Con estas credenciales, con este curriculum vitae, la United Fruit penetra en el Ecuador.
Naturalmente, esos negros antecedentes no le permiten ostentar su propio nombre. Como acostumbran todas las compañías extranjeras de similar historia, cambia su apelativo por otro, para tapar con esta hoja de parra sus lacerías y vergüenzas. Mejor dicho, con tres hojas de parra, pues a nuestro país entra dividida en tres empresas: Bananera del Ecuador, Compañía Agrícola del Guayas y Ecuatorian Cacao Co.
La adquisición de tierras es la primera tarea que emprende la United Fruit. Tampoco se hace directamente, sino por intermedio de un testaferro, la llamada Comunidad Echeverría, la que compra una serie de haciendas aprovechando la baratura de sus precios debido a la crisis del cacao, propiedades que inmediatamente son trasladadas a las empresas que antes mencionamos. Sólo a poder de la Compañía Agrícola del Guayas pasan las siguientes haciendas:
|| P r e d i o || Propietario anterior || Precio pagado || año ||
|| La Isla || Beneficencia de Señoras || S/.230.039,00 || 1933 ||
|| Vainillo || Hnos. López Morán || 347.827,44 || 1933 ||
|| Taura || - " - || 139.930,37 || 1933 ||
|| San Judas de Ocañay || Joseph H. Kumelis || 99.023,37 || 1934 ||
|| Flor del Bosque y Capricho || Carmelina Vicuña, vda. de Muñoz Cordero || 107.501,88 || 1934 ||
|| San Ramón ||
|| 74.542,21 || 1934 ||
|| Targelia Cadellán Paz y Restauración || Santos Maridueña - " - - " - || 26.716,06 || 1935 ||
|| Total pagado por la Cía Agrícola del Guayas || S/.1.075.297,81 (10) ||
Desde luego, los precios pagados por la Compañía Agrícola del Guayas son ficticios, pues como dijimos, la Comunidad Echeverría es solo un agente de la United Fruit.
Un estudioso norteamericano, John F. Uggen, afirma que sólo los fundos de Taura y Vainillo tenían una extensión de más de 30.000 hectáreas, añadiendo además que la Comunidad Echeverría era propietaria también de Papayal -entre Guayas y Cañar- que "tenía una cabida de 52.000 hectáreas antes de su partición en 1942" (11).
En 1933, la United Fruit compra al Banco Territorial por la miserable suma de S/.80.000 el inmenso latifundio de Tenguel, otrora la plantación cacaotera más grande del mundo.
Tenguel está marcado por la mala suerte. Esta inmensa hacienda de 50.000 hectáreas de extensión, durante el siglo pasado y las primeras décadas de éste pertenece a la poderosa familia de los Caamaño, uno de los cuales, el presidente José María Plácido Caamaño, pasa a la historia como vendedor de nuestra bandera. Los conciertos que la trabajan, vigilados por policía propia, son explotados y maltratados inhumanamente, razón por la que es teatro de constantes amotinamientos y protestas reprimidos por la fuerza. Luego, en 1910, por acuerdo entre los propietarios y negociantes europeos, se forma la compañía Caamaño Tenguel Estate Limited que llega a cultivar 3.000.000 de árboles de cacao mediante el esfuerzo de cientos de trabajadores mal pagados y pésimamente tratados. "Los financistas londinenses -dice el investigador Manuel Chiriboga- señalaban los niveles de producción, contrataban expertos extranjeros para administrarla, trajeron mano de obra colombiana y exigían altos porcentajes de ganancias sobre sus inversiones" (12). Esas inversiones son suspendidas cuando las enfermedades del cacao aminoran los beneficios y se tiene que recurrir a préstamos del Banco Territorial, que embarga el latifundio en 1926 en virtud de las deudas contraídas, para venderlo más tarde -como ya se dijo- a la United Fruit. Como se ve: ¡todo un largo calvario!
Y si retrocedemos en el tiempo y llegamos a la colonia, veremos que Tenguel proviene del feo delito de la usurpación. Cuando Carlos III facilita hasta cierto punto la exportación de cacao guayaquileño en el último cuarto del siglo XVIII -el llamado "libre comercio"- los comerciantes del puerto, con una prontitud y agilidad admirables, proceden a la adquisición de tierras. El método más fácil para ese menester no es otro que el robo de las tierras de las comunidades indígenas que, así mismo con rapidez inusitada, son legalizadas por el arbitrio milagroso de la "composición". De las tierras de esa zona, perjudicando a los campesinos indios, se apodera un tal Silvestre Gorostiza, que según nos informa el historiador Jorge Núñez en su libro Guayaquil, una ciudad colonial del trópico, para pagar menos por la "composición" de las tierras usurpadas, miente que se trata de terrenos inservibles: pantanos y manglares. Y en esos pantanos y manglares descubre muy pronto 60.000 árboles de cacao y puede sembrar otros 32.310 según el mismo confiesa en un informe al gobernador de Guayaquil, que el autor citado menciona.
¡Véase, como las uñas largas, pueden rendir pingues ganancias!
Las tierras de la provincia del Guayas están inmensamente concentradas en pocas manos, pues desde el siglo pasado los grandes terratenientes cacaoteros habían venido despojando de las tierras comunales a los campesinos que, caídos bajo su férula, se transformaron en peones explotados. Esa concentración crece con la llegada de la United Fruit, pero en su beneficio, ya que con los grandes predios que acapara se convierte en el mayor latifundista del país. Solo en la región de Balao llega a controlar, directa o indirectamente, "un patrimonio agrícola de 225.000 hectáreas" (13).
José de la Cuadra, nuestro gran escritor, denuncia así esta nueva situación:
Calamitosamente, las haciendas frutales han pasado a ser, en su mayor parte, propiedad de compañías extranjeras, que las explotan directamente y sin control fiscal efectivo, utilizando trabajadores nacionales con el cebo de un salario un poquitín más alto que el normal en el agro. A los pequeños trabajadores independientes, las compañías extranjeras para absorberlos, se niegan a comprarles frutas, como no sea a precios miserables, y esto amarrándoles previamente con contratos leoninos. De esta suerte, los compelen a vender sus haciendas a las compañías, las mismas que las adquieren de barato (14).
Empero, no sólo es esto. Se trata, además, del control y dependencia de la economía ecuatoriana por parte de las compañías extranjeras. De la penetración del imperialismo y el consiguiente peligro para la soberanía nacional. Y es el joven Partido Comunista, apoyado por otras fuerzas populares y democráticas, el primero en alertar al pueblo ante tal amenaza.
El avance y la consolidación de la United Fruit en nuestro suelo es facilitado por el servilismo de los gobiernos de esa época, representantes de una oligarquía que desde antaño se había aliado y subordinado al capital extranjero.
El dictador Páez, sobre todo, se distingue en este bajo menester. Primero, en 1937, dicta un decreto fijando normas a las que deben sujetarse los contratos que se suscriban con las compañías extranjeras, con varias concesiones en favor de esas empresas. Y luego, en el mismo año, basándose en ese camino abierto, firma un contrato con las tres compañías que conforman o encubren a la United Fruit, donde se hacen constar, como era de esperarse, singulares privilegios. Entre otros, se legaliza todas las adquisiciones de tierras y se les concede el libre uso de las aguas. Se renuncia a la imposición de cualquier nuevo impuesto. Y, por último, hasta se les exonera del impuesto a la renta.
Esta situación, que menoscaba nuestros intereses, cambia con el derrocamiento de Páez y la ascensión al poder del general Enriquez Gallo. Siguiendo una política nacionalista, ampliamente apoyada por el pueblo, al igual de lo que hace con otras empresas foráneas, revisa los contratos suscritos anteriormente con las bananeras a fin de frenar su explotación.
Para impedir que prosiga esa explotación, así como para evitar una mayor concentración de tierras y cortar las injusticias que se cometen con los productores nacionales de que habla José de la Cuadra -que ahora es Secretario General del gobierno-, se dicta el decreto de 8 de Julio de 1938, donde constan estas principales disposiciones:
Art.1° Todas las Compañías establecidas o que posteriormente se establecieren en el país para cultivar y exportar banano por su cuenta, no podrán adquirir en propiedad tierras ecuatorianas sino hasta la extensión de ochenta mil hectáreas como máximo.
Art.2° Las Compañías Bananeras que estuvieren antes de la vigencia de esta Ley, en propiedad de mayor extensión de terreno del indicado en el artículo anterior, quedan obligadas a vender en parcelas no mayores de doscientas hectáreas, a ciudadanos ecuatorianos, el excedente de terreno sobre el límite señalado, en el plazo de cinco años a contarse de la fecha de promulgación de esta Ley.
Art.3° Para que las Compañías puedan exportar banano, están obligadas a comprar a productores ecuatorianos una cantidad igual a la que ellas quisieran exportar de su producto, de suerte que, en cada embarque, el cincuenta por ciento de lo exportado corresponda a productores nacionales (15).
En caso de no cumplirse la venta de terrenos ordenada en el término señalado, se dispone que el excedente de las 80.000 hectáreas pase a propiedad del Estado sin ninguna indemnización.
El control de los embarques y de las adquisiciones que se hagan a los productores nacionales estará a cargo de un Interventor nombrado por el Ministerio de Previsión Social. Este mismo funcionario se encargará también de solucionar las discrepancias que se produjeran entre las partes en relación al precio del banano. Su resolución será obligatoria, pero los contendientes podrán apelar a ella ante el presidente de la Cámara de Comercio de Guayaquil.
Se ordena que todas las compañías bananeras deberán sujetarse a las leyes vigentes en lo referente a impuestos, tasas o cualquier otra obligación con el fisco o las municipalidades, sin que pueda haber excepción, exoneración o privilegio alguno. Toda cláusula o disposición contractual violatoria a lo prescrito, no tendrá valor y quedará de hecho derogada.
Y, finalmente, se manda que se revisen todos los contratos firmados anteriormente con tales empresas, a fin de que los nuevos que se suscriban, estén en consonancia con las disposiciones de este decreto.
En efecto, en acatamiento estricto a lo dispuesto, se firman los nuevos contratos con diez años de plazo en agosto de 1938, debiendo por consiguiente caducar en 1948.
Desgraciadamente, cuando el general Enríquez entrega el poder, la United Fruit hace caso omiso de leyes y contratos. Para esto, con cinismo y prepotencia, alega la vigencia del contrato de 1937 firmado durante la dictadura de Federico Páez, ignorando por completo la existencia del de 1938 que anulaba al anterior. Sosteniendo esta peregrina tesis se niega a entregar al Banco Central un solo centavo de las divisas provenientes de sus exportaciones, razón por la que el Congreso de 1950, en sesión plenaria y por unanimidad, tiene que declarar la caducidad del contrato alegado.
Pero esto de nada sirve.
Y no sirve de nada, porque gobierna el país el señor Galo Plaza, mandatario entregado al imperialismo norteamericano y solícito servidor de las empresas extranjeras. Está asesorado por una legión de técnicos yanquis que elaboran los principales proyectos de ley. Así sucede -para citar un solo ejemplo- con el arancel de aduanas, que al disminuir los derechos arancelarios, tal como lo denuncia el senador Pedro Saad en el Congreso de 1956, no tiene otra finalidad que mantener al Ecuador como productor de materias primas e impedir nuestro desarrollo industrial.
La United Fruit, entonces, está como el pez en el agua.
Plaza Lasso, olvidando la resolución del Congreso de 1950, celebra un nuevo contrato en el que se declara válido el de 1937 y, consiguientemente, todos los privilegios en el pago de impuestos que allí se conceden. Según esto, no tiene que entregar sino el 60% de las divisas que las otras compañías bananeras, incluyendo las nacionales, entregan al Banco Central. Mientras que un exportador ecuatoriano entrega $ 1,60 por cada racimo de banano, la United Fruit sólo tiene que entregar 0,90 centavos de dólar.
Una prerrogativa, como se ve, por demás graciosa.
Los productores nacionales siguen supeditados a sus intereses. Cuando el mercado exterior se contrae o cuando la producción de sus plantaciones de Centro América que están más cercanas a los centros de consumo pueden abastecerlo, rebaja el nivel de su compras a nuestros agricultores causándoles ingentes pérdidas. Y de paso, dejando en la desocupación a un gran número de trabajadores asalariados.
Practica una competencia desleal con los exportadores ecuatorianos valiéndose de medios incalificables. Para impedir el traslado de la fruta al mercado norteamericano, acapara, sin necesitarlos, todos los cupos navieros disponibles. Y cuando algún cargamento puede llegar venciendo toda clase de obstáculos, recurre al dumping y vende su banano a precios ínfimos, ocasionando la ruina del atrevido competidor. Es dueña del mercado y nadie puede penetrar en su dominio.