El I ching considera al hombre como un microcosmos, y por lo tanto una misma enseñanza o Ley de la naturaleza se puede aplicar tanto al hombre como al resto del Universo.
Los 64 Hexagramas se deben considerar compuestos por dos trigramas. Estos trigramas deben tenerse en cuenta para la interpretación de acuerdo con los diversos aspectos de su naturaleza.
En cuanto a los 8 trigramas, fueron concebidos como imagen de lo que sucedía en el cielo sobre la tierra.
Estas ocho imágenes obtuvieron polifacéticas expresiones, ya que representaban ciertos procesos de la Naturaleza en esencia. Representaban además una familia compuesta de padre, madre, tres hijos y tres hijas, no en un sentido mitológico, como se ve en los dioses del Olimpo, sino en un sentido abstracto según el cual no se representan cosas, sino funciones.
Si recorremos estos ocho símbolos considerando que forman el fundamento del I Ching, obtenemos:
Los trigramas se asignan también a los ocho puntos cardinales de la rosa de los vientos.
Estos ocho trigramas fundamentales son símbolos, imágenes, ideas, y en ocasiones representan partes del cuerpo humano, animales simbólicos, cualidades de la naturaleza. No hay que olvidar que el I Ching considera al hombre como un microcosmos, y por lo tanto una misma enseñanza o Ley de la naturaleza se puede aplicar tanto al hombre como al resto del Universo.
Estos ocho signos o trigramas no son estáticos, sino símbolos de cambiantes estados de transición, imágenes que permanentemente se transforman. Aquí se nos presenta la idea fundamental de la mutación, recogida en Egipto en el principio del Kybalión que nos dice: “Todo vibra, nada permanece estático”
Estos ocho trigramas se combinaron de dos en dos, obteniendo así sesenta y cuatro. Los trazos de cada hexagrama se conciben susceptibles de mutación. Cada vez que un trazo emprende la mutación (el cambio de un trazo yin a yang y a la inversa), el estado representado por un signo se va transformando en otro.