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¿Es posible la adivinación? - La adivinación: ¿un don especial?

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Creative Commons Artículo de Antonia de la Torre Valdés - 29 de Diciembre de 2005
2. La adivinación: ¿un don especial?
Cuando Cazotte comentó que tenía algo de profeta, reivindicó poseer uno de los dones más antiguos de la historia. Todas las épocas han tenido sus visionarios, personas que parecen poseer un don especial.
Una de esas personas con ciertos poderes de profecía fue el enigmático sabio francés al que conocemos como “Nostradamus”, que vivió en el siglo XVI. Su Centurie Astrologiche y otros escritos, algunos de los cuales hoy se consideran apócrifos, proyectan un conjunto de acontecimientos futuros a través de unos 550 años después de su muerte.
Hay una anécdota muy conocida de su vida que cuenta cómo un día, en Italia, encontró a un monje que había estado guardando cerdos en su pueblo natal antes de vestir el hábito religioso. Nostradamus se hincó de rodillas ante él y el humilde religioso quedó asombradísimo al oír que le daba el título de “Vuestra Santidad”. Naturalmente todos los testigos de la singular escena soltaron la carcajada, y el monje, no fue el menos admirado. Sin embargo, años más tarde, aquel monje, que se llamaba Félix Peretti y que con el tiempo se convirtió en el cardenal de Montalvo, tomó posesión del trono pontificio con el nombre de ¡Sixto V!
En la historia más reciente encontramos otros con el don de la profecía, como Jean Dixon, que fue llamada la sibila de Washington. En 1944 predijo la muerte del presidente Roosevelt y también la aparición del comunismo en China cuando este país estaba invadido por los japoneses. En 1945 auguró la división de la India en dos países: India y Pakistán, ocurrida el 2 de junio de 1947. Y también vaticinó la muerte por asesinato de John F. Kennedy y de Mahatma Gandhi.
También tenemos al clérigo Robert Charles Anderson, que predijo la “guerra fría”, la separación en dos de Alemania, la creación de la bomba atómica y la invasión de Checoslovaquia por los tanques rusos.
Y destaca Edgen Gayce, que predijo el desplazamiento de los polos. Las sacudidas sísmicas del globo terráqueo harán aparecer la mítica y sumergida Atlántida.
Sobre la Atlántida nos hablaría también Madame Blavatsky, la gran esoterista del siglo XIX, cuyo poder de predicción era extraordinario. Cuando ella escribió una de sus grandes obras, Isis sin Velo, la hipótesis de los electrones no era aún conocida por los físicos de su época. Esto no le impidió afirmar, en una especie de vaticinio científico, que “la teoría unitaria de la química moderna se funda en las polaridades eléctricas de los átomos”.
Precisamente la mítica Atlántida es para ella un claro hecho que guarda el futuro como un tesoro. Ella dice: “si hace cien años el mundo no sabía nada de Pompeya o Herculano; nada del lazo lingüístico que une a las naciones indoeuropeas, nada de la significación del vasto número de inscripciones sobre las tumbas y templos de Egipto... ¿Quién puede asegurar que dentro de cien años los grandes museos del mundo no estén adornados con joyas, estatuas e instrumentos de los atlantes...?” Ya Schliemann probó que Troya no era una fantasía inventada por el genio poético de Homero, por lo que muchas leyendas pueden verse convertidas en historia a medida que avancen las investigaciones.
El fenómeno de la adivinación se ha dado en las más grandes culturas de todos los tiempos, desde la egipcia a la china y desde los etruscos a los mayas. Todos creían tener la posibilidad de conocer el futuro, y era tan firme esta creencia que durante todo el Imperio Romano, más allá de su fragmentación en el Imperio de Occidente y el de Oriente y en el Imperio Bizantino, estaba prohibido bajo pena de muerte hacer adivinaciones sobre el futuro de los emperadores.
Heródoto, el llamado “Padre de la Historia”, narra infinidad de casos, como el de aquel rey de Oriente que, habiéndole predicho los adivinos que moriría a causa de una carreta, prohibió que en su territorio circulase ninguna; murió en una revuelta de palacio, clavado en su trono por una espada que llevaba en su empuñadura la figura de una carreta.
Autor y licencia de '¿Es posible la adivinación? - La adivinación: ¿un don especial?'
Antonia de la Torre Valdés Extraído de: http://www.editorial-na.com/articulos/articulo.asp?art=110

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