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En torno a la novela peruana La violencia del tiempo, de Miguel Gutiérrez - Rasgos característicos de la obra

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CopyLeft Artículo de César Angeles L. - 24 de Agosto de 2006
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2. Rasgos característicos de la obra

Como dice el propio autor, en su aludido ensayo "Celebración de la novela", algunas críticas ya han remarcado ciertos rasgos esenciales en "La Violencia..." Uno de éstos, que no hay que dejar de lado, remite al espíritu de comunidad que centralmente opera en la construcción de esta ópera magna.

Y es que aunque es verdad que, como reconoce Gutiérrez, los personajes de "La Violencia..." están signados por la muerte, es el encuentro con el otro o el sentimiento de pertenencia a una colectividad lo que, en más de un caso, da lugar a una suerte de renacimiento. Un renacimiento marcado por el amor: creativo, dúctil, poderoso; como sucede con Martín Villar en su relación platónica con Deyanira Urribari, en su relación apasionada con Zoila Chira y en aquella otra, agónica, reveladora, con su familia (hermosa sensibilidad la de esos personajes que son sus padres: Cruz Villar -nieto del primer Cruz- y Altemira Flórez; como es bello aquel pasaje donde Zoila conoce a la madre Altemira: c.f. vol. II, pp.394-401); sobre todo, me refiero a la identificación que tiene Martín con sus tíos Inocencio, Isidoro, Silvestre (sindicalista; admirador de los bolcheviques y de Stalin) y con, por supuesto, Primorosa (2).

Quiero decir, con lo anterior, que aun reconociendo la carga de dolor y duelo que vive Martín Villar en su retorno físico y espiritual de Lima a Congará, no quedaría completo este recorrido si soslayásemos que lo que lo mueve es el gran amor -vivificado por Deyanira- a su propia historia, finalmente a su propio pueblo; luego de desdeñar y cancelar, a la vez, los interesados halagos de esa otra vida (que, a la vez, es otra historiografía: la de la palabra oficial) encarnada por el aristócrata catedrático: Dr. Ventura Gandamo de la Romaña y Sancho-Dávila, profesor de historia peruana de Martín. Muchas páginas de "La Violencia..." dan testimonio de que no es única ni principalmente, pues, para usar una imagen de la novela, el hallazgo de un espejo hundiéndose entre la mierda: símbolo del fin de la infancia del protagonista.

Algo más. Aquel sentimiento de colectividad que prevalece en la novela, se expresa también en la forma de la narración; pues no queda claro quién es el narrador principal, al intercalarse diversas voces que cuentan las múltiples historias en sus más de 1000 páginas. Esta narración polifónica evita, así, la individuación protagónica de una voz; y adquiere visos alucinantes en los pasajes vinculados a la experiencia de Martín con el San Pedro, o también cuando la propia narración se interroga a sí misma sobre su naturaleza. Esta suerte de desestructuración abre, por cierto, varias posibilidades; pero "La Violencia..." no extravía el hilo de su espíritu y convoca estas voces en función de la reconstrucción del mundo perdido, a cuyo encuentro va Martín Villar.

Asimismo, se puede agregar que, en la recreación literaria de Piura, Gutiérrez ha seguido con imaginación propia a esa decisiva influencia suya que fue la obra de Ciro Alegría. A semejanza del narrador cajamarquino, Miguel Gutiérrez no ha escatimado esfuerzos para ofrecernos un gran fresco, con palabras, sobre esta parte de la realidad peruana y en sus varios niveles. Piura, por lo demás -y aun a riesgo de sugerir una sobrelectura-, es la tierra donde los conquistadores españoles inventaron el nombre del Perú (debido a problemas de comunicación lingüística, si creemos en la versión recogida, en clave satírica, por Ricardo Palma).

Si es verdad eso de que un escritor o artista que logre expresar los significados profundos de su pueblo, está expresando significados comunes a todos los pueblos, con "La Violencia..." tenemos una gran novela sobre lo que damos en llamar "Perú" y que, a fines del siglo XX, muchos todavía no sabemos bien a qué nos estamos refiriendo con dicha palabra. Esta novela ayuda a responder la interrogante, y además lo hace acercando ese micromundo que es Piura a fines del XIX, o Lima durante la primera mitad de este siglo, a otras experiencias históricas de otros pueblos del mundo como la gesta proletaria de la Comuna de París y la llamada semana trágica de Barcelona, en 1909. Se dice fácil. He dicho "acercando"; quizá decir, mejor, evidenciando los puentes, cruces, espejos y comunes voces que se tejen entre las diversas sociedades a lo largo del tiempo.

Es imposible leer "La Violencia..." sin sentirla intensamente de principio a fin. Esta emoción viene de su fuerza dramática; sobre todo de esa inteligente interacción entre el crecimiento pluridimensional del protagonista y la densidad y dimensión narrativas que, de su mano (o de su palabra) y alrededor suyo, van adquiriendo los otros personajes. Y es que, al mismo tiempo que la dolorosa y reveladora recuperación de la infancia por parte de Martín Villar, se descubre cómo éste va accediendo al difícil arte de narrar. De ahí que aquel conjunto de voces dé el tono general de la novela, y permita decir que es el "Nosotros" quien comanda el relato; un "Nosotros" que, en la heterogénea fabulación que es "La Violencia...", significa un "nosotros-pueblo". Los Villar, después de todo, son parte de él y víctimas de un agravio que como a la gran mayoría del Perú le ha venido/viene desde arriba y desde tiempos ancestrales.

Estamos ante una novela animada por unas ideas y una sensibilidad socialistas. Por ello, esta obra no se detiene en los avatares y miserias de sus principales personajes, sino que va más allá; y tras los hondos agujeros de la pena y del "duelo" (C.f: la referencia al luto, al "duelo humano" en "Celebración de la novela", p.244; así como en "La Violencia...", vol. II, pp.493-498) emergen otras imágenes y otras circunstancias que nos reconcilian con la vida y con los hombres. No otra cosa está detrás de la grandeza de un doctor Augusto González, ni de la escritura de la novela que finalmente Martín lleva a buen término, ni del vitalismo que se desborda tras las apariencias frágiles de Primorosa (la más reivindicativa y, a su manera, justiciera de las mujeres en "La Violencia...") y de Inocencio, ni de la nobleza de Isidoro Villar (quien ya había inspirado a Gutiérrez esa buena y entrañable novela que es "Hombre de Caminos" -1988-: historia de bandoleros antigamonalistas, con algunos ecos de duro far-west pero a la piurana). Por eso, si imaginamos un juego de espejos contrastados, resultan tan miserables otros personajes de "La Violencia..." que quedan lejos del espíritu comunitario y agonizando en dura y vacía soledad, como Odar Benalcázar o el brujo Clemente Palacios. Y son las amenazas a vivir la vida de modo íntegro, lo que produce zozobra y desesperación en las almas del padre Azcárate -en Barcelona insurgente, cuando siente que se aleja de sus principios éticos- y del cortesano francés J.J.Dollfus (luego "Bauman de Metz" redivivo: suerte de personaje múltiple y ubicuo, a lo largo del tiempo, construido al borgiano gusto) -cuando repara en que ha traicionado la noble causa de la Comuna, que ha jugado cínicamente con ella-.

A vista de todo lo anterior, creo que el amor y la colectividad son una misma cosa esencial en "La Violencia...". Creo que Miguel Gutiérrez sabía bien qué quería decir cuando dijo que su mayor ambición era escribir una buena novela (C.f: "Celebración de la novela", p.129). Y el amor, de seguro, es el alma de todo acto revolucionario. "La Violencia del Tiempo" es nuestra novela socialista. En estos tiempos en que otros suelen ser los aires, las miras, los temas y motivos en la joven narrativa, es encomiable que un escritor venido de las buenas canteras de los años 50, cuando los debates sobre las interrelaciones entre estética y poder estaban en primera línea en nuestro país, apueste valientemente por esta manera disidente de encarar el acto literario y que es una otra manera de encarar la vida. Gestos, ambos, que hacen tanta falta en el Perú y en el mundo de hoy (3).

Autor y licencia de 'En torno a la novela peruana La violencia del tiempo, de Miguel Gutiérrez - Rasgos característicos de la obra'
César Angeles L. Extraído de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero10/violenci.html CopyLeft
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