



En el estudio de Español como Lengua Extranjera (E/LE) no suele prestarse atención al estudio de las variedades dialectales porque las diferencias lingüísticas no impiden en general la comunicación. Pero, cuando se trabaja con alumnos en situación de inmersión en zonas que se apartan de la variedad estándar, es necesario ofrecer algunas nociones sobre los rasgos lingüísticos diferenciadores. Este es el caso del extremeño. Por tanto, conviene que los alumnos de E/LE tengan unas nociones básicas y claras de los rasgos más relevantes del extremeño y de las razones geográficas e históricas que los han originado, lo que facilitará en gran medida su aprendizaje. En la última parte de mi estudio se ofrecen algunas propuestas didácticas sobre el tema.
Los alumnos de E/LE en situación de inmersión son conscientes de que en muchas zonas de España se hablan variedades lingüísticas que se apartan de lo que es considerado español estándar. Por español estándar entendemos la variedad utilizada en la zona centro de España que, por razones históricas y políticas, ha alcanzado mayor prestigio y que, por esas mismas razones, ha sido tomado como modelo para elaborar la normativa lingüística y la mayor parte de los materiales didácticos de aprendizaje del español como lengua extranjera. Algunos materiales didácticos incluyen muestras de lengua de diferentes zonas geográficas, pero en la mayoría de los casos son ejemplos esporádicos para mostrar que el idioma no es un bloque homogéneo sino que presenta variedades geográficas cuyos rasgos se aprecian sobre todo en la pronunciación y en el léxico.
No es este un tema al que se preste demasiada atención en los libros de texto ni en la enseñanza de español a extranjeros, quizá porque hay otros muchos temas que tratar y porque los rasgos regionales dificultan pero no impiden la comunicación. La experiencia nos dice que, en situaciones de inmersión, es un tema que surge con frecuencia en clase de español, sobre todo si estamos en zonas donde no se habla la variedad estándar de nuestro idioma.
Esta situación se da claramente en Extremadura, ya que en esta comunidad se habla una variedad lingüística que se aparta ligeramente de la que se habla en la zona centro de nuestro país. Y decimos “se habla” porque es en la oralidad donde se perciben diferencias sustanciales. Por lo general, dichas diferencias no se manifiestan en la escritura, a no ser que el autor transcriba fielmente la pronunciación por motivos varios o haga uso de algún término léxico propio de la región en contextos concretos (1). Podemos decir que, a la hora de abordar la variedad lingüística extremeña —siempre con el objetivo de facilitar la tarea de comprensión a nuestros alumnos de ELE— debemos centrarnos en las diferencias de pronunciación y de entonación, en algunos rasgos morfosintácticos y en aspectos léxicos que pueden surgir y crear dificultades. Nuestro objetivo no es formar expertos en Dialectología ni abordar en profundidad cuestiones de Historia de la Lengua, sino proporcionar nociones básicas y herramientas útiles para diferenciar lo que pertenece a la lengua estándar de lo que pertenece a la variedad extremeña.
No vamos a estudiar la rica variedad lingüística de nuestra región (2); sólo mostraremos las diferencias generales del extremeño con respecto al español estándar, centrándonos en aquéllas que son fácilmente perceptibles para los alumnos de E/LE y al mismo tiempo relevantes para la comprensión de los mensajes. Tampoco podemos detenernos en el estudio de los orígenes y procedencia de los distintos fenómenos, cuestiones estas abordadas por los especialistas en Dialectología e Historia de la Lengua. Nuestro estudio debe aprovechar los avances y descubrimientos de esos investigadores para solucionar problemas reales a los que se enfrentan los alumnos de E/LE en situación de inmersión en la comunidad extremeña.
Para comprender los caracteres principales de la variedad extremeña debemos tener en cuenta, por un lado, la situación geográfica de la región y, por otro, los hechos históricos que condujeron a la conformación del mapa político de España.
Geográficamente, nuestra región limita al norte con zonas castellanas, al oeste con Portugal y al sur con Andalucía. Como ya señaló Zamora Vicente, podemos considerar que en Extremadura no se habla un verdadero dialecto, sino que estamos ante “hablas de tránsito” que, sobre la base del dialecto castellano, muestran rasgos leoneses al norte, portugueses al oeste y elementos propios de las hablas meridionales al sur (3). Todos estos rasgos se han ido extendiendo en unos casos y reduciendo en otros hasta casi perderse. Es importante hacer ver a nuestros alumnos extranjeros que con los medios de comunicación de masas y la formación escolar basada en la lengua estándar muchos rasgos de la variedad extremeña que estaban vivos hasta hace no muchos años han desaparecido o están a punto de desaparecer.
Si las razones geográficas son importantes, no menos lo son las históricas. Para explicarlas podemos recurrir a fuentes variadas sobre la historia de Extremadura (4) o al resumen que sobre el tema proporciona Manuel Ariza Viguera en “La Historia lingüística de Extremadura” (5). El autor se remonta a las lenguas prerrománicas para iniciar un recorrido histórico que continúa con el momento fundamental de la Romanización (6) y la llegada de los pueblos germánicos y árabes, cuyas aportaciones son notables en la toponimia y en la onomástica. No obstante, tras la Romanización, el momento decisivo para comprender nuestra identidad y realidad lingüística es La Reconquista. Según Manuel Ariza, en este momento podemos decir que verdaderamente se inicia la historia de la variedad lingüística extremeña, cuyos rasgos se explican por la forma en que se llevó a cabo la repoblación del espacio que hoy ocupa la Comunidad.
Es importante que nuestros alumnos conozcan que el propio nombre de la Comunidad Autónoma, “Extremadura”, procede de este momento histórico. Para algunos autores el topónimo designa los “extremos del Duero”, aunque esta teoría es rebatida por Gonzalo Martínez Díez, quien señala que el término surgió como un nombre abstracto derivado de “extremo” con el sufijo vulgar -ura. Para este autor el término tenía el sentido de “tierra fronteriza” y en su origen va peregrinando de unas zonas a otras, de norte a sur, siguiendo el avance de la Reconquista, hasta fijarse en la actual Comunidad Autónoma que lleva este nombre (7). Manuel Ariza explica cómo para la etimología popular, sin ningún fundamento científico, el topónimo contiene las ideas de “tierra de extremas temperaturas” y “dura, difícil de cultivar”. El profesor se inclina por la procedencia “Extremus Dorii” (8).
El hecho de que la Reconquista y Repoblación se llevaran a cabo en diversas fases y por gentes de variedades dialectales distintas, castellanos y leoneses, ha tenido influencia en las diferencias lingüísticas dentro de la propia región. En sendos estudios monográficos sobre el tema, Ángel Bernal Estévez (9) y Juan Luis de la Montaña Conchina (10) han analizado cómo se fue poblando y conformando la región entre los siglos XIII y XV. Analizando la población del espacio que hoy conocemos como Extremadura, Ángel Bernal concluye que existía un gran despoblado en una franja vertical al este que iba desde el Valle del Jerte a la Serena. Como señala el autor, “nos encontramos aquí con un gran desierto demográfico, salpicado de torres vigías o castillos defensivos, que definen la zona como marginal y fronteriza dentro del reino aftasí” (11). De la segunda mitad del siglo XII a 1212 la Reconquista avanza hasta el Tajo. Las zonas más al este de Extremadura son repobladas por gentes venidas de Castilla. Para facilitar las tareas repobladoras se funda la ciudad de Plasencia con colonos venidos de la vecina Ávila a través del corredor del Valle del Jerte (12). Como señalan los dos investigadores, al lado de los pobladores cristianos se asientan también importantes colectivos mudéjares y judíos (13). Alrededor de Plasencia, fundada en 1181, se van consolidando pequeños núcleos rurales en los valles del Ambroz, Jerte y en la Vera que han pervivido hasta nuestros días. Después de la batalla de las Navas de Tolosa (1212) se da un nuevo avance en la Reconquista, esta vez por parte del reino de León. Una vez que los cristianos consiguen llegar al Guadiana, la Reconquista avanza en gran medida por el papel desempeñado por las Órdenes Militares que facilitaban y organizaban la repoblación de las diferentes zonas (14).
En este momento histórico fundamental se da la convivencia de cristianos, judíos —que se asentaban sobre todo en las poblaciones del norte— y musulmanes, más numerosos en la mitad sur (15). Como explica Alberto González Rodríguez, muchos núcleos de población eran ocupados por los cristianos una vez que los árabes se habían marchado, pero en otros casos los árabes permanecían en el lugar, eso sí, privados de sus casas y bienes. El investigador ofrece ejemplos como Magacela, Quintana, Zafra y Hornachos, entre otros (16). Juan Luis de la Montaña, por su parte, afirma que “la colonización cristiana no supuso una imposición ni una ruptura con las formas de vida desarrolladas por judíos y musulmanes que permanecieron al frente de sus propiedades tras la conquista. Casas viviendas, tierras y actividades fueron generalmente respetadas” (17). El estudio de la toponimia es de gran ayuda para rastrear la influencia que dejaron los árabes en la región (18).
Este breve recorrido histórico muestra que Extremadura queda situada entre dos áreas de influencia y que la lengua comparte rasgos castellano-leoneses y rasgos meridionales. El problema, como apunta el profesor Ariza, es “precisar el origen de un hecho lingüístico por coincidir el leonés y el castellano en su empleo” (19). De ahí que, como dijimos, el extremeño haya sido considerado tradicionalmente habla de “tránsito” (20). Por otro lado, la situación geográfica de Extremadura explica que la influencia del portugués se proyecte en zonas fronterizas de la región. En este sentido, hay que citar enclaves importantes como la comarca de Trevejo, en la zona noroeste de Cáceres, donde se habla el “mañego”, y la zona de Olivenza, población que ha pertenecido unas épocas a Portugal y otras a España.
Consideramos importante proporcionar estas breves notas históricas a nuestros alumnos de E/LE a fin de que lleguen a comprender y situar en su contexto las peculiaridades histórico-geográficas que explican la variedad extremeña. Una vez hecho esto, podemos analizar sus rasgos lingüísticos (21).
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