



"Los novelistas del 50 no han escrito todavía una novela válida artística e ideológicamente acerca de esta dimensión del hombre en cuanto ser por esencia social (...). Historia de Mayta pudo ser esa novela, si su autor hubiese podido dominar los demonios de rencor que lo impulsaron a escribirla" (de: "La generación del 50: un mundo dividido", 1988, p.231).
"(...) las luchas más que seculares del campesinado peruano y las más recientes de obreros y masas explotadas, lucha permanente y cotidiana, nos hacía sentir orgullosos de nuestro pueblo, de nuestra patria, en contra de la condena fácil, anárquica, nihilista de ciertos intelectuales parasitarios, para quienes todo había sido negro, basura y asco, mejor la condena, la destrucción, el fuego, la expatriación, el desorden de los sentidos y la puta que nos parió. Pero no, el Perú es un gran pueblo (...)" (ob. cit., pp.243-244).
" '¿Sabes, Prosper, cuál es la maldición que pesa sobre el género humano? Es la propiedad, hijo; la maldita propiedad. Por ello la única herencia que te dejaré son el gusto por ese sabor del vino y unas pocas obras de hombres ilustres. Prosper: por esos hombres -algunos de esos hombres felices, que son como grandes estrellas rojas en el firmamento (y que tú lo has visto), aceptando mi hospitalidad enaltecieron nuestro hogar-, por esos hombres, te decía, comprendí que se necesitaba ser un gran buey para dar la espalda a los dolores de la humanidad'. Luego mencionó algunos nombres, que ya suenan, Rodolfo, que sonarán aún más en la futura historia del mundo. Yo sólo te mencionaré a uno de ellos, porque Proudhon (tal es el nombre que yo quisiera que retengas) fue el que ejerció la mayor influencia sobre él. Proudhon sostenía que con el establecimiento de una lengua universal, tras la eliminación de la propiedad privada y la liberación de la conciencia del despotismo de las religiones, reinaría sobre la tierra la fraternidad humana" (del acápite donde Prosper Zinzel Presburg recuerda un diálogo con su padre: Dos vidas paralelas. Aproximaciones a Bauman de Metz (1); en "La Violencia del Tiempo", vol I, p.371).
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