A principios de la década de los 60 procede a la venta de sus propiedades. La enajenación no le ocasiona pérdidas, ya que la mayor parte de ellas habían permanecido sin cultivo, habiéndolas mantenido únicamente como reserva para el caso de destrucción de sus plantaciones centroamericanas por enfermedades o catástrofes naturales. El grueso de sus exportaciones provenía de la compra de banano a los agricultores nacionales, pues había descubierto que esta sencilla operación comercial dejaba grandes ganancias, a la par que le ahorraba las inversiones necesarias para el mantenimiento de las bananeras y le evitaba conflictos con sus trabajadores, estos últimos suscitados con frecuencia debido a la explotación de que son víctimas. De otro lado, la amenaza de una reforma agraria -que flota en el ambiente a raíz de la revolución cubana- también obliga al cese de su actividad productora para dedicarse tan sólo a la exportación. A este respecto es necesario indicar también varias de las invasiones a sus tierras por parte de los campesinos desalojados de las haciendas, como por ejemplo, las que tienen lugar en Taura, Vainillo y Tenguel en varias ocasiones.
Para preservar el control del comercio del banano ecuatoriano en el exterior -dice John Aggen- la Bananera adoptó un sistema de "productores asociados", que venderían su producto directamente a la United, a cambio del derecho de comprar las propiedades de la compañía en el Guayas. De acuerdo con este nuevo arreglo, las haciendas de Taura y Vainillo fueron parceladas y vendidas a productores nacionales.
Los agraciados con la parcelación de esas inmensas haciendas son, naturalmente, ricos terratenientes, poderosos negociantes, políticos influyentes y los servidores y abogados de la empresa. Uggen da sus nombres en un largo cuadro. De ellos merecen ser citados siquiera estos pocos:
Esteban Quirola, uno de los mayores exportadores de banano de la provincia de El Oro y fuerte accionista del Banco de Machala.
José Jalil Montesdeoca, ministro de Galo Plaza y presidente de la Cámara de Agricultura de la Segunda Zona en 1966.
Aparicio Plaza Luque, miembro de las familias oligárquicas de Guayaquil y poderoso comerciante.
Luis Plaza Dañín, político guayaquileño que ha ocupado importantes cargos: legislador, alcalde de Guayaquil, ministro de la Corte Superior del Guayas, etc..
José Aray Marín, ministro de la Junta Militar, miembro de la Asociación de Ganaderos del Litoral, presidente de la Asociación Nacional de bananeros y dueño de la Compañía Agrícola Aray. Es cuñado de Plaza Dañín y tío de Carlos Plaza Aray, hijo político de Raul Clemente Huerta y presidente de la Federación Nacional de las Cámaras de Agricultura en 1985.
Leopoldo Amador Navarro, abogado de la United Fruit y gran comerciante guayaquileño.
Isaac Santos, presidente de la Asociación Nacional de Bananeros.
Tenguel, ahora, se salva de caer en sus manos.
A mediados de la década de los 50 la producción de este latifundio decae notablemente debido, sobre todo, a las enfermedades que azotan las plantaciones de banano. Los perjudicados, como siempre, son los trabajadores. Según Uggen, en el lapso 1955-1960, son arrojados a la desocupación 1.800. Este hecho, como es natural, causa indignación entre los afectados que desde entonces inician una lucha tesonera para hacer suyas las tierras laboradas con su sudor y sacrificios. La lucha emprendida, que cuenta con el apoyo decidido de las organizaciones obreras y campesinas afiliadas a la CTE, culmina en marzo de 1962 con la toma de la hacienda, que constituye, al decir del escritor antes citado, el éxito más espectacular del Partido Comunista. La United Fruit se ve obligada a vender su propiedad al Estado, que luego, ante la firme actitud de los ex-jornaleros, procede a su parcelación.
El Ecuador, para la época a que nos venimos refiriendo, se había convertido en el primer país exportador de banano del mundo. De 4.000.000 de toneladas métricas que constituye la exportación mundial en 1963, nosotros exportamos 1.200.000, o sea el 30% de ese total. El área sembrada alcanza a 161.000 hectáreas.
Pero la producción de banano de la superficie arriba indicada es infinitamente superior a la que se exporta. Pedro Saad -cuyos estudios sobre la explotación a nuestro país por las compañías extranjeras son silenciados mezquinamente por parte de sociólogos e historiadores que temen sin duda ser calificados como marxistas- manifiesta que las 161.000 hectáreas producen 80.000.000 de racimos de banano según cálculos del Banco Central, de los cuales se exportan únicamente 41.000.000 en 1964, perdiéndose por lo menos 25.000.000 si a los 39.000.000 sobrantes se les resta 3.000.000 por consumo interno y 11.000.000 que se pierden por plagas y enfermedades. Jean Paul Deler confirma la afirmación anterior, pues dice que por "más de un decenio la producción media representó más del doble de la capacidad media de exportación".
Este desperdicio, como se puede suponer, significa ingentes pérdidas para los productores nacionales, en especial para los pequeños, ya que son ellos los que juegan un papel fundamental en la ampliación de las siembras bananeras, a lo que se suma las pérdidas que sufren por la imposición del cultivo de la variedad "cavendish" que exige una tecnología sumamente cara que no están en capacidad de sufragar. También son afectados los trabajadores, porque la contracción del mercado, es causa para que sean despedidos en gran cantidad, como ocurre por ejemplo en los años 64-65, al respecto de los cuales el diario El Universo dice esto: "La escasa demanda de bananos por parte de los países que nos compran la fruta, ha hecho que un 30% de campesinos esté desocupado y se las vean negra para subsistir". Y por supuesto el Estado, por merma de divisas, es otro de los perjudicados.
¿Por qué sucede esto? Simplemente, porque la United Fruit -al igual que las otras compañías norteamericanas- sólo recurren al banano ecuatoriano cuando su producción centroamericana mengua o cuando el mercado consumidor se expande, quedando nuestro país al vaivén de estas contingencias. Tal como afirma Fernando Velasco: "De esta suerte el Ecuador quedó en calidad de zona marginal, o sea, de área productora a la cual se apelaba eventualmente y según las fluctuaciones de la demanda y de la producción mundiales".
Otro medio de explotación es la rebaja de los precios a que apelan las compañías exportadoras cuando conviene a sus intereses. Esta operación puede ser realizada gracias a que dominan y controlan los mercados consumidores. Un Consejero Comercial del Ecuador en EE.UU., Jaime Durango, en 1971, dice a este respecto lo siguiente:
Uno de los factores que influye en el mercado del banano y quizás el más fuerte, es que tres empresas grandes como son la United Fruit, la Standard y Del Monte controlan el mercado de los Estados Unidos y el Canadá. Estas tres compañías abarcan el 95 por ciento del mercado, dejando el 5 por ciento restante a pequeñas empresas independientes que no pueden competir en precios, sobre todo, con los precios impuestos por la United Fruit.
Así se dan casos paradójicos: el Ecuador exporta más y recibe menos. Un solo ejemplo que está a mano: en 1963 se exportan 39 millones de racimos por los que se paga 74 millones de dólares, mientras que en el año siguiente se exportan 41 millones y sólo se recibe 70 millones de dólares. Esto, se dice, obedece a la sabia ley de la oferta y la demanda, que no sabemos por qué, siempre está en nuestra contra...
La devaluación de nuestra moneda es también instrumento de explotación. Con cualquier pretexto -la necesidad de fomentar las exportaciones y dar competitividad a nuestros productos sobre todo- se pide la elevación del precio del dólar, petición que es acogida por la mayoría de nuestros gobiernos, siempre con las orejas bien abiertas para oír el canto de sirena de las transnacionales y de sus servidores criollos.
El pueblo es el que sufre las consecuencias de las devaluaciones. Todos los precios de los artículos se elevan, en especial los de primera necesidad. Se reduce la capacidad adquisitiva de los salarios de los trabajadores y de todas las personas que perciben sueldos o pensiones fijas. En cambio, para los exportadores, el negocio es redondo: compran nuestros productos por menos dólares y siguen pagando los mismos salarios con sucres devaluados.
Respecto a los resultados del deterioro salarial -consecuencia inevitable de toda devaluación- Carlos Larrea Maldonado dice:
Se ha demostrado que los principales beneficiarios de la desvalorización de los salarios de los trabajadores ecuatorianos han sido las empresas exportadoras, ya que el productor no puede retener estas ventajas, debido a la estructura oligopsónica del mercado. Esto significa que al reducir los salarios de los trabajadores, parte del excedente es entregado a las transnacionales sin beneficio alguno para el país.
A lo dicho hay que agregar una serie de artimañas empleadas por las compañías exportadoras en contra de los trabajadores y productores nacionales, artimañas propias de novela picaresca, cuyos personajes son ampliamente superados. Alfredo Vera Arrata en su Historia de un triste banano narra con detalle los métodos empleados con ese propósito. Allí se habla de la expoliación que entrañan los "cupos" y los célebres "contratos de asociación". Sobresale, empero, la obligación de poner un excedente de libras en cada caja de la fruta. Sobre este particular se expresa así:
Si el Ecuador exporta anualmente un promedio de 100.000.000 de cajas y cajitas y en cada una de ellas han estado llevando, robadas, dos libras de exceso, los exportadores han estado saqueándole a los productores y al país entero 200.000.000 millones de libras por año; a groso modo a los productores les han robado, calculando a S/.0,40 por libra la suma de S/.80.000.000 y al Estado S/. 36.000.000 por impuestos; en total cerca de 120 millones de sucres.
Para las compañías exportadoras que por ese excedente no pagan nada, según Vera, esa sencilla operación "financiera" les significa una ganancia extra de 425 millones de sucres aproximadamente.
El Don Pablos de Quevedo y el Guzmán de Alfarache de Alemán, como se puede ver, quedan como aprendices.
Es que en realidad, el banano constituye un gran negocio solo para las empresas exportadoras que se llevan la parte del león, quedando poco para el agricultor, poquísimo para el Estado y casi nada para los trabajadores.
El reparto de cada 100 sucres de banano vendido en el mercado de Nueva York en 1988 es el siguiente según el analista Fidel Jaramillo:
59.50...........exportador
17.00........... agricultor
3.50........... peones agrícolas
20.00........... otros gastos (fletes, transporte interno, seguros, etc.)
La ganancia para los países bananeros es mínima. El diario El Universo de Guayaquil, basándose en datos proporcionados por Latin American Report de Londres, publica esto:
1990 fue el año más positivo del siglo para los exportadores de banano, ya que los precios minoristas llegaron a 23,17 dólares por caja de 18,14 kilos en Alemania y Estados Unidos; sin embargo, los países productores recibieron una cuarta parte en el mejor de los casos, que son Panamá y Costa Rica, mientras que el mayor productor y exportador mundial, Ecuador, recibió apenas la sexta parte.
El Ecuador menos aún que los otros países. ¡De cada caja vendida a 23,17 dólares, apenas recibe 3,86!
Actualmente, y desde hace varios años, las compañías extranjeras, incluyendo a la United Fruit, han sido superadas en el volumen de exportación por la empresa "nacional" denominada Exportadora Bananera Noboa, que hoy ocupa en su rama el cuarto lugar en el mundo. Conviene, por lo tanto, decir siquiera unas pocas palabras sobre ella, recomendando, eso si, a quien quiera mayores referencias, el libro de Fierro Carrión: Los grupos financieros en el Ecuador.
Hemos puesto "nacional" entre comillas porque esa compañía, al igual que la mayoría de las otras que conforman el Grupo Noboa, se han transnacionalizado completamente. "El holding Core Investment Limited, domiciliado en el paraíso fiscal de Bahamas, figura como accionista mayoritario, de nueve plantaciones de banano" de la Exportadora Noboa. La Agrícola Bananera Clementina S.A. -de la misma empresa- consta como subsidiaria de Pacific Fruit Limited de las Islas Bermudas.
Mas no se crea que la Exportadora Bananera Noboa es competidora de las compañías extranjeras. Todo lo contrario. Trabajan mancomunadamente, y claro está, mancomunadamente se reparten mercados y beneficios. Y tiene que ser así, pues el señor Noboa Naranjo se inició trabajando con la United Fruit como intermediario en la comercialización de la fruta, compañía con la cual sigue manteniendo relaciones estrechas. También operó a través de UBESA según Vera Arrata. De 1946 a 1956 fue exportador exclusivo de la Standard Fruit Co., a la cual debe seguir vinculado, ya que su Apoderado General en el Ecuador es Alejandro Ponce Luque, hermano de Enrique Ponce Luque, su cuñado y Vice-presidente de la Exportadora de su propiedad.
Sus métodos de explotación, como cumple a un exportador transnacionalizado, son iguales a los de las compañías extranjeras, quizá, con un poco más de inventiva. Es el inventor de los "contratos de asociación". Al parecer de algunos analistas, el envío de capitales al exterior, "podría servir para subfacturar exportaciones y sobrefacturar importaciones, así como para evadir el pago de impuestos... Por otro lado, según las normas legales, el capital extranjero está sujeto a menores imposiciones que el nacional" (31).
Todo esto ha sido posible gracias a la influencia que tiene y ha tenido Noboa sobre los diferentes gobiernos, los que le han colmado de prerrogativas y han cerrado los ojos para no ver sus actos ilegales. Como Urbina Jado durante el período de la "dominación bancaria", ha escogido legisladores y ministros entre sus áulicos y empleados. El ex-presidente Febres Cordero fue gerente de algunas de sus empresas.
Sin embargo es ciudadano ejemplar. El ex-ministro censurado Andrés Barreiro Vivas, con viveza empresarial, al condecorarle en nombre de la Cámara de Comercio de Guayaquil, dijo nada menos que esto: "Ojalá el Ecuador tuviera hoy 200 Luis Noboa Naranjo que pudieran recibir esta presea, si así fuera, Ecuador dejaría de ser un país del tercer mundo"(32)
Más ceñido a la verdad hubiera sido decir que esos 200 Noboas sobran y bastan para llevar al país a ese cuarto mundo de que nos habla René Báez en una de sus obras.
Desde luego, el panegírico transcrito no es sino la acostumbrada loanza de los admiradores del dios dinero. Y la loanza está en relación con la fortuna del gran magnate. El analista Luis fierro Carrión ocupa cuatro páginas de su libro Los grupos financieros en el Ecuador solo para enumerar las 87 empresas del grupo Noboa, cuyos subgrupos corresponden a los principales empresarios y políticos del país, como los Febres Cordero, los Noboa Bejarano, los Estrada, los Arosemena y los Nebot, por ejemplo. Una gran parte de las empresas que Fierro Carrión menciona están penetradas por el capital extranjero.
Entre las apologías a la United Fruit, es necesario mencionar un libro único, La empresa Estadounidense en el extranjero, donde se afirma que toda la mala fama de esa compañía proviene de una malévola propaganda:
La compañía -se dice- no ha tenido éxito en hacer conocer a las comunidades donde trabaja, y al mundo en general, su verdadera historia. Por los cargos que por lo general son falsos y exagerados y que provienen de sus enemigos, casi nunca se pueden apreciar los múltiples aspectos de las contribuciones que la compañía hace a los países donde opera (33).
La United Fruit, según el libro, convierte a nuestros países en un verdadero paraíso. Regala tierras en Centro América. Paga salarios elevadísimos y en Tenguel alimenta a sus trabajadores casi gratuitamente. Es motor de nuestro desarrollo y nos proporciona montones de divisas. Es, en suma, maná caído del cielo.
Así, sin rubor, se reemplaza la verdad por la apología mentirosa. Todos los crímenes y desmanes son silenciados, pasados por alto, como que jamás hubieran existido.
Los autores de esta singular versión histórica son Galo Plaza y Stacy May. El primero -ya lo sabemos- es obsecuente servidor de la United Fruit, y el segundo, uno de sus distinguidos funcionarios.
El señor Stacy May merece un poco de atención. Viene al Ecuador como supervisor de la International Basic Economic Corporation, compañía consultora de Nelson Rockefeller llamada por el presidente Plaza para planificar nuestra economía, o más francamente, para supeditarla a los intereses del imperialismo yanqui. La consultora presenta un informe titulado El desarrollo Económico del Ecuador, que propugna la adopción de un modelo basado en la agricultura y en la exportación de productos primarios únicamente, dejando de lado por tanto todo programa de industrialización, para convertir al país en importador de artículos manufacturados extranjeros. Y, como es obvio, se recomienda de manera especial el cultivo del banano, indispensable en ese momento -como ya se dijo- para recompensar la baja producción de las plantaciones centroamericanas infestadas de plagas.
El Plan Rockefeller, como instrumento de subyugación, resulta corto frente al proyecto neoliberal aupado por los "modernizadores" de hoy. Ya no se trata sólo de concesiones traidoras, sino de la subasta de todas las empresas del Estado, de la entrega total de nuestras riquezas a las compañías transnacionales. De borrar todo vestigio de independencia, para poner sobre las espaldas del pueblo ecuatoriano, el oprobioso yugo colonial.
A cambio, los vende-patria, sumisos y cabizbajos, esperan recibir las sobras del festín de los colonizadores. Sí, solo las sobras, ni siquiera las treinta monedas de la leyenda bíblica.
Desde luego, es suficiente para ellos.
Pero volvamos a la United Fruit.
Durante un tiempo desaparece del suelo patrio. Empero, sin poder resistir el olor de la ganancia, pronto regresa al país con otro nombre, pues el anterior está suficientemente desacreditado por sus múltiples desmanes, tanto aquí como en escala internacional. Ahora se llama Chiquita Brands o Chiquita Banana como también se la denomina.
Y la vuelta es exitosa. Hoy es una de las empresas bananeras que más exporta, principalmente a los Estados Unidos, donde coloca el 63% de sus exportaciones, según se afirma en un artículo del diario El Comercio de Quito publicado en 1998.
Emulando la anterior experiencia de la United que resultó beneficiosa, la Chiquita Brands no tiene cultivos propios, sino que compra la fruta a los productores nacionales, con los cuales suscribe contratos que muchas veces son incumplidos y rotos unilateralmente. Por este motivo varios productores han tenido que enjuiciarla.
Sigue, sobre todo, la antigua tradición de abusos que cada día se multiplican.
Un informe del periódico estadounidense Cincinati - Enquirer denuncia las precarias condiciones de vida de los trabajadores de la compañía y el uso de pesticidas perjudiciales para la salud. Afirma que "quienes se tragan los pesticidas son los costarricenses, hondureños y ecuatorianos que trabajan en las plantaciones, mientras se fumiga. Sus reservas de agua se contaminan y sus hijos juegan en la contaminación"(34). Se añade que tales pesticidas no pueden ser usados en los Estados Unidos, Canadá y Europa.
El mismo informe también acusa que la empresa ayuda a ciertos bananeros ecuatorianos a evadir impuestos, detallando las transacciones comerciales realizadas con este propósito por su subsidiaria "Agrícola del Guayas", actualmente reemplazada por la denominada "Brundicorp". Para esto se vale de diferentes tretas. Se dice que en la sección denominada "Propósito de los libros off shore", cuenta Miami, consta lo que sigue:
Presiones de la competencia. Los cultivadores quieren dólares off shore para evadir los impuestos y evitar convertirlos a sucres a la tasa oficial que es 8 por ciento más baja que la tasa del mercado libre (35).
Las denuncias anteriores, a todas luces verdaderas, tienen un desenlace inesperado como sucede siempre cuando van dirigidas contra los poderosos. El periódico cobardemente se retracta y despide al periodista Mike Gallegher, autor del reportaje. Además, el impreso debe pagar la suma de diez millones de dólares como indemnización por daños y prejuicios, ya que se dice que las informaciones han sido recibidas en forma ilegal. La Chiquita Brands International felicita al periódico por la valentía de la retractación. Es de presumir, que por la valentía, también le perdona la cuantiosa suma de la indemnización... Y así, todo queda terminado y en santa paz.
Otro abuso. Nicolás Castro Benítez, presidente de la Asociación Nacional de Bananeros, después de manifestar que los productores de banano deben más de 800 millones de dólares, se expresa de esta manera:
Cómo vamos a pagar si los exportadores no respetan un precio oficial que al momento está sobre los tres dólares la caja. Pagan de 13 a siete mil sucres por una caja que cuesta producir 2.3 dólares. No existe autoridad que imponga ninguna sanción (36).
Esto consta en la revista guayaquileña Vistazo. Y ya sabemos que es una de las principales compañías exportadoras, que según Castro Benítez controla el 21 % de las exportaciones ecuatorianas, ocupando el segundo lugar después de la exportadora Noboa que controla el 31%. En escala internacional figura como la mayor distribuidora de banano en el mundo.
Tal como la antigua United Fruit, también en los otros países americanos, sigue abusando y usando los mismos métodos dolosos. Un solo ejemplo referente a Honduras:
La última guerra bananera se produjo en 1974, cuando se enfrentaron United Brands -hoy Chiquita Brands- y Standard Fruit. United Brands pagó US $ 1,25 millón a funcionarios del gobierno hondureño, para que bajaran el impuesto a las exportaciones de bananas. Cuando los sobornos quedaron al descubierto, el presidente de United Brands se suicidó lanzándose desde la ventana de su oficina en Manhattan. Y al poco tiempo cayó el gobierno hondureño (37).
Y en la misma nación hondureña, cuando las plantaciones de banano son arrasadas por el huracán Nitch, la compañía Tela Railroad, subsidiaria de la Chiquita Brands, dando muestras de total inhumanidad, manifiesta "que despedirá 7.782 empleados, sumándose a los casi 10.000 que cesará la Standard Fruit Company, subsidiaria de la Castle and Coke"(38). A estas empresas fenicias, como se ve, poco importa arrojar a la miseria a miles de trabajadores. El dios dinero está sobre todas las cosas.
Ahora que se habla tanto de corrupción y corruptores, pocos, sin embargo, se atreven a hablar de estas compañías extranjeras corruptas.
Y en lo que respecta a la Chiquita Brands, los abusos y la corrupción proseguirán, puesto que la vieja tradición se impone con toda su fuerza.