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Ética de la imperfección y control de las políticas científicas en la controversia sobre la clonación - Ética de la imperfección y control de las políticas ci

Artículo creado por Francisco Fernández Buey. Extraido de: http://www.lainsignia.org
13 de Diciembre de 2005
Investigación y desarrolloFísica

1 - Ética de la imperfección y control de las políticas ci

De todos los problemas bioéticos planteados por la ingeniería genética hay uno que se ha convertido últimamente en el centro del debate público: el de la clonación.

La clonación es una forma de reproducción no sexual, que se da naturalmente en muchas plantas junto a la reproducción sexual y que, a diferencia de esta última, produce copias genéticas exactas de la planta originaria. Se basa en la capacidad de germinación de las células diploides normales, que en condiciones adecuadas empiezan a retoñar (reproducción por esquejes). Los ejemplos más conocidos son las patatas y las fresas. La etimología del término 'clon' alude a esqueje o retoño y la biología define 'clon' como un grupo de organismos de idéntica constitución genética que proceden de un único individuo mediante multiplicación asexual y que son iguales a él.

A los animales en general les está vedada esta reproducción alternativa, con la excepción de algunas especies menores. Pero el conocimiento detallado de la estructura del ADN ha permitido en estos últimos años desarrollar técnicas de laboratorio para producir una copia exacta de organismos animales. Las dos técnicas principales de clonación son: por separación de embriones y por transferencia nuclear. Esta última es la técnica que ha permitido clonar en 1997 la oveja Dolly. El procedimiento consiste en la introducción del núcleo de la célula corporal correspondiente en un óvulo previamente desnucleado de la misma especie que desde ese momento se comporta como si estuviera fertilizado. Metafóricamente este proceso es el de "un príncipe químico que despierta con un beso a las partes del núcleo cromosómico que duermen el sueño de la bella durmiente" (Hans Jonas).

Desde hace unas décadas se han desarrollado varias técnicas para lograr animales clónicos. Los primeros experimentos se hicieron con ranas. Se extrajo el núcleo de células de los intestinos de una rana, éste se inyectó en el citoplasma de un óvulo sin núcleo y a partir de ahí se obtuvieron los primeros animales clónicos. Más adelante se logró insertar el gen de la hormona del crecimiento de una rata en óvulos de la hembra del ratón fecundados obteniendo como resultado un ratón clónico que crecía el doble que sus congéneres. Casi simultáneamente se logró en Oregón el nacimiento de monos clónicos y la clonación de una oveja en Escocia con dos técnicas diferentes. En el primer caso los monos fueron clonados a partir de células embrionarias. En el segundo a partir de una célula madre que procede de un animal adulto.

El procedimiento desarrollado por Ian Wilmut, del Instituto Roslin de Edimburgo, dado a conocer en febrero de 1997, consiste en extraer una célula de la ubre de una hembra adulta de la especie y unirlo con un óvulo de otra del que se había eliminado previamente todo el material genético; la fusión se logra mediante descargas eléctricas y así se consigue un "óvulo reconstruido" en laboratorio para implantarlo en una tercera oveja que llevara a cabo la gestación. El proceso para lograr esto fue largo: se necesitaron 277 fusiones de ovocitos con células mamarias.

Es el primer caso de fabricación artificial de un animal grande que nace de la célula de otro adulto y que es genéticamente idéntico a su madre. Hablando en términos tradicionales se trata de una reproducción asexual en la que Dolly, que es una réplica exacta de su primera madre, tiene en realidad tres madres. Ni siquiera se tiene seguridad sobre su edad: tiene el aspecto de una oveja de siete meses, pero la célula a partir de la cual fue creada pertenecía a un animal de seis años, así que Dolly podría tener seis años y medio. Durante el mismo año 1997 el grupo de Wilmut obtuvo otras seis ovejas clónicas por transferencia de núcleos de fibroblastos fetales primarios.

Inmediatamente después se supo que en 1993 el doctor Jerry Hall, de la Universidad George Washington había conseguido embriones humanos clónicos mediante la división artificial de un óvulo fecundado. Los embriones humanos no llegaron a desarrollarse. Hall declaró que si los embriones humanos clónicos se hubieran desarrollado los habría destruido. Pero la nueva técnica utilizada por Ian Wilmut en Edimburgo ha desatado las especulaciones sobre la posibilidad inmediata de clonar humanos. El propio Wilmut ha declarado que la clonación de seres humanos siguiendo la técnica utilizada en el caso de la oveja Dolly (tomar una célula de un humano adulto y usar su ADN para obtener una persona genéticamente idéntica) "puede ser posible en menos de dos años. No hay razón biológica para que los seres humanos no puedan ser clonados". De hecho, a partir de 1997 se han obtenido individuos clónicos a partir de células diferenciadas en otras especies de mamíferos, como ratones y vacas, lo que parece haber confirmado científicamente la técnica empleada en Edimburgo.

La gran mayoría de los biólogos y genetistas consultados desde febrero de 1997 coinciden. En el mismo sentido se han pronunciado Patrick Dixon: "Ahora es potencialmente posible producir réplicas de cualquier ser humano viviente". Lee Silver, de la Univesidad de Princeton, ha afirmado: "Lo que parecía cosa de ciencia ficción resulta ya posible antes del año 2000". Sobre este punto no parece haber ya ninguna duda. Pronto se desataron las especulaciones sensacionalistas. En marzo de este año el diario británico Sunday Times revelaba que la bióloga belga Martine Nijs había creado por accidente (al frotar un cigoto congelado) el primer clónico humano en el laboratorio del Hospital Van Helmont. El niño clónico tendría ya cuatro años. Esa noticia fue desmentida inmediatamente por responsables del hospital belga.

Desde el punto de vista meramente técnico el problema más importante del procedimiento empleado para la fabricación clónicos tipo Dolly es que no hay manera de eliminar los errores genéticos naturales contenidos en las células del organismo y evitar que estos errores se reproduzcan en la clonación. Ian Wilmut ha declarado recientemente que eso es lo que habría que tener en cuenta cuando se habla de clonación de personas humanas.

La reacción de los científicos ante la posibilidad inmediata de la clonación de humanos ("¿debe hacerse lo que puede hacerse?") no es unánime. Hay opiniones muy diferentes. Renato Dulbecco, Premio Nobel de Medicina y autor de un interesante ensayo sobre medicina y ética, ha declarado que "es un error excluir a priori el realizar experimentos de clonación con humanos", porque esta técnica podría ser muy útil para solucionar problemas tan significativos como los transplantes. Pero la mayoría de los expertos han sido más moderados. Bob Edwards, responsable del nacimiento del primer bebé probeta, es más ambiguo: "Estoy en contra de experimentar con la vida, a no ser que haya buenas razones para ello". El propio Ian Wilmut empezó siendo muy tajante en esto: "Yo no aceptaría la clonación de seres humanos bajo ninguna circunstancia, ni siquiera la más desesperada. Imaginar la clonación de humanos es una idea de enfermos, sería inmensamente triste y macabro". La reacción más unánime en contra hasta ahora en la comunidad científica se ha dado en Alemania, donde ocho premios Nobel pidieron en marzo de 1998 la prohibición de la clonación a nivel mundial.

Por el momento ésta es también la opinión de la mayoría de las instituciones internacionales, de los gobiernos, de las iglesias y de la opinión pública. La UNESCO, la Unión Europea, el Vaticano, los parlamentos de Alemania e Italia y el Congreso de los EE.UU. se han pronunciado, con matices diversos, en contra de la clonación de humanos. Pero la prohibición que proponen es matizada y con diferencias. El presidente norteamericano Clinton limitó la prohibición a los establecimientos públicos. El gobierno italiano ha prohibido todo experimento sobre clonación en humanos y animales. El ministerio alemán de investigación ha pedido una prohibición generalizada de ámbito mundial.

Por otra parte, le legislación penal vigente en los distintos países o no contempla todavía de manera explícita la circunstancia de la clonación de humanos o, cuando entra en estos asuntos, difiere mucho acerca de las penas aplicables. El código penal español, en vigor desde hace muy poco tiempo, prevé castigar con penas de uno a cinco años (que no se cumplirán si el acusado carece de antecedentes) la creación de seres humanos idénticos por clonación. Una legislación parecida existe actualmente en Alemania. El término clonación no aparece en la legislación penal francesa. La forma de redacción de la legislación británica (que prohibe reemplazar la célula de un embrión con el núcleo extraído de la célula de otra persona o embrión) deja resquicios legales parecidos a los que han permitido en el Reino Unido la creación de Dolly.

Encuestas de urgencia realizadas en EE.UU. en el momento en que se dio a conocer la clonación de la oveja Dolly dicen que el 93% de los ciudadanos está en contra de la clonación humana y el 90% la considera moralmente inaceptable. Los porcentajes se sitúan en EE.UU. alrededor del 50% cuando se pregunta acerca de clonación de animales (un 56% dice que jamás comería carne de animales clonados) y descienden por debajo del 50% cuando se trata de distintas plantas transgénicas que pueden consumirse ya o estarán pronto en el mercado (pero en los dos últimos años la comercialización de alimentos transgénicos tanto en EE.UU. como en la Unión Europa ha abierto un nuevo frente a la controversia). El 91% de los encuestados en Norteamérica dice que no aceptaría ser clonado si se le diera la oportunidad, pero el 45% de los encuestados se declara a favor de utilizar órganos humanos clonados en transplantes. Este último dato, comparado con los otros, es muy relevante, para la discusión ético-jurídica que vendrá, como ha puesto de manifiesto Lee Silver en Vuelta al Eden.

Más unánime que la de los científicos es la opinión entre los éticos y filósofos morales. Con razones distintas Hans Jonas, Ronald Dworkin, Rocco Buttigione (filósofo italiano asesor de Juan Pablo II) y Munawar Anees (director de la publicación Islámica Periódica) coinciden en esto. Anees piensa que la clonación choca con el paradigma coránico de la creación humana para el cual el cuerpo es un tesoro de Dios; la clonación sería un abuso de la confianza de Dios que sólo puede llevar a la catástrofe. Rocco Buttigione argumenta que la clonación choca con el concepto cristiano de la dignidad de la persona caracterizada por ser producto del amor, la responsabilidad y la familia. Dworkin argumenta que, independientemente de que pensemos que la vida es valiosa como creación natural o como autocreación personal y cultural, podemos coincidir en que la naturaleza tiene un poder normativo especial que nos lleva a rechazar la idea misma de clonación. Hans Jonas defendió, ya en la década de los ochenta, que con la clonación de humanos se rompería la idea de unicidad de la especie y que el nombre mismo de "hombre" se volvería ambiguo, que la existencia de la humanidad por sí misma pierde su razón ontológica.

Previsiblemente la controversia pública sobre la clonación de humanos (o de partes de humanos) en los próximos tiempos tendrá que tener en cuenta los siguientes factores:

1º La posibilidad de utilizar órganos humanos clonados en transplantes y en el tratamiento y curación de enfermedades como el SIDA y el cáncer. En este sentido todo indica que la opinión pública tenderá a evolucionar a favor de una legislación permisiva. El dato de las encuestas actuales en EE.UU. ya es revelador.

2º La presión interesada de la gran industria biomédica favorecida por la legislación vigente sobre patentización de organismos vivos. En el caso de la clonación de animales se añade, además, el interés de las empresas ganaderas y de la alimentación. La patente del procedimiento por el que se llegó a la clonación de Dolly estaba ya en trámite en 1999 y probablemente habrá sido aceptada en un plazo muy breve. La mercantilización de la ciencia juega también a favor de una legislación ambigua y permisiva.

3º Las dificultades (económicas, políticas, culturales) para lograr a corto plazo una legislación mundial unificada sobre clonación en la línea propuesta por el parlamento alemán y el carácter de la legislación penal existente (menos restrictiva, por ejemplo, que la medioambiental, que ya permite calcular que los costes penales son menores que los beneficios que pueden obtenerse).

Las actuales diferencias son significativas, sobre todo si se tiene en cuenta que se está hablando de la posibilidad clonación de humanos para un plazo tan corto como un par de años. Es posible que esto último sea una exageración, pero, en cualquier caso, antes de que exista una legislación prohibitiva mundial al respecto hay tiempo para hacerlo. Y hay científicos con conocimientos para hacerlo y favorables a ello, o cuya opinión puede variar a favor por presión de los otros factores, en los próximos años.

Es verdad que frente a esta perspectiva está la Declaración de la UNESCO sobre el genoma humano aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1997, pero, por otra parte, es cosa generalmente admitida que también las naciones-estado se hayan hoy sometidas a fuertes presiones de las grandes empresas transnacionales y que esta presión no sólo condiciona la legislación internacional sino que la bordea u orilla convenientemente.

4º La ausencia por el momento de una organización mundial de científicos responsables contraria a la clonación. El frente opositor que se constituyó en Asilomar, en 1975, frente a lo que entonces se preveía que iba a ser la línea principal de la ingeniería genética, quedó roto en la década de los 80. Desde entonces los genetistas y biólogos partidarios de moratorias o medidas restrictivas precisas en este campo son minoría en los congresos internacionales. La fragmentación de las investigaciones, por motivos analíticos, tan importante desde el punto de vista científico, ha tenido, también en esto, consecuencias negativas para la actuación conjunta o coordinada en la valoración de los posibles efectos o consecuencias negativas de lo que se está haciendo. Y las declaraciones genéricas de científicos en los medios de comunicación, al hilo de tal o cual noticia inmediata, tienen menos importancia práctica que las actuaciones derivadas de la fragmentación.

5º Tampoco existe por el momento una opinión pública organizada en asociaciones nacionales e internacionales, ni institucionalmente ni fuera de las instituciones, en contra de la clonación en general y de los experimentos con materia orgánica humana en particular. No hay formación de la opinión pública a través de los medios de comunicación existentes. Y los pocos programas de televisión que se dedican a este tema se emiten en franjas horarias en las que la audiencia es bajísima.

6ªLa diferenciación radical entre un sí a la clonación de animales (que incluye vertebrados superiores) y un no a la clonación de humanos se basa por lo general en la creencia tradicional de que hay un abismo ontológico entre el animal humano y todos los demás animales, pero esta creencia ha quedado muy diluida a partir de los estudios etológicos, ecológicos y antropológicos contemporáneos, como se ve en los discusiones éticas actuales sobre los derechos de los animales [Cavalieri-Singer; Ferrater-Cohn]. Se impone la idea de un continuo evolutivo entre diferentes especies animales hasta llegar a la especie homo sapiens.

Todos estos factores apuntan, en el tema de la clonación, hacia un estado de necesidad en el que la curiosidad científica se junta con el interés terapéutico y con la mercantilización de la investigación frente a una ética de mínimos. En estas condiciones la gente se acostumbra a aprender a partir del choque con los hechos consumados. La legalización de la clonación de embriones humanos con fines terapéuticos (que es la política de la Unión Europea) y la diferenciación entre experimentos realizados en instituciones públicas e instituciones privadas son las puertas por las que va a entrar el hecho consumado. A partir de ahí previsiblemente cambiará también la opinión sobre la clonación de humanos.
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