Filosofía y Arquitectura - La Nueva Ciencia y el espacio en la Modernidad

4 - La Nueva Ciencia y el espacio en la Modernidad

Artículo creado por Roberto Goycoolea Prado. Extraido de: http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/contenidos.html
10 de Junio de 2006

La necesidad de explicar racionalmente las contradicciones entre las concepciones religiosas aceptadas y las conclusiones físicas y metafísicas contrarias al dogma, que paulatinamente se irían deduciendo de los artículos condenados en París y del desarrollo de una filosofía más nominalista, llevaría a diferenciar claramente entre la teología (lo dado por revelación sobrenatural) y la filosofía (lo que la razón alcanza naturalmente).

La Fe optaría por la metafísica y el positivismo naturalista del primer Renacimiento encontraría en el nominalismo una filosofía con que oponerse al realismo medieval.  

"El conocimiento en el hombre, escribía F. Bacon, es como las aguas: algunas descienden desde lo alto y otras surgen desde abajo; el uno es obtenido por la luz natural, el otro inspirado en la revelación divina. La luz natural consiste en nociones propias de la mente y en datos de los sentidos; el conocimiento que el hombre recibe mediante el aprendizaje, es conocimiento acumulado y no original; como sucede con el agua que, aparte de su fuente original, es alimentada con otras fuentes y corrientes. Así pues, de acuerdo con estos dos distintos orígenes, el conocimiento se halla dividido, ante todo, en Teología y Filosofía" (11). 

Liberada de la tradición religiosa la filosofía indagaría en sus propios principios, definiendo las bases epistemológicas de la Nueva Ciencia: Las matemáticas como ideal y la verificación empírica de las hipótesis. Se incentivó así una investigación cada vez más independiente de dogmas, de verdades reveladas y de todas aquellas hipótesis de la física tradicional que no fuesen susceptibles de verificación empírica. El resultado más importante de estos estudios fue considerar el Cosmos como una máquina perfecta cuyas partes se conectan por una sucesión infinita de causalidades necesarias.

Esta manera original de comprender el mundo se manifestaría en una arquitectura caracterizada por lo siguiente: 

a. ORDEN RACIONAL DEL ESPACIO ARQUITECTÓNICO.  

La Nueva Ciencia definió el espacio como un ente infinito estructurado según las leyes absolutas de las matemáticas. Autores como León Battista Alberti, Luca Pacioli, Sebastián Serlio, F. Colonna, Paladio, entre otros, afirmaban que la naturaleza de la arquitectura se encontraría en el número o en su esencia numérica (fig. 9). Los recuperados escritos de Vitrubio, al postular la proporción (entendida como relación matemática entre las partes) como base de la belleza, se utilizarían para contrastar esta teoría.

Es cierto que el gótico también emplea el número (la geometría) como base de la definición del espacio religioso (diseño ad cuatratum, por ejemplo), pero su utilización es distinta en el humanismo. Aquí el número se entiende mucho más como una relación abstracta absoluta y con valor en sí misma, aunque de origen divino, que como la simbolización de la perfección divina. De ahí el énfasis de los maestros renacentistas en la regularidad y sus críticas a la falta de racionalidad de los interiores góticos: "Los edificios de la época de los Godos carecen de cualquier gracia, no tienen estilo alguno [...] Y los Alemanes, cuyo estilo (gótico) se mantiene todavía en muchos lugares, usan con frecuencia como ornamento cualquier figurita agazapada mal hecha y peor aún entendida como ménsula para sostener una viga, y otros extraños animales, figuras y follaje fuera de toda razón"(12). 

b. VALOR SIMBÓLICO RACIONAL DEL ESPACIO.  

Con la racionalización de los procesos de definición del espacio físico cambió la función simbólica de los elementos arquitectónicos. Esta se apoyaría, sobre todo, en razones morfológicas más que teológicas. Fueron los cuerpos geométricos de mayor regularidad (los de mayor capacidad por área de superficie limite o por longitud de perímetro, los construibles con un menor número de elementos, etc.) los que simbolizaron los ideales del humanismo (fig. 10). En los dibujos renacentistas el hombre ya no se inserta en las plantas en forma de cruz latina de las iglesias sino en abstractos círculos y cuadrados (fig. 11) (fig. 12). La preponderancia de los aspectos racionales en la construcción del espacio sobre los funcionales queda claramente demostrada en el hecho que la iglesia de planta central, típica del Renacimiento, se adaptaba mal a la liturgia imperante (fig. 13). Asimismo la luz, el elemento escolástico por excelencia de la simbolización divina, fue transformada por la nueva orientación del pensamiento en luz natural. Las iglesias del humanismo ya no están llenas de la luz divina tamizada por las grandes vidrieras góticas, sino que poseen una luz terrenal explotada en sus propiedades físicas para lograr los efectos plásticos o simbólicos deseados. El control de la luz que Vignola y Della Porta realizan en la Iglesia de Il Gesú en Roma (1550), concentrándola bajo la cúpula para crear un foco de atención único, implica una manera de operar con la luz desconocido en los interiores góticos. 

c. ESPACIO HOMOGÉNEO E INFINITO.  

El espacio ya no es direccional, jerarquizado ni orientado (en el sentido mítico del termino). Se presenta homogéneo e infinito. Equivalente en sus cuatro direcciones y con una estructura regular sustentada en las leyes matemáticas de la geometría y la dinámica. En el Festín de Herodes del Baptisterio de San Giovanni en Roma (c. 1425), oponiéndose a la norma medieval que situaba la escena principal de un cuadro abarcándolo completamente, Donatello deja el centro vacío y, como apunta Janson, "el movimiento centrífugo de las figuras nos persuade que el espacio pictórico no termina en el panel sino que continua indefinidamente en todas direcciones; el cuadro es sólo una ventana a través de la cual vemos un segmento particular de una misma realidad" (13).

Con estas propiedades el espacio no podría cumplir ningún papel como causa final, como pensaban los escolásticos. El rol del espacio se limitaría a recibir todo lo corpóreo y permitir su movimiento. Desde esta perspectiva el espacio arquitectónico se podría entender como un ente homogéneo que actúa a manera de receptáculo de los elementos arquitectónicos y permite sus movimientos (construcción, transformación, desplazamiento, etc.), pero que no impone condición alguna a los cambios de lugar. Todo cuerpo puede ser y situarse en cualquier punto del espacio, siempre que respete las leyes del mecanismo universal. Roma es un claro ejemplo de la transformación en la conceptualización del espacio. El espacio de la ciudad imperial está jerarquizado (el Palatino es el lugar de los palacios patricios y el Trastevere de las viviendas populares), en cambio, en la Roma renacentista el urbano es homogéneo (palacios e iglesias se distribuyen en la ciudad sin ocupar un área especifica).

En los proyectos teóricos de la época se observa con mayor claridad esta concepción homogénea y racional del espacio. La ciudad de Sforzinda (h. 1460) proyectada por Filarete posee una estructura regular donde su autor sitúa las Iglesias "según el lugar en que mejor nos parezcan que están" (14). El templo no tiene como en el medievo un lugar predeterminado en el espacio. Se sitúa según el parecer del arquitecto, o sea según la racionalidad del individuo e independiente de cualquier causa final (fig. 14). 

d. UNIFORMIDAD DE LAS LEYES ESPACIALES.  

Esta idea, consecuencia necesaria de la anterior, implica que toda obra de arquitectura está compuesta de unos mismos elementos básicos y unas únicas leyes generales. En la Iglesia de San Lorenzo de Brunelleschi en Florencia (1421-69) el espacio y todos los elementos arquitectónicos importantes están sujetos a las mismas reglas, las de la verdadera proporción, o sea las relaciones espaciales expresadas en números simples. Asimismo el exterior de las iglesias, por lo general bastante desatendido por el gótico, excepto en los pórticos, cobra mayor valor en sus relaciones con el espacio urbano. Uno de los primeros arquitectos renacentistas que asigna tanta importancia el edificio como al espacio que lo rodea sería Bramante. El diseño original para el Tempietto en San Pietro in Montori en Roma consideraba una columnata alrededor del templo circular que, por decirlo de algún modo, lo situaba en el entorno preciso. La obra ya no aparece como objeto suficiente en sí mismo, sino como algo que varía según su situación espacial (fig. 15). 

e. CONTRASTACIÓN EMPÍRICA DE LAS HIPÓTESIS.  

Antes de ser considerada operativa toda hipótesis sobre el espacio arquitectónico debe ser contrastada empíricamente. En el proyecto de Leonardo da Vinci para la reestructuración urbana de una ciudad, probablemente Milán (h. 1485), las soluciones presentadas no son resultado de razonamiento geométricos abstractos o de principios absolutos, como en las ciudades de Platón, sino respuestas a hechos factuales, por ejemplo, las escaleras públicas deben ser de caracol y estar en las esquinas "pues en los rincones de las manzanas se orina y se defeca" (15).

En estas propiedades del espacio humanista subyace la idea de un mundo que existe por si mismo y que, en principio, se puede explicar mecánicamente. De aquí que Hobbes, equiparando la substancia corpórea a la mental, propusiese que todo conocimiento, tanto los del mundo como los de la mente, implica y se explica mediante el movimiento. Frente a posturas como las de Hobbes (comunes al pensamiento filosófico de la época) se criticó que la regularidad de las teorías matemáticas no era siempre contrastada por la experiencia, que observaba como podía ser alterada por las condiciones particulares del sujeto que las observa. Con ello se definiría la principal característica del pensamiento moderno: La realidad existe mediatizada por el sujeto pensante.

En la filosofía antigua tanto los entes naturales como, una vez producidos, los creados por el hombre, existen con independencia del pensamiento. "No es el pensar el que crea la verdad, solo la descubre: la verdad existe, pues, en sí misma aun antes de que sea descubierta", afirmaba San Agustín. En cambio para la filosofía moderna no solo los estados psíquicos sino también los objetos externos son "pensantes"; son representaciones y como tales existen en cuanto existe el pensar. Descartes concretizaría que el pensamiento es lo único de los que tenemos conciencia (certidumbre). El mundo se incluye en el sujeto y los pensamientos se presentan como origen de todo conocimiento.

En esta línea de investigación destacan los intentos por definir el espacio arquitectónico a partir del sujeto que los experimenta. Tras subir las imponentes escaleras de la plaza del Campidoglio de Miguel Ángel en Roma (1545) el visitante se encuentra con un espacio diseñado para lograr una serie de efectos visuales determinados, como el realce de la estatua ecuestre de Marco Aurelio o la sensación de mayor tamaño del Palacio Senatorial lograda por la orientación de los edificios laterales (fig. 16). El espacio no está pensado como algo absoluto, válido en sí mismo, sino como un espacio particular diseñado a partir de la visión que un hipotético espectador tendrá de él. Y se utilizan las leyes matemáticas de la perspectiva para lograr los efectos perceptuales deseados.

Sin embargo, por mucho que se considere que solo se tiene conciencia de los entes mentales individuales resulta innegable, como el propio Descartes reconocía, que existe una realidad común: la que se percibe por los sentidos y se conoce por el pensamiento.

Dos corrientes filosóficas principales tratarían de resolver la relación entre las representaciones mentales y la realidad externa a la mente que plantea como problema la filosofía idealista. Cada una de ellas dio una respuesta diferente al concepto de espacio en el marco de la solución al problema planteado: 

  1. Para el racionalismo existían, independientes, el mundo de la razón y el mundo extramental. La relación entre ambos estaría asegurada por la existencia de un principio único (unidad del principio supremo, generalmente de carácter divino) cuya esencia son los principios matemáticos. Principios innatos en el hombre e inherentes al mundo extramental. Fuera de la mente existiría el espacio y cuerpos extensos regidos por las leyes matemáticas de la geometría y la dinámica. En la mente existirían unos principios innatos, los matemáticos, que permiten y aseguran la coincidencia entre los fenómenos percibidos y las ideas de los mismos. De este modo se consolida la reducción matemática de la ciencia. El concepto de espacio resultante de esta filosofía sería original: considera que los cuerpos y el espacio tendrían una substancia única, la extensión, cognoscible gracias a los principios matemáticos innatos.  
  2. Contra el apriorismo racionalista, el empirismo afirmaba que todo conocimiento se basa en la experiencia, por lo tanto, no existen conceptos innatos ni hay necesidad de considerar un protofundamento (divino o natural) como garante de la conexión entre lo extenso y la mente. La realidad extramental sería algo dado de por si, tal como lo muestra la experiencia. Esta epistemología supone que aunque exista una realidad externa es imposible conocer su substancia. Por ello Locke postula que si bien existe un espacio real y absoluto (para él equivalente al espacio absoluto de Gassendi), sólo es posible conceptualizar espacios relativos, particulares. El espacio, y el tiempo, serían determinaciones independientes de la realidad extramental pero fundamentadas en ella. 

En la conceptualización del espacio arquitectónico ambas líneas de pensamiento definirían dos tipos de espacio diferentes, cuyos primeros antecedentes se pueden encontrar ya en el Renacimiento temprano:  

  1. Siguiendo la tendencia propia del racionalismo, un análisis cuantitativo del espacio orientado a la determinación de sus proporciones matemáticas (absolutas) y de los sistemas de su representación, y 
  2. Siguiendo principios empiristas, existe un análisis cualitativo del espacio orientado a determinar los efectos del espacio en el hombre. 

La interpretación del espacio que realiza la perspectiva, que aparece con Giotto y Ducio y comienza a ser aceptada a partir de 1330-1340, sintetiza ambas orientaciones: 

  1. Por un lado se intenta descubrir las leyes matemáticas absolutas de la representación del espacio (se define el punto de fuga, la línea de tierra, el plano del cuadro, etc. y se realizan numerosos estudio para desarrollar geométricamente estas ideas).  
  2. Por otra parte, se observa que la definición matemática del espacio no completa su representación y se desarrolla una línea que estudia la perspectiva como fenómeno relacionado con el modo en que se percibe el espacio; se estudian los cambios de perspectiva debido a la posición del espectador, a las transformaciones luminosas, a las condiciones climáticas, a los cambios de color, etc (fig. 17).

En estas dos maneras de entender el espacio que subyacen en la perspectiva se encuentra el germen de lo que serán las conceptualizaciones modernas de esta entidad y que de uno u otro modo influirán en la definición del espacio arquitectónico contemporáneo; tal como la definición trascendente del espacio escolástico y la visión natural y abstracta del espacio de la Nueva Ciencia contribuyeron a definir muchas de las principales características de la arquitectura gótica y la renacentista.

2 opiniones

Espectacular.

Esto es una maravilla gracias por compartirla con la comunidad adios.
Movimiento infinito.

El movimientp infinito si se pue de llegar a realizar fisicamente porque tengo la teoria para llevarlo a la pràctica pero tengo que recurrir a un patrocinador por no contar con los recursos necesarios para tal fin
si esto le interesa a alguien por favor de avisarme esto es cierto lo que digo tengo la teoria para llevarla a la pràctica se trata de un motor que no requiere de combustible pàra funcionar esto ayudaria a este planeta con lo del medio ambiente.

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