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"¡Dios, mira cómo sube ese hijo de puta!"
Éstas fueron las primeras palabras pronunciadas por Rob Caron, artillero de cola del Enola Gay, al ver ascender vertiginosamente el gigantesco hongo gris verdoso tras la explosión de Hiroshima. Little Boy (nombre de la bomba) acababa de estallar. El propio Caron falseó este momento en su diario y la frase pasó a la historia como "Dios mío, ¿qué hemos hecho?".
Pero no sería solamente el militar estadounidense quien, con ocasión del lanzamiento de la primera bomba atómica, pronunció palabras que merecen ser recordadas. El escritor Etienne Perrot proclamó: "El Señor de los Señores ha nacido". Por su parte, el propio "padre de la criatura", Robert Oppenheimer, recitó a propósito de su creación un célebre versículo del Bhagavad Gita: "Si el esplendor de mil soles estallase de golpe en los cielos, sería comparable al resplandor del Gran Ser".
Precisamente, la cosmología hindú señala que el a (equivalente al Apocalipsis bíblico) sobrevendrá "cuando los átomos constitutivos de la materia sean disueltos". "Entonces sólo quedará la energía en su estado puro", añade ésta tradición, refiriéndose no solamente a un eventual holocausto, como el de Hiroshima, sino sobre todo al orden sutil y a su proyección escatológica, algo que, a causa de su ceguera metafísica, los científicos de la década de 1940 no podían ni sospechar.
El general Leslie Groves, jefe del Proyecto Manhattan en el desierto de Los Álamos, que culminó con el lanzamiento de Little Boy, declaró que la explosión `podría producir un cráter en la corteza terrestre de vanos kilómetros de profundidad". ¿Qué naturaleza tenía tanta energía liberada? ¿Fue la inauguración de la era atómica solamente producto de un error de cálculo o había algo más?
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