Hablando de Cultura y Modernidad en Cuba - Introducción
Artículo creado por
Niurka Silvera Segura
19 de Mayo de 2007
Ciencias sociales, Filosofía, Historia, Pensamiento y política, Religión, Archivos y bibliotecas, Más Temáticas
1 - Introducción
“Detrás de la aparente simpleza de la petición percibo un reto tremendo a mis sentimientos y a mis juicios. Lo usual en la historia es que sólo algunas generaciones viven cambios sociales e individuales tan profundos y abarcadores que luego quedan registrados en las crónicas y en la Historia como revoluciones; las demás generaciones viven sus vidas, tan llenas de sentido como las de aquéllas, pero marcadas sólo por evoluciones, modas y sucesos (...) Yo los vivo, nosotros los vivimos, desde el mar de experiencias y la gran cultura política de los cubanos, desde el inmenso cambio cultural que sucedió en Cuba. Poder decir «nosotros» es un logro maravilloso en el mundo actual, en que la cultura que se promueve es la de la indiferencia ante la suerte de los demás, la cultura de la fragmentación, del miedo y de la resignación.” 1
No cabe dudas, que estamos hablando de una nueva cultura, que se ha extendido para erradicar los malos cambios. Que rompe con las malas actitudes que han desembocado en la resignación o en la estrechez del pragmatismo. Tal vez por ello sería bueno enfatizar un poco en lo que se ha entendido hasta ahora por la concepción de cultura. Si partimos, que nos referimos al «cultivo en general, especialmente de las facultades humanas». Y entre sus otras acepciones estaríamos hablando del «conjunto de conocimientos científicos, literarios y artísticos adquiridos». Así también como el «conjunto de estructuras sociales, religiosas, etc; y de manifestaciones intelectuales, artísticas, etc, que caracterizan una sociedad». De esta acepción se desprende la «cultura de masas» que no es más que el conjunto de hechos ideológicos comunes a una gran masa de personas consideradas al margen de las distinciones de estructura social, difundidos en su seno por medio de técnicas industriales y ; la «cultura material» que es el conjunto de los rasgos culturales externos que conforman la vida económica y tecnológica en una sociedad determinada.
Hubo una época, que pocos entre nosotros recordamos por experiencia personal, en que el concepto de 'modernidad' tenía un único significado, el de pertenecer a lo que actualmente denominamos civilización occidental (cualquiera puede ser su ignificado) y que, en tiempos remotos, estuvo estrechamente relacionada con objetos como los barcos de vapor, los sombreros tropicales, las constituciones, la publicación de la obra maestra de Darwin, Sobre el origen de las especies (1859), y la Exposición Universal. Fue también una época en que con relación a la cultura se polemizó en diferentes vertientes y, su mayor verticidad radicó en el tema, muchas veces discriminado por los post-modernistas, la modernidad.
La 'modernidad' es, de hecho, un territorio sin límites difícil de reconocer. Hace mucho tiempo que se suceden los debates en torno a ello, debates que han dado lugar al concepto de 'posmodernidad'. Esto es para decirnos que, de alguna manera, la modernidad ya se harealizado, y que lo que viene 'después' no puede ser, desde luego, más moderno que la propia modernidad. Era muy 'moderno' ser posmodernista, o incluso deconstructivista, y construir su propia modernidad. Se parte, de que, «la originalidad y la creatividad se pusieron de moda, y ocuparon puestos claves en la cultura»2Así también, se habla de que «la modernización y la civilización eran un sueño que se comenzaba a hacer realidad, pero ellas solas no podían ser la Revolución. En realidad, la modernización y la civilización sin apellidos no pasan de ser puestas al día o fases nuevas de la dominación». 3 No sólo es difícil definir la modernidad, sino también fechar sus orígenes (ya sea 1492, la Ilustración, o como antes mencionamos, la invención del motor a vapor, o cualquier otro acontecimiento). En términos generales, la modernidad es una actitud ideológica, la expresión de una manera específica de ver y comprender los hechos en el tiempo como continuidad y también como ruptura.
Hablar de la cultura en la Modernidad, nos hace pensar en las tantas veces que se ha tratado de responder a una tradición cultural con respuestas políticas. No nos referimos a una política en el sentido vulgar y pedestre de los que la ejercen de manera superficial u oportunista, sino a partir de sólidos fundamentos culturales. Hablaríamos de hacer política con la acepción que la entendió José Martí, sólo de esta parte llegaríamos a situarnos en el plano más profundo de la cultura. En los momentos actuales, y también los anteriores, hemos luchado contra la imposición de culturas dominantes, a partir de aquí, se ha llegado a afirmar que «Cuba enfrenta sobre todo el riesgo de ser reabsorbida por el modo de reproducción capitalista, que en sus variantes es el modo dominante en la realidad mundial». Al mismo tiempo, se impone «una guerra cultural que libra el gran capitalismo a escala del planeta, para homogeneizar la información consumida, la opinión pública y hasta parte de los sentimientos de las poblaciones convertidas en público» 4.
Como indica Armando Hart Dávalos:
“El vigor de la cultura cubana en la contemporaneidad podrá medirse, en primer lugar, por su capacidad para sortear estas encrucijadas (crisis de ideas y de ética) con valor, talento e imaginación. Este vigor se puede sostener en la innegable explotación creadora que ha tenido lugar en más de 36 años de Revolución y que, lejos de estancarse, se multiplica sobre la base de la creatividad y el talento expresados en las difíciles circunstancias que estamos viviendo (...)” 5
Al respecto, Gramsci considera que la moral y la religión son elementos de la cultura, plantea que existe una «moral del pueblo» representada por un conjunto de máximas de conducta práctica: habla, más bien, de una moral popular íntimamente relacionada con la religión. Sin embargo, Manuel Fraijó plantea que, con relación a la cultura y, partiendo de las luces y las sombras que expide con respecto a la modernidad; pudiera hablarse de «una crisis que tiene críticos serenos y detractores más que impulsivos». De los primeros se destacan los más ilustres pensadores, tales como José Agustín Caballero, Felix Varela, José Martí, José de la Luz y Caballero, entre otros seguidores de éstos. Entre los detractores figuran, por méritos propios, los impulsores de la postmodernidad. De éstos se dice, que en cuanto a la producción teórica «postmoderna» sólo se empeñan en escamotear las contradicciones de la época, bajo el supuesto de que, con la supremacía de un mundo unipolar, el fin de la historia ha llegado. Por consiguiente, se presencia un final de la historia pero no en el sentido retórico con que lo emplean los voceros del imperio «postmoderno». En cambio, lo intuimos como una dramática posibilidad, que fue denunciada por Fidel Castro en la Cumbre de la Tierra, efectuada en Río de Janeiro en 1992. Hablaríamos, con acierto, de la amenaza de extinción que sufre la especie humana ante la barbarie que presenta el medio ambiente. A este paso no podremos, siquiera, hablar de historia.
Algunos pensamientos que repercuten en contra de la modernidad
“Por lo que se refiere a la Modernidad, Nietzsche fue tajante. Con su acostumbrada contundencia llegará a decir que una idea «por el hecho de ser moderna es falsa». De ahí sus diatribas contra el progreso, idea clave de la Modernidad.” 6
El progreso no fue su único blanco, también identificó como modernas y, por tanto, como falsedades que cubren un espectro más amplio, «la libertad, los derechos iguales, el humanitarismo, la compasión, el pueblo, la raza, la nación, la democracia, la tolerancia, el utilitarismo, la civilización, la emancipación de las mujeres, la educación popular, la sociología». Como observan, Nietzsche sometió a un análisis cruel los logros e instituciones de la Modernidad. Pero es que para él, la democracia moderna era una forma decadente del Estado; la igualdad por la que tanto había luchado Europa era el «final de la justicia». Por ello, en Nietzsche, la Modernidad salta hecha añicos; nada de lo que había generado ésta le convence. Kant, el spiritus rector de la Modernidad ilustrada, había insistido en que el hombre es heredero de lo que le precede; a Nietzsche, en cambio, le estallarán todas las herencias entre las manos. De ahí, que rechazará valores arduamente conquistados y pronunciará su gran maldición sobre la cultura de su época. En lugar de adherirse a lo que todo el mundo festejaba, a los logros de la Modernidad, intuyó los fallos del nuevo sistema y, optó por cosmovisiones menos altisonantes. Entonces, se convirtió en el valedor de lo fugaz, lo fragmentario, lo episódico, lo optativo, lo circunstancial.
Otro pensamiento, digno de mencionar por su oposición a la Modernidad, es el de Walter Benjamín 7, quien no rechaza en bloque el progreso de la Modernidad, pero estaba en contra de la confusión entre progreso y humanidad. Era un coleccionista de citas, se valía de ellas para introducir el pasado en el presente. Decía Benjamín, que las citas fusionan las viejas cosmovisiones con los nuevos astibos, entorpecen los grandes discursos sistemáticos y lineales de la Modernidad.
La Modernidad, altiva y orgullosa, tiende a sofocar todo lo que le precedió. Las citas, en cambio, mantienen encendida la antorcha del pasado, impiden que sólo se escuche al que más grita. También percibió que la Modernidad generaba hombres unidimensionales, y termina diciendo, que «la Modernidad, impone un ritmo trepidante y va abandonando en la cuneta a todos los que flaquean y no producen ni consumen según los parámetros previamente fijados».8
Concluye la cita, afirmando:
«La Modernidad no ha sido, ni mucho menos, un logro sostenido. Como todo lo humano, ha conocido auges, cansancios y declives (...) a finales del siglo XX, no la podemos mirar inocentemente. Levanta sospechas, impulsadas en su mayoría por los filósofos Marx, Feuerbach, Nietzsche, Freud, los que más duras acusaciones lanzaron contra ella (...) en el plano económico, la Modernidad ha desatado una voracidad consumista que está teniendo efectos devastadores. Se empezó desencantando al mundo (Weber) y podemos terminar destruyéndolo (...) la Modernidad no llega a todos, el 80 % de la humanidad no se beneficia de las conquistas económicas, políticas, sociales y culturales de ésta (...) por lo que yo sé, la Modernidad nació con pretensión de extender sus conquistas a todos los hombres. ¿Qué ha pasado entonces?. Fin de la cita». 9
No cabe dudas, que estamos hablando de una nueva cultura, que se ha extendido para erradicar los malos cambios. Que rompe con las malas actitudes que han desembocado en la resignación o en la estrechez del pragmatismo. Tal vez por ello sería bueno enfatizar un poco en lo que se ha entendido hasta ahora por la concepción de cultura. Si partimos, que nos referimos al «cultivo en general, especialmente de las facultades humanas». Y entre sus otras acepciones estaríamos hablando del «conjunto de conocimientos científicos, literarios y artísticos adquiridos». Así también como el «conjunto de estructuras sociales, religiosas, etc; y de manifestaciones intelectuales, artísticas, etc, que caracterizan una sociedad». De esta acepción se desprende la «cultura de masas» que no es más que el conjunto de hechos ideológicos comunes a una gran masa de personas consideradas al margen de las distinciones de estructura social, difundidos en su seno por medio de técnicas industriales y ; la «cultura material» que es el conjunto de los rasgos culturales externos que conforman la vida económica y tecnológica en una sociedad determinada.
Hubo una época, que pocos entre nosotros recordamos por experiencia personal, en que el concepto de 'modernidad' tenía un único significado, el de pertenecer a lo que actualmente denominamos civilización occidental (cualquiera puede ser su ignificado) y que, en tiempos remotos, estuvo estrechamente relacionada con objetos como los barcos de vapor, los sombreros tropicales, las constituciones, la publicación de la obra maestra de Darwin, Sobre el origen de las especies (1859), y la Exposición Universal. Fue también una época en que con relación a la cultura se polemizó en diferentes vertientes y, su mayor verticidad radicó en el tema, muchas veces discriminado por los post-modernistas, la modernidad.
La 'modernidad' es, de hecho, un territorio sin límites difícil de reconocer. Hace mucho tiempo que se suceden los debates en torno a ello, debates que han dado lugar al concepto de 'posmodernidad'. Esto es para decirnos que, de alguna manera, la modernidad ya se harealizado, y que lo que viene 'después' no puede ser, desde luego, más moderno que la propia modernidad. Era muy 'moderno' ser posmodernista, o incluso deconstructivista, y construir su propia modernidad. Se parte, de que, «la originalidad y la creatividad se pusieron de moda, y ocuparon puestos claves en la cultura»2Así también, se habla de que «la modernización y la civilización eran un sueño que se comenzaba a hacer realidad, pero ellas solas no podían ser la Revolución. En realidad, la modernización y la civilización sin apellidos no pasan de ser puestas al día o fases nuevas de la dominación». 3 No sólo es difícil definir la modernidad, sino también fechar sus orígenes (ya sea 1492, la Ilustración, o como antes mencionamos, la invención del motor a vapor, o cualquier otro acontecimiento). En términos generales, la modernidad es una actitud ideológica, la expresión de una manera específica de ver y comprender los hechos en el tiempo como continuidad y también como ruptura.
Hablar de la cultura en la Modernidad, nos hace pensar en las tantas veces que se ha tratado de responder a una tradición cultural con respuestas políticas. No nos referimos a una política en el sentido vulgar y pedestre de los que la ejercen de manera superficial u oportunista, sino a partir de sólidos fundamentos culturales. Hablaríamos de hacer política con la acepción que la entendió José Martí, sólo de esta parte llegaríamos a situarnos en el plano más profundo de la cultura. En los momentos actuales, y también los anteriores, hemos luchado contra la imposición de culturas dominantes, a partir de aquí, se ha llegado a afirmar que «Cuba enfrenta sobre todo el riesgo de ser reabsorbida por el modo de reproducción capitalista, que en sus variantes es el modo dominante en la realidad mundial». Al mismo tiempo, se impone «una guerra cultural que libra el gran capitalismo a escala del planeta, para homogeneizar la información consumida, la opinión pública y hasta parte de los sentimientos de las poblaciones convertidas en público» 4.
Como indica Armando Hart Dávalos:
“El vigor de la cultura cubana en la contemporaneidad podrá medirse, en primer lugar, por su capacidad para sortear estas encrucijadas (crisis de ideas y de ética) con valor, talento e imaginación. Este vigor se puede sostener en la innegable explotación creadora que ha tenido lugar en más de 36 años de Revolución y que, lejos de estancarse, se multiplica sobre la base de la creatividad y el talento expresados en las difíciles circunstancias que estamos viviendo (...)” 5
Al respecto, Gramsci considera que la moral y la religión son elementos de la cultura, plantea que existe una «moral del pueblo» representada por un conjunto de máximas de conducta práctica: habla, más bien, de una moral popular íntimamente relacionada con la religión. Sin embargo, Manuel Fraijó plantea que, con relación a la cultura y, partiendo de las luces y las sombras que expide con respecto a la modernidad; pudiera hablarse de «una crisis que tiene críticos serenos y detractores más que impulsivos». De los primeros se destacan los más ilustres pensadores, tales como José Agustín Caballero, Felix Varela, José Martí, José de la Luz y Caballero, entre otros seguidores de éstos. Entre los detractores figuran, por méritos propios, los impulsores de la postmodernidad. De éstos se dice, que en cuanto a la producción teórica «postmoderna» sólo se empeñan en escamotear las contradicciones de la época, bajo el supuesto de que, con la supremacía de un mundo unipolar, el fin de la historia ha llegado. Por consiguiente, se presencia un final de la historia pero no en el sentido retórico con que lo emplean los voceros del imperio «postmoderno». En cambio, lo intuimos como una dramática posibilidad, que fue denunciada por Fidel Castro en la Cumbre de la Tierra, efectuada en Río de Janeiro en 1992. Hablaríamos, con acierto, de la amenaza de extinción que sufre la especie humana ante la barbarie que presenta el medio ambiente. A este paso no podremos, siquiera, hablar de historia.
Algunos pensamientos que repercuten en contra de la modernidad
“Por lo que se refiere a la Modernidad, Nietzsche fue tajante. Con su acostumbrada contundencia llegará a decir que una idea «por el hecho de ser moderna es falsa». De ahí sus diatribas contra el progreso, idea clave de la Modernidad.” 6
El progreso no fue su único blanco, también identificó como modernas y, por tanto, como falsedades que cubren un espectro más amplio, «la libertad, los derechos iguales, el humanitarismo, la compasión, el pueblo, la raza, la nación, la democracia, la tolerancia, el utilitarismo, la civilización, la emancipación de las mujeres, la educación popular, la sociología». Como observan, Nietzsche sometió a un análisis cruel los logros e instituciones de la Modernidad. Pero es que para él, la democracia moderna era una forma decadente del Estado; la igualdad por la que tanto había luchado Europa era el «final de la justicia». Por ello, en Nietzsche, la Modernidad salta hecha añicos; nada de lo que había generado ésta le convence. Kant, el spiritus rector de la Modernidad ilustrada, había insistido en que el hombre es heredero de lo que le precede; a Nietzsche, en cambio, le estallarán todas las herencias entre las manos. De ahí, que rechazará valores arduamente conquistados y pronunciará su gran maldición sobre la cultura de su época. En lugar de adherirse a lo que todo el mundo festejaba, a los logros de la Modernidad, intuyó los fallos del nuevo sistema y, optó por cosmovisiones menos altisonantes. Entonces, se convirtió en el valedor de lo fugaz, lo fragmentario, lo episódico, lo optativo, lo circunstancial.
Otro pensamiento, digno de mencionar por su oposición a la Modernidad, es el de Walter Benjamín 7, quien no rechaza en bloque el progreso de la Modernidad, pero estaba en contra de la confusión entre progreso y humanidad. Era un coleccionista de citas, se valía de ellas para introducir el pasado en el presente. Decía Benjamín, que las citas fusionan las viejas cosmovisiones con los nuevos astibos, entorpecen los grandes discursos sistemáticos y lineales de la Modernidad.
La Modernidad, altiva y orgullosa, tiende a sofocar todo lo que le precedió. Las citas, en cambio, mantienen encendida la antorcha del pasado, impiden que sólo se escuche al que más grita. También percibió que la Modernidad generaba hombres unidimensionales, y termina diciendo, que «la Modernidad, impone un ritmo trepidante y va abandonando en la cuneta a todos los que flaquean y no producen ni consumen según los parámetros previamente fijados».8
Concluye la cita, afirmando:
«La Modernidad no ha sido, ni mucho menos, un logro sostenido. Como todo lo humano, ha conocido auges, cansancios y declives (...) a finales del siglo XX, no la podemos mirar inocentemente. Levanta sospechas, impulsadas en su mayoría por los filósofos Marx, Feuerbach, Nietzsche, Freud, los que más duras acusaciones lanzaron contra ella (...) en el plano económico, la Modernidad ha desatado una voracidad consumista que está teniendo efectos devastadores. Se empezó desencantando al mundo (Weber) y podemos terminar destruyéndolo (...) la Modernidad no llega a todos, el 80 % de la humanidad no se beneficia de las conquistas económicas, políticas, sociales y culturales de ésta (...) por lo que yo sé, la Modernidad nació con pretensión de extender sus conquistas a todos los hombres. ¿Qué ha pasado entonces?. Fin de la cita». 9
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