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José Rafael Pocaterra ante la condición humana - Revolucionario de la narrativa corta de Venezuela (I)

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CopyLeft Artículo de Piero Arria y Valmore Muñoz Arteaga - 17 de Septiembre de 2006
Temas Relacionados: HistoriaHistoria de la literatura
1. Revolucionario de la narrativa corta de Venezuela (I)

En 1888 aparece en Venezuela la obra que se considera el inicio de la prosa modernista, Julián de José Gil Fortoul. Ese mismo año nace en Valencia, Estado Carabobo, José Rafael Pocaterra, considerado junto a Julio Garmendia, Jesús Enrique Lossada y Arturo Uslar Pietri, el gran revolucionario de la narrativa corta en el país. En su sangre corre la misma sangre agónica de Don Miguel de Unamuno. Sus apellidos (Pocaterra y McPherson) son oriundos de Maracaibo.

José Rafael Pocaterra fue eminentemente un autodidacta, de sus estudios sólo se sabe que cursó la primaria en una pequeña escuela (Colegio Don Bosco) de Valencia entre 1896 y 1901. En 1907 inicia su actividad de escritor cuando ingresa como colaborador en el periódico Caín, órgano periodístico opositor al régimen de Cipriano Castro. Consecuencia de ello, es hecho prisionero en el Castillo Libertador de Puerto Cabello para ser trasladado poco después al Castillo de San Carlos en Maracaibo. Desde entonces la prisión se transforma en la gran Universidad para Pocaterra. Allí aprende latín, griego, inglés, alemán, incluyendo, claro está, las innumerables lecturas que pasaron por sus manos. Culminado en año 1908, Pocaterra sale en libertad. Venezuela ahora pertenece a Juan Vicente Gómez. Al año siguiente parte a Caracas para desempeñarse como Secretario del ministro de Obras Públicas. En 1910 pasa a ser Secretario Privado del Gobernador del Estado Guárico. De allí se pasea por diferentes cargos de la administración gomecista.

En 1913 inicia formalmente su carrera como escritor al publicar su primera novela Política feminista, así como su columna semanal en el diario El Fonógrafo llamada Lecturas del Sábado. Tres años después siendo Secretario de la gobernación de Maracaibo, publica su segunda novela Vidas Oscuras. En 1917 dirige la revista Caracteres en Maracaibo. Un año después se traslada definitivamente a Caracas. Su oposición al gomecismo lo lleva a participar en un complot cívico - militar abortado en enero de 1919. Ya en 1914 había iniciado otra faceta dentro de su producción literaria con la publicación de cuatro cuentos Ecce homo, Pérez Ospino & CO, Noche de primavera y Nochebuena.

En 1919 ingresa a La Rotunda en donde permanecerá durante dos años. Luego de salir en libertad publica un texto político en el cual continúa su dura crítica al régimen de Gómez. La vergüenza de América le valdrá el destierro a Nueva York. En 1923 parte a Canadá donde permanecerá durante 17 años. En Canadá ejerce la docencia en la Universidad de Montreal en donde enseña español.

Participa en el fallido intento del Falke por derrocar a Juan Vicente Gómez en 1929. Seis años más tarde cuando muere el tirano, Pocaterra regresa a Venezuela por algunos meses. Tiempo en que aparece la primera edición de las Memorias de un venezolano de la decadencia. En 1937 se radica definitivamente en Canadá ejerciendo funciones de Agente Comercial de Venezuela.


Entre 1938 y 1939 regresa nuevamente al país para pronunciar una serie de discursos que luego integrarán una publicación denominada Integración venezolana. Ejerce varios cargos de importancia en el gobierno de Isaías Medina Angarita. En 1946 publica La Casa de los Ábila. A raíz del golpe de Estado contra Rómulo Gallegos, Pocaterra es encargado de restablecer las relaciones con los Estados Unidos. En 1950 es asesinado Delgado Chalbaud, Pocaterra renuncia a su cargo de Embajador en Washington y regresa a Canadá donde permanecerá hasta su muerte en 1955. A lo largo de su vida publicaría otras obras de fundamental como Tierra del sol amada, Vidas oscuras, Cuentos grotescos, Después de mí, Valencia, la de Venezuela.


Siendo lector apasionado del romanticismo se puede inferir que el concepto de humanismo para Pocaterra no difiere mucho de lo propuesto por los pensadores y poetas europeos del siglo XIX. Para ellos el humanismo era necesariamente la combinación entre la visión, traducida por ellos como pensamiento, y la acción. Pocaterra desde la denuncia formula un discurso que invita a adoptar, dentro de la circunstancia humana, un balance entre ambas condiciones. Esta denuncia se aferra a un síntoma decadente de la sociedad venezolana corrompida desde sus células por un ánimo conformista y cobarde.


“... El “enemigo” del gobierno es siempre un hombre taciturno que marcha entre una doble fila de esbirros y cuya mirada puede “comprometer” al conocido que encuentre. Las mujeres de las casas se asoman, tímidas, a una rendija, después de cerrar la ventana con una precaución infinita, no sea que se les cuele el maleficio “político” en la casa. ¡Ah, estas pobres mujeres nuestras a quienes el hombre infiltra la cobardía innata y la irresponsabilidad de cuanto les rodea” (Memorias T.I. Pag.35)


Pocaterra ya a los dieciocho años había sido encarcelado por colaborar en Caín, periódico en que se identificó como enemigo del presidente Cipriano Castro, y en los años siguientes no dejó de participar en la vida pública, anotando y fijando todo lo que veía y que luego vertería en sus novelas, cumpliendo con la premisa de sus lecturas juveniles.


El romanticismo en el que puede adscribirse la obra de Pocaterra es un movimiento cultural de protesta contra la civilización industrial - capitalista moderna porque considera que ella destruye los valores comunitarios; porque cuantifica y cosifica la vida social; y lo más importante, porque produce el desencadenamiento del mundo. Al enfrentarnos a la obra de Pocaterra tropezamos con un discurso agónico que critica los modos de vida y las tradiciones antiguas destruidas por el avance desmedido de la civilización capitalista - industrial que surge en Venezuela con la explotación petrolera.


Esta posición la sostendrá a lo largo de su vida. Incluso desde el exilio Pocaterra critica duramente el sistema de vida capitalista, personificado enteramente en la ciudad de Nueva York en la que pasa algunos de sus últimos años. En sus Cartas hiperbóreas hace un cuadro detallado de la ciudad símbolo del país norteamericano:


“No es menester considerarse muy sagaz para observar que este país envejece rápidamente, siendo tan joven. Su desgaste nervioso es mucho mayor que su progresión material. Es una enorme máquina de relojería, con piezas fortísimas, con muelles firmes, con tornillos bien ajustados, todo ello guardado en una caja de diez y ocho quilates, pero en cuyo seno íntimo el acero de la cuerda comienza a lajarse. Y ese acero es el espíritu público, el alma nacional. Va a enfermar del mismo mal que desdeña en el europeo y que menosprecia en el americano” (Obras Selectas. Pag.1506)


Esta tensa relación entre progreso y tradición se va a reflejar en la mayoría de sus novelas, especialmente en aquellas que intentan revelar minuciosamente los mecanismos de una sociedad que da la espalda a la tradición por la adquisición de nuevos valores fundados en el lucro fácil. Pocaterra describe amargamente esta realidad en un discurso inspirado por el romanticismo social, donde palabra y acción se unen en una denuncia que no esconde la realidad tras reflejos engañosos.


Como hombre, Pocaterra es flagelado por la realidad. Su sensibilidad se ve comprometida ante las figuraciones emanadas del poder político. En este sentido describe sus experiencias traducidas por la vena subjetiva de su romanticismo social. Como creador, Pocaterra describe la realidad que ve, pero traslucida a través del discurso de lo grotesco, diseminado dentro de una discursiva paradójica. El énfasis en lo feo, en lo turbio de la sociedad, propugna, dentro de sí, la semilla de la reacción, de la búsqueda constante de alternativas.

El discurso de lo grotesco establece, por lo tanto, la compleja relación entre la objetividad y la subjetividad en Pocaterra. En su obra la sociedad venezolana se coloca bajo una suerte de lente implacable que magnifica todos los errores, falsedades y defectos. Pero Pocaterra es también un creador, por lo que su discurso conlleva, además, una traducción constante al lenguaje literario, que subjetiviza y poetiza al pensamiento crítico. Tomemos como ejemplo la metáfora que utiliza Pocaterra para describir el sino fatal de la historia venezolana:


“Van encadenados de tal suerte los sucesos, sucédense en forma tan trabada y eslabonada la serie de incidentes que han determinado nuestra catástrofe, que desde el factor menos importante hasta los personajes de primera línea - y hasta las transformaciones sociales y los fenómenos meteorológicos ¡todo, en fin! - parece que fuese destinado por una voluntad suprema y malvada a consumar este largo proceso, torbellino loco, ola sin rumbo que a esta hora, con un sucio penacho de espumas, no sabemos si va a romperse, soberbia, contra un arrecife o si se abatirá desmayada, mansa, abyecta, en los bajos lodosos, en las marismas pútridas...” (OS. Pag. 1065)


El destino de Venezuela como una ola que crece alimentada por todos los errores de sus hombres y cuyo último fin permanece abierto. El determinismo que parece definir Pocaterra aquí alcanza niveles más humanos. No se trata de una suerte de divinidad maligna que concatena las calamidades. El sino del venezolano es producto de sus acciones, de las dispares voluntades que han dejado el camino libre a los gobiernos caudillistas de Castro primero y luego Gómez.


Cuando Gómez suplantó a Castro al poder, muchos sectores de la sociedad, especialmente el intelectual, no pudo dejar de ver en ello un avance significativo a una nueva libertad:


“¡No! ¡Usted es muy joven! Usted carece de experiencia de los hombres y de las cosas. Usted no conoce al general Gómez - clama Vivas. Habla dirigiéndose a mí, pero en realidad trata de convencer al grupo silencioso de presos -. El general Gómez es Crespo otra vez, pero sin codicia; sin los exclusivismos partidarios de Crespo... Tendremos libertad: Venezuela se encarrilará”. (OS. Pag 1067)


Pero esta ilusión pasaría rápidamente. Los aduladores de Castro se volvieron los aduladores de Gómez, el cual en vez de aflojar, apretó más aún las riendas del poder. No faltó quien asumiera una actitud crítica desde alguna tribuna, pero sería silenciado rápidamente con la cárcel o el destierro. Pocaterra sufrió ambas consecuencias. Pero no sería el único, cada sector de la sociedad se vio obligado a tomar partido ante el nuevo régimen. Hasta el clero se vería dividido por estas circunstancias:

“Gómez ha sido el mandatario más irrespetuoso con el clero que hayamos tenido. El destierro del Arzobispo Guevara por Guzmán Blanco, al que tanto partido le sacara la oposición ¿qué es al lado de esta serie de crímenes cometidos por Juan Vicente, a ciencia y paciencia del Vaticano? Expulsó al padre Oraa, envenenó al padre Ramírez y al padre Fránquiz; mantiene estos dos ancianos y venerables sacerdotes, Mendoza y Monteverde, engrillados y enfermos, hace ocho años en La Rotunda... ¿En dónde está la fe militante. El carácter apostólico, el báculo del pastor, la dignidad eclesiástica? La farsa iba hasta ayer de chistera y levita a los congresos, ahora asiste de mitra, capa pluvial y anillo a los Te-Deums. Les arroja Gómez a estos curas ávidos un puñado de obispados y canonjías y el clero de Venezuela, con el Arzobispo a la cabeza, se arroja a disputárselos en cuatro pies con las hopalandas irreverentemente alzadas”. (OS. Pag.1229).

Autor y licencia de 'José Rafael Pocaterra ante la condición humana - Revolucionario de la narrativa corta de Venezuela (I)'
Piero Arria y Valmore Muñoz Arteaga Extraído de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero23/pocaterra.html CopyLeft
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