3 - La pululación


Artículo creado por Julieta Yelin . Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero31/inventar.html
25 Octubre 2006
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Il existe un insecte que les hommes nourrissent à leurs frais. Ils ne lui doivent rien; mais, ils le craignent. Celui-ci, qui n’aime pas le vin, mais qui préfère le sang… [10]


Así se inicia el episodio de los piojos en el Canto segundo, frecuentemente estudiado por la crítica a causa de su relación intertextual con un pasaje del Apocalipsis. Aquí las langostas han sido sustituidas por los piojos, insectos cuya agresividad se realiza por medio de la succión de sangre. Se nos advierte: los piojos prefieren la sangre al vino: este desplazamiento refiere, por un lado, a la analogía vino-sangre de Cristo instaurada por la liturgia cristiana, pero fundamentalmente describe una acción y un objeto que caracterizan e identifican a hombres y animales; vale decir que la distinción entre ellos no es esencial sino simplemente de objeto: los hombres beben vino, los piojos, sangre; los hombres se alimentan de la sangre de otro hombre -“el Hombre”-, los piojos de la sangre de las cabezas humanas. Estos desplazamientos metonímicos giran en torno a la figura rectora del proceso digestivo como movimiento primero de transformación y en el cual se cifran todas las amenazas del mal: el terror que se impone en Los Cantos es el de ser tragado, metabolizado, el terror a la desaparición. La figura de los piojos encarna aún con más fuerza que la de las langostas la amenaza de la desaparición humana porque aquellos tienen la cualidad de alimentarse del hombre, al tiempo que su tamaño y cantidad impide cualquier control y permite percibir claramente la impresión arcaica de la pululación caótica a la que se refería Durand. El mal que encarnan los piojos no puede ser individuado, puesto que cada uno de ellos es insignificante disociado del resto; su peligrosidad está asociada a la pluralidad y la indeterminación. Puede leerse aquí también la tensión, la fuerza descentradora del devenir-animal deleuziano, situado siempre en los dominios de la multiplicidad, de la negación de identidad: la manada, la banda, la población. [11]


En este episodio, con miras a la aniquilación de los hombres, Maldoror concibe una enorme fosa en la que se cría una multitud de piojos listos para cumplir su cometido.


Pour moi, s’il m’est permis d’ajouter quelques mots à cet hymne de glorification, je dirai que j’ai fait construire une fosse, de quarante lieues carrées, et d’une profondeur relative. C’est là que gît, dans sa virginité immonde, une mine vivante de poux. [12]


La obra ha sido creada mediante la fecundación de un piojo hembra (“J’arrachai un pou femelle aux cheveux de l’humanité”) [13], que, impregnado de sangre humana, dio a luz una maraña horrenda que espera en la fosa el momento indicado. De ello puede inferirse que la amenaza -que es siempre amenaza de desaparición- tiene como origen una sustancia humana y, en consecuencia, que el hombre sólo debe temer a aquello que viene de sí. El Apocalipsis lautreamoniano, en este sentido, no constituye la realización de un castigo divino ni la épica lucha del Bien contra el Mal, sino la mediocre exterminación del hombre por él mismo.

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Autor y licencia de 'Imaginarios teriomorfos en Los Cantos de Maldoror del Conde de Lautréamont'


Artículo de Julieta Yelin . Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero31/inventar.html CopyLeft
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