En las obras amparadas bajo la fetichización de la escritura se recrea, parodia y reelabora la lengua culta, escrita o literaria, se trata de textos en los que se excluye de manera implícita y explícita a quienes no forman parte de la "ciudad escrituraria". En estas obras los miembros de las comunidades orales no son admitidos como personajes (a menos que se trate de figuras poco enaltecedoras que a través de su presencia sólo cumplen la función de reivindicar los valores de los miembros de la "ciudad letrada") ni mucho menos como lectores, puesto que se trata de obras escritas por y para lectores de literatura (a pesar de que dicho requisito tampoco se enuncie de manera explícita).
Algunos novelistas colombianos inscritos en la "ciudad letrada" —por ejemplo Ricardo Cano Gaviria— se jactan de ser hombres eminentemente "metaliterarios". Para él no cuentan tanto las experiencias de la vida cotidiana como las experiencias "estéticas":
El imaginario de un autor se forja a través de sus lecturas... y así ocurren cosas muy curiosas: que gracias a Turgueniev o a Gogol o a Dostoievsky yo como colombiano siento que tengo más cerca las estepas rusas que las cordilleras de Boyacá... Hay que precisar que esta manera de ver las cosas es la de un escritor metaliterario, que considera que, en la mayoría de las veces, cuenta más ese tipo de experiencia mediatizada que es la de la lectura que la experiencia directa, la que viene de la vida real. Quiero decir que, a la hora de escribir un relato o una novela, seguramente lo que más cuenta en mí es el recuerdo de una lectura que el de un hecho vivido, porque como experiencia fue más intensa la lectura. (Cano - García. 2002: 67).
Estos novelistas todavía le apuestan al "arte por el arte", practican lo que Néstor García Canclini concibe como "estética incestuosa":
El arte por el arte es un arte para los artistas. A fin de participar en su saber y en su goce, el público debe alcanzar la misma aptitud que ellos para percibir y descifrar las características propiamente estilísticas, debe cultivar un interés puro por la forma, esa capacidad de apreciar las obras independientemente de su contenido y su función. Quienes lo logran exhiben, a través de su gusto "desinteresado", su relación distante con las necesidades económicas, con las urgencias prácticas. Compartir esa disposición estética es una manera de manifestar una posición privilegiada en el espacio social, establecer claramente "la distancia objetiva y subjetiva respecto a los grupos sometidos a esos determinismos" (Néstor García Canclini, en la Introducción a Sociología y cultura. Pierre Bourdieu. 1990: 24).
Para los novelistas amparados bajo los preceptos de la "ciudad letrada" el interés fundamental consiste en ser leídos y consagrados en Europa antes que en América Latina o en su país de origen:
Mientras los escritores europeos hablan para sus lectores desinteresándose de los marginales extra-europeos, los escritores de estas regiones siguen añorando la lectura eurocentrista como la verdadera y consagratoria... siguen certificando, en pleno siglo XX, la conciencia del letrado de que está desterrado en las fronteras de una civilización cuyo centro animador (cuyo lector también) está en las metrópolis europeas.
Estos ejemplos apoyarían la comprobación de que la ciudad letrada no sólo defiende la norma metropolitana de la lengua que utiliza (español o portugués) sino también la norma cultural de las metrópolis (Rama. 1982: 52).
No se trata de ninguna manera de escritores de "literatura menor" del tipo Kafka, sino que, al contrario, a estos artistas los consume el deseo de fama internacional que se asemejaría más a los sueños que con toda seguridad iluminaron las noches de Shakira o de Juanes cuando todavía no habían sido consagrados por el público y lo sellos discográficos que los respaldan.
Desde la perspectiva de análisis propuesta por Luz Mery Giraldo en Las ciudades escritas, los miembros de la "ciudad letrada", los promotores de la "fetichización de la escritura", se instalarían en lo que ha denominado espejo ausente:
La idealización de ciudades como París, Londres, Madrid, responde a una idealización, a una aspiración, a un sueño... a un imaginario y a un referente que como identidad se construye ocultando o enmascarando la propia identidad, la no deseada. La ciudad concebida de esta manera debe entenderse... como un espejo ausente. Su construcción y aspiración obedece a la búsqueda de un origen fundacional del cual enorgullecerse, de una identidad con la cual identificarse de manera profunda. Al negar la condición valorativa de América por sí misma y asimilarla a los conceptos de bárbaro y salvaje, se explica la vergüenza ancestral y se ratifica la negación de los valores propios... la imitación y la asimilación -real o ficticia- de unos modelos ideales.1
Si en la obra de los narradores de la transculturación es clara la ficcionalización de la oralidad, en los novelistas que se instalan bajo los preceptos de la ciudad letrada es evidente la fetichización de la escritura, una propuesta que se ha ido incrementando con el transcurrir del tiempo en la narrativa colombiana y que motiva a los novelistas a la práctica de la simulación y el pastiche de las obras o del estilo de los escritores europeos que más admiran; se eternizan, entonces, generación tras generación, los cultos estéticos celebrados en honor a las grandes figuras de la literatura del siglo XIX y comienzos del XX por escritores colombianos que sueñan con ser confundidos con ellos cuando se piense en su "sensibilidad" y en la "calidad estética" de sus obras; después de tanto intentarlo no ha surgido la reencarnación de Baudelaire o de Proust, por ejemplo, sino que, al contrario, se ha dado vida a lo menos enaltecedor del Arte: la cursilería o lo Kitsch:
A menudo lo kitsch no es sino "una escapada al idilio de la historia donde todavía son válidas las convenciones establecidas... El kitsch es el modo más simple y directo de disparar esta nostalgia"... lo kitsch adelanta claramente ciertas necesidades emocionales que generalmente se asocian con el concepto de mundo romántico. En gran medida podemos considerar lo kitsch como una forma vulgar del romanticismo...
Lo kitsch, barato o caro, es sociológica y psicológicamente la expresión de un estilo de vida, es decir, el estilo de vida de la burguesía o de la clase media... Aunque el kitsch vaya unido a la búsqueda de status tendrá la función -que es psicológicamente más importante- de proporcionar unas huida ilusioria de la banalidad y la insignificación de la moderna vida urbana. En cualquier forma o combinaciones, lo kitsch es relajante y agradable. El deseo-cumplido contenido en este placer enfatiza su origen activo, el miedo al vacío que el kitsch intenta mitigar. Desde este punto de vista el kitsch es una respuesta al extendido sentido moderno del vacío espiritual: rellena el vacío tiempo libre con "diversión" o "excitación" y "alucina" los espacios vacíos con un conjunto infinitamente matizado de "bellas" apariencias (Calinescu. 1987: 223-245).
Los novelistas colombianos que fetichizan la escritura y la cultura europea asumen que al considerar la literatura como expresión nacional, o de lo nacional, lo único que lograrían sería limitar la creación artística y sus resultados estéticos; para ellos la literatura surge de la literatura misma, de lo ya escrito, y más que afirmar experiencias e interpretaciones sobre el presente, definen como fin primordial el hecho de compenetrarse con las obras y los temas más representativos de la literatura europea de corte aristocrático para luego dar cuenta de este proceso en sus propias obras, la mayoría de las veces de manera falseada.