En una entrevista concedida en 1989, Gabriel García Márquez afirmó no estar seguro que en su obra hubiera influjo de Juan Rulfo: "buena parte de mi trabajo lo escribí antes de haberlo leído" (1). Adelante, en el mismo texto, dice: "(En mí) no hay influencia de Rulfo porque he tratado conscientemente de defenderme de ella, aunque hay, desde luego, una coincidencia en el medio" (2). Esta categórica afirmación merece considerarse. Más, viniendo de un escritor de la talla de García Márquez. Sin embargo, al enfrentar los textos de uno y otro autor, persiste la rasquiña: ¿en verdad no hay influjo?. Yo creo que sí. Encuentro, entre Pedro Páramo (3) y Cien años de soledad (4), algo más que "coincidencias en el medio", como quiere Gabriel García Márquez. Resulta oportuno aclarar que no me queda claro qué quiere decir García Márquez con "coincidencia en el medio"; no obstante, lo interpreto como una similitud social, geográfica y anímica existente entre los latinoamericanos. Sin duda, con esta frase el autor logró eludir, en forma retórica (y por lo visto a satisfacción del entrevistador ya que la transcribió), la pregunta sobre el influjo en su obra del trabajo literario de Juan Rulfo.
Desde luego, pensar a García Márquez como continuación de Rulfo es descabellado, pero aseverar que éste no está en aquél, es torcer demasiado la vista. ¿Se habría dicho lo mismo de ser anterior Cien años de soledad a Pedro Páramo? Al final, no encuentro pecado en los influjos. Un sublime ejemplo lo tenemos en San Juan de la Cruz: ¿habría existido el "Cántico espiritual" sin el "Cantar de los Cantares"? Difícilmente. ¿Y quién se atrevería a condenar a San Juan de la Cruz por ello? En fin, con aceptación o sin ella, los ecos de Pedro Páramo resuenan en Cien años de soledad, como una feliz coincidencia, sí, pero, también, como apariciones y presencias fluyendo de Comala a Macondo.
Destaco cuatro semejanzas primordiales: 1) el cerrarse al tiempo, 2) sus mujeres, 3) el rencor y la soledad, y 4) sus apariciones y presencias.