partir de una Piura a caballo entre los siglos XIX-XX, y las libres asociaciones con otras circunstancias de la historia universal.
La trayectoria de este escritor y, en concreto, la publicación de esta novela están perfectamente a la altura de lo que desde hace algún tiempo volvía a necesitar nuestro país: que desde la literatura se narre su épica, su drama, su lírica. Es justo decir que si en el plano estrictamente político la violencia vivida en el Perú en los últimos años marca un decisivo punto de definición para cada peruano, una obra como ésta, que nace desde una posición revolucionaria, marca un hito para cualquier narrador y lo interroga de lleno por la poética a asumir, que es otra forma de preguntar cuál es nuestra posición política en el campo de la creación.
Dadas estas dos últimas décadas, de creciente represión -en especial contra personalidades auténticamente democráticas-, y considerando la difícil trayectoria personal de Miguel Gutiérrez, debemos alegrarnos de que él y su obra se hallen en un momento de feliz expansión entre nosotros.