“Siempre ha sido la cultura , además de campo de identidades, traslados y permanencias, el medio fundamental de creación, de elevación sobre los raseros mezquinos de la reproducción inmediata de la vida (...) En nuestra situación no basta con explicarnos las razones de esa preeminencia. De lo que se trata es de no errar, de apoderarnos y de heredar toda la cultura desde la Revolución, sin «olvidos», mentiras, simplificaciones ni discriminaciones, de identificar lo esencial, de reconocer y promover las diversidades y buscar una instancia superior de unidad nacional.” 12
Si se toma la literatura de las ciencias sociales de los últimos diez años, puede afirmarse que, básicamente, salvo los trabajos que se ubican teóricamente en la etapa precedente e intentan una teoría general, se trata de estudios que se refieren a cuatro procesos diferentes. Por supuesto que muchos tratan de establecer relaciones entre ellos, pero en general los cuerpos de literatura han dado origen a teorías de alcance medio sobre uno o otro de estos procesos. La construcción democrática, la redefinición del modelo de desarrollo e inserción internacional, la integración o democratización social, y la búsqueda de la modernidad latinoamericana, constituyen los procesos básicos que definen, sin reduccionismos entre ellos y con diferencias para cada uno según los países, las problemáticas del continente a finales de siglo. Ellos son a su vez, los focos temáticos a través de los cuales se desarrolla el pensamiento y análisis social.
El que ha fundamentado este trabajo, el cuarto proceso, relacionado pero no reductible a los anteriores, es la disputa en torno al modelo de modernidad. Esta consiste en el modo como en una sociedad se constituyen sus sujetos. La modernidad es la afirmación de sujetos, individuales o colectivos, constructores de su historia, y no se identifica con instrumentos o mecanismos determinados como pueden ser el mercado, la ciencia y la técnica. También la modernidad conoce una vertiente expresivo-subjetiva. En términos sociológicos estrictos no hay modernidad como algo externo a las sociedades, a lo que algunos privilegiados de la historia pueden llegar, sino "modernidades" o modelos de modernidad, es decir, formas societales históricas de constitución de sujetos.
“La confusión entre modernidad y modelos históricos de modernización ha llevado a postular para América Latina la simple copia de los procesos específicos de modernización de los países desarrollados, principalmente el norteamericano. El neoliberalismo y los llamados "nuevos autoritarismos", básicamente militares, identificaron su proyecto histórico de modernización autoritaria con la modernidad.” 13
Tras el concepto de post-modernidad prevalece también la visión etnocéntrica que identifica la modernidad con el modelo de modernización de ciertas sociedades. Como éste habría entrado en crisis, estaríamos pasando a una época post-moderna, cuyos rasgos no son a nuestro juicio sino otro tipo de modernidad. Si la cara positiva de la Iglesia se mostró al poner en el centro de las preocupaciones socio-política y económicas "la opción preferencial por los pobres" y, en algunos países, la cuestión de los derechos humanos contra las dictaduras, la cara más crítica parece mostrarse precisamente en el ámbito cultural, donde su oposición al modelo de modernidad considerado materialista, la lleva a oponerse a necesarios procesos de secularización y a acercarse a viejos integrismos y nuevos fundamentalismos.
Hoy día, el espacio es cada vez más amplio para la comunicación y, por lo tanto, los modelos de apropiación del espacio comunicacional, son modelos de creatividad, de innovación, de conocimiento. Si esto es así, el espacio geocultural en el siglo XXI va a ser dominado por los modelos de creatividad, o de modernidad, que combinen a la vez racionalidad científicotecnológica, racionalidad expresivo-comunicativa y memoria histórica de la sociedad.
No quiero terminar sin antes destacar las palabras de Ambrosio Fornet, en su ponencia “En defensa de la utopía”, palabras que se avienen muy bien al tema:
“... (de) los grandes temas de este fin de milenio (el pasado): la globalización, el dominio de las transnacionales, la uniformación del gusto por la acción de los medios masivos... Como no soy experto en esa temática me limité a responder que a mi juicio esas no eran más que manifestaciones de un mismo fenómeno: el proceso de «americanización del mundo», como se le ha llamado desde principios de siglo a ese modo tentacular de expansión capitalista cuyo centro de irradiación está en los Estados Unidos (...) ahí subyace una dramática contradicción, porque «americanizarse», con todas sus connotaciones negativas, ha significado y significa también, para buena parte del mundo, «modernizarse». Y puesto que esa es una aspiración irrenunciable, lo que debíamos preguntarnos era si podía haber una modernidad otra, una modernidad distinta. ¿Es posible desarrollar una cultura (...) que no sea una simple copia de la que imponen, por todos los medios a su alcance, los Estados Unidos y la ideología eurocentrista? Si no es posible, no hay nada que hacer. Pero si lo es (...) yo creo que Cuba tiene más posibilidades que cualquier otro país para lograrlo (...)” 14