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Hacia un milenio que amenaza - ¿Qué esta amenazado de la cotidianidad?

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CopyLeft Artículo de Carlos Fajardo Fajardo - 29 de Agosto de 2006
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4. ¿Qué esta amenazado de la cotidianidad?

Los sentidos de una cotidianidad hasta ahora tangible, promocionada, legitimada y alfabetizada mediáticamente, también se transforman por la amenaza. Lo vivido en la diaridad constituye tal vez nuestro escenario más próximo y real, nuestra mayor certeza de que existimos. Sabemos que en estos tiempos transnacionales se tiende a reducir al hombre a simple órgano de consumo, uso y desecho. El concepto de vida diaria –sufrida o gozada- se enmarca en los parámetros de los intercambios y usos de objetos seductores y lumínicos. Nuestros imaginarios cruzan por territorios plurales y masivos. Una cultura visual y visualizada potencia la individualización acrítica, narcisista, hedonista y de relajación sintética posmoderna. No cabe duda: la cotidianidad está siendo colonizada por una postindustrialización en red. Desterritorializada, desmaterializada, descentrada en sus identidades populares, se le impone la desarticulación de lo unívoco a través de una cultura gramatizada en gran parte por los audiovisuales y la publicidad artificial iconográfica. Mientras tanto, la comunicación oral y la capacidad de interrelación grupal y personal, se reducen a la circulación y aceleración de saberes más que al encuentro real, al parloteo y a la charla interpersonal. Crisis de comunicación. Esta es la cotidianidad que enfrentamos: reclusión, miedo, expulsión de la calle y de los espacios para el diálogo. Extrañamiento y anonimato.

Inmersa en una "economía de la información" al decir de Daniel Bell, la cual transforma los paradigmas modernos del trabajo y el ahorro en un proceso consumista, trasladándonos de la fábrica a la tienda 4 como un nuevo mecanismo de control y vigilancia existencial, nuestra cotidianidad se integra y legitima a través del mercado. Ciudadanos y consumidores nos llama García Canclini. Contradicción entre el Sujeto autónomo y Soberano –mito de la Ilustración- en Sujeto relajado, descentrado, hedónico, consumista –mito posmoderno-. De esta forma, la cotidianidad, tal como la soñó una modernidad crítica y de aventura, ha caído en desuso. Se reduce a una modernización transnacional del marketing tecno-científico y cultural masivo.

En estas ciudades–vitrinas nos toca y tocará vivir los próximos años. Se transformarán cada vez más las nociones del espacio cotidiano: casa, familia, amor, amistad, cuerpo, tradición, deseo, localidad, territorialidad y pertenencia, muy a pesar de las resistencias que algunas capas de la población impongan a estas modificaciones. La ciudad –y no tanto el campo- es y será el escenario de estas batallas.

¿Qué nuevos imaginarios y simbólicas podrán unirnos en el próximo milenio?. ¿ Cómo no sólo conectarnos sino comunicarnos en un acercamiento más integral que utensiliar?. He aquí nuestras preocupaciones.

Respecto a los imaginarios de la cultura popular cotidiana, estos serán cada vez más manipulados por los medios y museograficada su fuerza poético-simbólica, reduciéndolos a simple espectáculo exótico, folclórico. Por su naturaleza multicultural y de entrecruzamiento, se conducirán hacia una posible multimedia donde existirá – más que ahora- una gran reconversión y mezcla de lenguajes cultos y populares; intersecciones, cruces de lo mediático con las mediaciones (medios y receptores) hasta lograr una lenta desaparición de las simbólicas primigenias (mitos, creencias, carnavales, ceremonías, tradiciones orales, narrativas, artes manuales...) debido a la quiebra de fronteras y al cambio en el concepto de grandiosidad de territorio tanto físico como cultural por parte de las redes.

Confinamiento y pérdida de imaginarios legitimadores de una cultura. Glocalización, tal es el término que utilizan Virilio y García Canclini. Locales y globales. Pero, como lo asegura Julio César Goyes Narváez, es posible que los imaginarios populares se mantengan en una "constante resistencia frente a la cultura de clase dominante o ‘nacional’ produciendo violentos procesos de acomodación e imposición..." 5, lo que llevaría a una reinvensión y retroalimentacióm constante de los mismos, especie de "autopoesis" (Goyes, Julio César,98) muy unida a las resistencias crítico- creativas de la imaginación poética. Sin embargo, esta retroalimentación estará dada por un intercambio cultural, a veces yuxtapuesto, a veces asimilado, que construye un imaginario cotidiano y popular heterodoxo, el cual atraviesa el simbolismo mítico, sagrado y religioso, pasa por las creaciones artísticas populares y llega a los escenarios masivos y de trivialización mediática. Así, folclore, mito, danzas, carnavales, tradiciones orales, exotismo, espectáculo, turismo, economía de mercado, transnacionalización, uso, consumo y desecho de tecno-virtualidades, tele-imágenes y productos masificados kitsch y light, todos se funden por el tejido en una gran colcha de retazos. "Cultura costura" la llaman algunos estudiosos; "cultura de fronteras" otros; aquí le llamaremos Cotidianidad Multimediática.

La cotidianidad que está amenazada por el próximo milenio, o en proceso, es aquella que se opone a estas intextualidades. Ante la banal imagen de lo efímero; frente a lo inmediato trivial, nos quedará, para no perecer en los remolinos seductores de lo mediocre, reconfigurar, retextualizar, resemantizar, las prácticas de lo cotidiano a través de una imaginación crítico-poética activa, donde se le devuelva a la imaginación "la dignidad gnoseológica y ontológica de la que fue privada por la doctrina clásica occidental" y se intente "una visión crítica-creativa que acceda a la totalidad del fenómeno poético y su dialogismo con lo popular, observando qué y cómo los afectos-efectos imaginarios están representados total o parcialmente en algunas poéticas contemporáneas" (Goyes N, Julio César, 102 –104). Así, lo cotidiano se protegerá del vacío seductor por medio de una gran valoración de las creaciones poéticas manifiestas en sus imaginarios.

Digno será reconocerle a este proyecto reconstructor, un afán de pararse en la resistencia crítica como método para no sufrir de total abismo e indiferencia. Lo mismo habrá de poner en práctica al pensar sobre las próximas transformaciones del cuerpo. Su relación con los medios que lo moldean y lo ponen a desfilar en pasarelas virtuales; la construcción de un deseo corporal con base en cirugías, prótesis, silicona y aeróbicos; la cada vez más deshumanizada falta de salud corporal a cambio de forma corporal, todo esto se reduce a una tendencia de desgravitación de los deseos, al menos como son conocidos hoy en día, lo que impulsará una levitación sexual y una des-realización de la carne por parte de las tele-presencias erótico-comunicacionales. Cuerpos bricolages intertextuales, indiferentes, relajados, perfectos. "¿ perfectos para qué? ¿ Para vivir un drama fascista light como magnate corporativo? ¿O como monitor de aeróbic en tanga? ¿O como asesino múltiple? 6

Las ideologías se encarnan y se encarnarán más en los cuerpos del próximo milenio. Quizá llegaremos a poseer cuerpos que sean manifestaciones de "tecnologías morales burguesas" (Terry Eaglenton) los cuales impulsarán valores tales como el ensimismamiento, lo incivil, la interioridad acrítica, el decorado, la creatividad flemática sin tensiones, valorando una subjetividad que piensa en sí misma y no por sí misma. Encarnamiento desde luego psicologizante. Son visibles, entonces, las contradicciones posmodernas: del cuerpo de un Sujeto Autónomo (sueño moderno) al cuerpo individualizado multimediático.7

En esta "soberanía del consumidor" (Mclaren, Peter, 113), frase cínica de los llamados "nuevos tiempos", lo light impone también la coexistencia pacífica y la reconciliación de los adversarios. Así, el cinismo es la muestra más patética de una cotidianidad relajada. Todo se acepta aquí, todo vale. Lo fugaz y lo liviano; lo efímero y lo superficial; el analfabetismo cultural y la mediocridad de lo ridículo; la idiotez de un ademán y su espectáculo. Cinismo doble, pues exhibe como alta cultura la basura que estas sensibilidades producen junto a la pobreza de imaginación crítico-creativa. ¿Cultura o basura? Se pregunta James Gardner. En música, ritmos, gustos estéticos, tonalidades, sensaciones olfativas, olorosas, táctiles, etc., se nos vende demasiado desecho –y se nos venderá más- empobreciendo las capacidades de aprehensión, asombro, contemplación, imaginación, sensibilidad, reflexión, captación de la diferencia.

Gramatizados y alfabetizados por una cultura que hace culto al espectáculo de la muerte –y más aún al cadáver como exhibición- la cotidianidad, al menos en países tercermundistas como Colombia, está produciendo una ética del antivalor y una moral negativa. Violencia, corrupción, intolereancia, injusticia, necrofilismo ciudadano, virulencia participativa, antidemocracia, deslealtad, insinceridad, burocracia...son apenas algunas de las lógicas de convivencia negativa. En vez de la Razón solidaria impulsamos una pasión esquizoide por el espectáculo de la muerte; en el lugar de la emoción fraternal levantamos una fría irracionalidad ante nuestro semejante. La muerte y la violencia se han cotidianizado tanto que su naturaleza de desgarramiento es ya "natural", y su puesta en línea y en vitrina teleglobal nos hace falta para arrullar las noches en casa. El llanto del pariente del secuestrado, la sensación de inutilidad de la violada, el miedo del desplazado, la mancha de sangre, el rostro de absurdidad del muerto, se van imponiendo como "ensoñaciones" en nuestros imaginarios, a tal punto que llegamos a sufrir por su ausencia.

Espectáculo y trivialidad de la muerte. Sida, cáncer, terremotos, ciclones, violencia callejera, violencia política, drama cotidiano, reality shows, eutanasia, enfermedades terminales...todo está aquí para ser observado, pantallizado. De allí un dato: escenograficamos la muerte relajando su trascendencia a lo banal; ridiculizamos incluso al asesinado político; desvirtuamos el cadáver del hombre artista; farandularizamos, cínicamente, la muerte del comprometido social, pero lloramos a lágrima viva la muerte del rico y famoso, trivial, mediocre, es decir, de aquel que se nos ha impuesto por el mercado como un sueño a lograr. (v.g., Princesa Diana, John John Kennedy...).

Colombia ha explotado y sufrido al máximo esta espectacularidad del muerto. Congruencia entre el dolor y el carnaval, lo lúdico y lo vidente. Cada muerte violenta de un hombre público no sólo genera una respuesta convulsiva y rabiosa contra la lógica necrofílica, sino un sensacionalismo que juega al show escenográfico. Puesto en las tablas, al muerto se le asume y vela como un actor protagonista del drama cotidiano, de tal forma que la tendencia es relajarse ante el conflicto político-social que ha producido dicho fallecimiento, y tensionarse ante el simulacro del espectáculo masivo y mediático que lo registra. ¿A quién o a quiénes beneficia este relax teatral de la muerte? ¿En nombre de quién o quienes se masifica el dolor, restándole todo posible impacto contestatario de conciencia política?. Ya lo sabemos. El espectáculo de la lúdica/lágrima debilita la sensibilidad, la exagera, quitándole intensidad crítica.

Contamos entonces con una cotidianidad amenazada, no sólo por lo que viene sino desde ahora. Los proyectos de una diaridad confortable, con calidad de vida se vuelven sueños esotéricos que generan una mueca de humor negro y pesimismo entre los que tienen y manejan más datos. En estas ironías por ahora vivimos. ¿Qué otras nos esperan?.

Autor y licencia de 'Hacia un milenio que amenaza - ¿Qué esta amenazado de la cotidianidad?'
Carlos Fajardo Fajardo Extraído de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero14/milenio.html CopyLeft
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