Capitulos de este wiki
  1. 1 Inventario del mal
  2. 2 El bestiario, inventario del mal
  3. 3 La pululación
  4. 4 La metamorfosis
  5. 5 Bibliografía consultada
  6. 6 Notas

2 - El bestiario, inventario del mal

Artículo creado por Julieta Yelin. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero31/inventar.html
25 de Octubre de 2006

Le mal que vous m’avez fait est trop grand, trop grand le mal que je vous ai fait, pour qu’il sois volontaire. [4] [5]

 

En su trabajo consagrado enteramente a Lautréamont, Gastón Bachelard [6] analiza el bestiario de Los Cantos teniendo en cuenta las potencialidades agresivas de cada uno de los animales: aquellos que muerden y destrozan (tiburón, león), los que tienen garras (águila, cangrejo), los que tienen ventosas y los succionadores (pulpo, sanguijuela, piojo), los venenosos (víboras), etc.; y concluye que existe en el texto una primacía de aquellos cuya agresividad es más acelerada, más inmediata, en la medida en que los mismos responden de modo más cabal al ideal de crueldad que se construye en el texto. La violencia de Lautréamont, sostiene Bachelard, no admite ninguna morosidad, ningún regodeo morboso: el mal es una forma pura e irracional, ligada al placer sólo como realización, nunca como amenaza. El bestiario puede ser leído, desde esta perspectiva, como un vasto repertorio de agresiones cuyas modulaciones instituyen temporalidades e intensidades diferentes, pero que coinciden en su extrañeza con respecto al mundo de la violencia humana.

Cette violence pure n’est pas humaine; prendre des formes humaines serait la ralentir, la retarder, la raisonner. Mettre à la base de la violence une idée, une vengeance, une haine, serait perdre son ivresse immédiate, indiscutée, son cri. [7]

Como el grito, sentido pleno sin referencia, la agresividad animal tiene la carga de inmotivación e irracionalidad necesarias para crear un mal extraño a la conducta humana, de una exterioridad tan atroz que posiciona al hombre frente a sí mismo como frente a un desconocido.

La presencia siempre silenciosa y negada de lo animal como potencia primigenia destinada fatalmente a realizarse es el motor poético y narrativo de Los Cantos y escenifica una y otra vez el enfrentamiento del hombre al mal como suceso familiar, cotidiano, al tiempo que radicalmente ajeno. Pero ¿de qué modo se construyen al interior del texto estas oscilaciones entre un mundo reconocible y otro desconocido que habita dentro de él? Podríamos sugerir la presencia de al menos dos figuras fundamentales, ambas asociadas al cambio: la pululación y la metamorfosis. Se trata de movimientos de pasaje y desplazamiento de sentidos, de procedimientos mediante los cuales el relato avanza, vale decir, atraviesa los pantanos generados por la proliferación de imágenes poéticas, al tiempo que produce en su propio acontecer la suspensión en nuevas imágenes. Nos detendremos sólo en la lectura de dos fragmentos en los cuales dichos procedimientos ocupan un lugar central: el pasaje VII del Canto segundo (“Il existe un insecte que les hommes nourrissent à leurs frais…”) [8] y pasaje IV del Canto cuarto (“Je suis sale. Les poux me rongent… ”). [9]

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