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Siglo XIV En el monasterio de Dionysiou, situado en el monte Athos (Grecia), un anónimo monje dibuja unos extraños frescos sobre el Apocalipsis. La pintura refleja un seísmo, un bombardeo, unas casas arrasadas, unas gigantescas 'langostas" voladoras -que parecerían aviones modernos si no fuera por su inusual brillo metálico- y una columna de humo ascendente expandiéndose como un colosal champiñón.
Siglo XXI. En una confortable habitación de una casa cualquiera, un estudiante abre un libro de historia sobre el siglo XX por las páginas relativas a la primera explosión en la historia de una bomba atómica: la de Hiroshima, ocurrida el 6 de agosto de 1945. Allí encuentra las imágenes de los aviones responsables de la catástrofe: el Enola Gay y otros cinco B-19. Sorprendentemente, no son panzudos como otros cargueros, sino alargados como langostas y brillantes como un espejo, algo realmente insólito en la aviación militar.
¿Acaso el monje del monasterio griego dibujó aquellos artefactos con la intención de que, llegado el momento, fuera posible identificarlos sin género de duda? ¿Tal vez se estaba produciendo en Hiroshima el Apocalipsis esquematizado por el pintor renacentista?
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