¿Tenés tus costumbres cotidianas de ciudadana muy arraigada, cosas que hacés semanalmente, cosas que te gusta hacer en Barcelona?
Yo soy muy "barriera", me gustan mucho los barrios. Lo que pasa es que en estas ciudades grandes el barrio existe poco. Aunque Barcelona los conserva. En la parte en que estoy viviendo ahora, no es tanto el barrio, sino que un edificio enorme de unos 600 o 700 departamentos. No se puede hacer vida de barrio, pero en los otros lugares en que he vivido en Barcelona he tenido, por ejemplo, la cafetería, donde voy de mañana a desayunarme y donde la gente del barrio me reconoce y a veces va la televisión a filmarme.
Entonces, la he tenido que sustituir por otras cafeterías que me gustan mucho. Costumbre montevideana y que en Barcelona se tiene poco porque la gente vive de manera muy acelerada, realmente con falta de tiempo para conversar con los amigos. Hay ciertos lugares que para mí son emblemáticos, que son como fetiches, y lamentablemente veo que a veces los destruyen con mucha rapidez. Aquí todo se construye muy rápidamente. Pero como soy muy sentimental y muy tanguera, hay lugares...
El otro día estaba en la consulta del médico, porque quería algo para la gripe, y una señora de unos 70 años, me dice: "Hola, Cristina". Yo no la reconozco. "Cristina Peri Rossi", dice. "¿Usted no se acuerda de mí?" "No", le respondo. Y me dice: "Soy la cajera de...", y me nombra una confitería a la que yo iba muy a menudo. Y dice: "¡Las veces que la vi escribir en esa confitería! Yo era la cajera. Pero me jubilé". Esas cosas son tiernas y a mí me emocionan. Yo creo que son las cosas por las que vale la pena vivir. Pero en las grandes ciudades se pierden estas cosas.
¿Desayunás siempre fuera de casa?
Aquí los horarios son distintos. Justamente, en estos días está aquí una gran amiga uruguaya, Cristina Medina, que vino a la presentación de mi libro, a quien deben conocer porque es ayudante de dirección teatral, y hablábamos de los horarios distintos a los de Uruguay que hay en las comidas. Aquí se almuerza a las 3 de la tarde. Entonces, los uruguayos, que tenemos la costumbre de almorzar antes, a las 12 del día estamos muertos de hambre. Por lo tanto, nos vamos a tomar algo, un segundo desayuno antes del almuerzo.
¿Y en esos lugares escribís, tenés inspiración fácil? ¿No te interrumpe la televisión ni la gente que te saluda?
No. Yo tengo la facilidad de que puedo escribir en cualquier lugar donde me sienta cómoda. Lo que sí es cierto es que las veces que he intentado escribir fuera de Barcelona me ha sido más difícil. Viví un tiempo en Sevilla y me costó bastante escribir ahí porque la luz es distinta, el entorno es distinto. Y el problema es que, después de haber añorado tanto Montevideo, no tengo ganas de irme a otro lugar a añorar a Barcelona... Al fin y al cabo, los seres humanos somos animales de costumbres. Y Barcelona tiene para mí un encanto particular, que es que tiene un puerto y para mí es muy difícil... Estuve presentando el libro en Madrid, y Madrid está bellísima, hermosa, elegantísima; es una gran ciudad, mucho más cosmopolita que Barcelona, por cierto, y tiene una luz maravillosa, una luz casi montevideana. Y, sin embargo, le falta el mar.
Barcelona ahora se ha abierto al mar —porque estaba de espaldas— y era una cosa que a los uruguayos nos volvía locos, y decíamos: "¿Cómo es posible tener el mar y construir de espaldas al mar?" Lo que está frente al mar en Barcelona es el cementerio judío, que se llama Montjuic ("monte de los judíos"), que sería el equivalente a nuestro Cerro. Pero vivían de espaldas al mar, mucho más vinculados con la tierra. Casi todos los barceloneses tienen un abuelo rural, del campo, de la Cataluña profunda. Y están mucho más relacionados con la cultura rural que con la cultura portuaria, que es una cultura de tránsito, de novedades, un poco más de mundo que se mueve.
A partir de las Olimpíadas, Barcelona se abrió al mar. Yo le he dedicado varios poemas, en mi último libro, que se llama "Inmovilidad de los barcos", a esta apertura al mar que era tan necesaria para la ciudad.
Además de los libros que publicaste, y que acabás de publicar en España, ¿seguís colaborando con revistas y con diarios españoles?
Sí. No sé si se leen en Montevideo, porque yo no tengo control sobre eso, sino que lo tiene la agencia, que es EFE, que tiene un servicio que se llama "Grandes firmas", en el que somos diez o doce escritores (está Octavio Paz, y estuvo un tiempo Bioy Casares), y la única mujer soy yo. Es un servicio que vende el artículo. En esos artículos puedo hablar sobre lo que quiero con total libertad, ya sea sobre lo social, lo político o lo cultural. Yo hago un artículo mensual y sé que la agencia lo vende en todas partes. Sé que a veces lo venden en Venezuela, pero no tengo control sobre ellos. Simplemente yo los remito y ellos los revenden. Esa es una de las formas de estar presente. Además, colaboro esporádicamente mucho en diarios y revistas locales, tanto de Madrid como de Barcelona.
Hablando de Cataluña, de los catalanes y de Barcelona, me imagino que a esta altura hablás el catalán como el español...
Te imaginás mal porque soy una gran lectora de lenguas latinas y, además, una gran admiradora del provenzal, que es el origen del catalán; pero hablo muy mal y, como ves, conservo el acento uruguayo inconfundiblemente. Creo que se me nota porque cada vez que subo a un taxi me preguntan de dónde soy, y normalmente creen que soy porteña porque les cuesta mucho distinguir el acento porteño del montevideano.
El catalán lo entiendo. Por ejemplo, si me invitan a un programa en el Canal Autonómico catalán, que sólo se emite en catalán, me hacen las preguntas en catalán y yo contesto en castellano. Pero es porque yo tengo gran dificultad para hablar cualquier lengua que no sea la "barriobajera" de Montevideo.
"El amor es una droga dura" es la última novela de Cristina Peri Rossi, que tendremos, como ella misma lo anunciaba, pronto por aquí. Y seguramente tendremos a la propia Cristina, que suele venir en el verano, ¿no?
Sí. Aprovecho, generalmente, diciembre. El año pasado estaba escribiendo esta novela, que terminé el 25 de enero, y es un período de gran actividad aquí porque a los catalanes les cuesta mucho imaginar la Navidad y el año nuevo en verano. Es un período de gran actividad, aquí, pero espero poder ir este año. Mi gran ilusión es poder ir este año en un momento de diciembre.
* Entrevista realizada por la estación de radio El Espectador, Uruguay 4 de octubre de 1999. Transcripción de Fernando Iglesias.