Es la percepción, retención y reproducción de un número limitado de detalles que provienen de un contexto más amplio. Este mecanismo provocada la retención selectiva de palabras extrañas o llamativas, modifica la dimensión relativa de los objetos descritos, produce cambios en los movimientos incluidos en el relato, etc. Consiste por ejemplo en relatar una conversación pasada acentuando alguna palabra o frase que nos ha resultado llamativa, o en modificar la línea de la conversación en función de nuestras convicciones.
En la cena que la dirección de la empresa ofrecía a todos sus empleados por Navidad, el Director General acostumbraba a clausurar el evento con un discurso. Empezaba por la alegría de estar todos reunidos en esta celebración, seguía por las felicitaciones por haber un año más superado los objetivos y, tal vez por esta tendencia que tienen los oradores a no saber acabar, seguía con "simples recomendaciones sin importancia" como pensar a apagar las luces del vestuario de la empresa al salir "porque la luz es dinero y varias veces la encuentro encendido", o bien algo similar.
Al dia siguiente, cuando un empleado comentaba la cena con algún compañero ausente, algún proveedor o cliente de confianza, resumía así el evento: "bueno, nos ha pagado una buena comida para echarnos mejor el puro de las luces al final". Todo lo demás se había perdido.