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Eso llamado Economía Social - Buscando sentido común

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Creative Commons Artículo de Jorge Devincenzi - 27 de Septiembre de 2006
4. Buscando sentido común
Se da por aceptado que solo los mercados están en condiciones, y son los mas aptos para determinar las prioridades de la sociedad.

Veamos alguna de sus consecuencias: la sola entrada de China al mercado mundial, con capacidad para absorber el 40% o más de la inversión directa mundial sobre la base de sus potenciales millones de consumidores y con una oferta de trabajo no sindicalizada, disciplinada y de bajos salarios, bastaría para anticipar que la perspectiva de aguardar (¿sentados?) tres décadas para cambiar la situación de América Latina diagnosticada por los organismos multilaterales son pura literatura de ciencia ficción, y como consecuencia de ello, que todo esto no se puede dejar en manos del mercado.

Para la Organización Mundial de Comercio (OMC) la educación y la salud son bienes de consumo, una mercancía que puede y debe ser provista por el mercado. No ya bienes y derechos sociales, derechos por otra parte obtenidos durante una larga historia de conflictos.

¿Pero no es que los inversores solo buscan maximizar sus beneficios individuales y que esas decisiones no incluyen preocuparse de la existencia, no ya de un mundo mas equitativo, sino de un mercado perfecto, al que todos puedan acceder en igualdad de condiciones?

El capitalismo era en el siglo XVIII un nuevo modo de producción fabril. En el siglo XXI pretende constituirse -y lo ha logrado en cierta manera- en explicación general sobre el fin último del ser humano, y por lo tanto también se ha apropiado del "sentido común", como lo demuestra el ejemplo ya clásico de la opinión del presidente del Banco Central alemán (Bundesbank) en 1996: "Para que haya confianza en los mercados financieros debemos flexibilizar el mercado de trabajo".

Parece una opinión intrascendente, de sentido común y de fácil resolución: todo el conflicto de la civilización se reduciría a una cuestión de costos, no de un mercado conjetural sino de unas pocas corporaciones que, con nombre y apellido, compiten entre sí para adueñarse de determinados nichos de producción global.
Y en el cálculo de costos, descenderá el costo laboral (porque de eso se trata la flexibilización) pero no entra en los cálculos el costo social anexo, a saber: cuanto deberá gastarse para pagar el incremento de enfermedades, adicciones, malformaciones, desnutrición, y el resto de calamidades y comportamientos antisociales (asombrosos e incomprensibles) que provoca la flexibilización laboral como un gran movimiento de salarios a la baja por un lado, y de exclusión social, por otro.

El término es mágico. "Flexibilidad" no alude al trabajo nocturno, a la pérdida de la jubilación y la incertidumbre en la vejez, al trabajo infantil, al del fin de semana, a los horarios de trabajo irregulares, a la desaparición de la indemnización y la obra social, a la capacidad del patrón para cambiar a voluntad el horario y la extensión de la jornada. Pero de eso se trata.

El Banco Mundial declara que su objetivo es "aliviar la pobreza", que reducirla a la mitad llevará más de dos décadas y que este alivio debe limitarse a "compensar las situaciones mas graves". En consecuencia, aparecen los planes "focalizados", en los que algunos quizás se salven, otros no.

Tenemos entonces una primera comprobación: en este costo social descartado (es el ser humano el elemento desechable de este modelo) está implícito el rol del Estado, su ausencia y su necesidad, porque aún en medio de tensiones de todo tipo, solo el Estado podía organizar, administrar y equilibrar lo social y lo económico.

Para los neoliberales, sin embargo, el Estado debe desaparecer, hay que instaurar la ley de la selva, abarcar todos los ámbitos hasta controlar todo, empezando por lo privado.

Ya no hay una sociedad organizada, la que podría graficarse en una pirámide, sino una sociedad global horizontal, en la que solo existiría un "centro" y una "periferia". La horizontalidad tiene su secreto encanto, porque pareciera evocar igualdad. Pero lo que en realidad se abolió es la igualdad de oportunidades, núcleo del funcionamiento democrático.

Por otra parte, imágenes mentales tales como flexibilidad, autogestión, desregulación, tienden a hacer creer que el "ideario" neoliberal es un mensaje universalista de liberación del hombre.

Todo se horizontaliza y achata, no hay prioridades sino puntos de vista, no hay lugares de contención ni referencias salvo el centro y la periferia, estar adentro y afuera, ser ganador (haber llegado al centro), winner; o perdedor (sobrevivir o morir en la periferia), loser. Ese centro está fuera del control colectivo, tiene reglas propias y incluso desconocidas. Cuando las leyes nacionales se le oponen, se presiona para su derogación. Argentina deberá adecuar su legislación interna a la de EE.UU., a la de la Organización Mundial de Comercio, etc.

A un centro concentrado en pocas manos le corresponde una periferia multitudinaria autogestionada, un eufemismo de "arréglense como puedan". Porque el conjunto de explicaciones del neoliberalismo es una suma de eufemismos: ¿que son los costos colaterales? ¿Que son los efectos no deseados del modelo?

Los efectos no deseados del modelo, según los contadores y administradores de empresa que establecen las leyes del siglo XXI, consisten en no considerar el costo social dentro del costo económico. Esto se pudo apreciar, violencia mediante, en Tartagal (Salta), cuando Repsol abandonó zonas petroleras agotadas. O en el cierre de Hipasam, o de Río Turbio, en la privatización de los ferrocarriles y el petróleo.

En 1995, el Banco Mundial reconoce en su informe que "a menos que los países puedan igualar el aumento de productividad de sus competidores, los salarios de sus trabajadores se reducirán": para que no se reduzcan los salarios, hay que reducir los salarios.
Autor y licencia de 'Eso llamado Economía Social - Buscando sentido común'
Jorge Devincenzi Extraído de: http://portalcoop.com.ar/Article015.html

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Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.
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