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Josep Palau i Fabre, la voz subversiva del alquimista - Vida y obra de Josep Palau i Fabre (I)

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CopyLeft Artículo de Francisco Ruiz Soriano - 27 de Septiembre de 2006
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1. Vida y obra de Josep Palau i Fabre (I)

Josep Palau i Fabre, poeta barcelonés nacido en 1917, es uno de los máximos representantes de la poesía catalana de postguerra por la capacidad de asumir una tradición y, a su vez, subvertir y romper unos modelos impuestos en busca de nuevas formas de innovación poética. Como muchos de los grandes maestros de la literatura catalana contemporánea, Carles Riba o J.V. Foix, Palau i Fabre se mueve entre la tradición y la renovación vanguardista, pero la capacidad de subversión termina por dominarlo todo hasta el punto de abrir nuevos espacios poéticos y humanos jugando con los estilos, la métrica y el desdoblamiento del poeta en la escritura, no sin ahondar con ironía y amargura existencial en la crisis de la sociedad moderna como hicieron movimientos vanguardistas de postguerra entre los que cabe citar el surrealismo lúdico que encarnó el Postismo en la literatura española o la Generación Beat en la norteamericana, porque Palau i Fabre tiene mucho de outsider como Carlos Edmundo de Ory o Álvarez Ortega, poetas que van a contracorriente en el mar de estilos literarios predominantes de la segunda mitad del siglo XX, o que hacen de su vida y de su poesía una manifestación de su forma de ser y entender la existencia.

Esta unión de Vida y Poesía -proyecto común en todo gran artista de la modernidad- se puede vislumbrar en Poemes de l’Alquimista (1952), magna obra que recoge poemarios publicados desde su incipientes tanteos literarios en 1936 hasta el cierre del ciclo en 1952, tras su autoexilio parisino, convirtiéndose el poemario en una especie de autobiografía del propio Palau que va mostrando en sus versos ese recorrido hacia los infiernos del ser a través de la literatura, trayectoria vital y poética que abarcaría tanto el inicio de un aprendiz de poeta -con todo lo que significa de la asunción de una tradición literaria- como la ruptura y destrucción de esos modelos poéticos en pos de nuevas vías imaginativas, bajo el cedazo estético de la vanguardia y el existencialismo radical, mientras el poeta indaga en la desolación del ser humano a la vez que desentraña otras vías ideológicas y estéticas de penetrar en el arte: desde el retorno a lo primigenio hasta la reivindicación de otras facetas más oscuras y misteriosas del ser humano, desde el orientalismo y la alquimia hasta la experimentación con las formas poéticas en un juego de infinitas perspectivas (aforismos, poemas en prosa, teoría de colores, mimesis, laberintos, poemas dramáticos, cuentos alegóricos y desdoblamientos poéticos donde el escritor lleva hasta sus últimas consecuencias la idea de imitatio clásica, etc).

Todo ello representa un nuevo punto de vista y de posicionamiento crítico frente al pensamiento occidental; porque en ese intento de recuperar el arte total que conlleva la vanguardia se esconde la idea de libertad y de dar una nueva esperanza al ser humano, de retornar a aquella unidad bipolar del hombre perdida tras años de religión cristiana, racionalismo cartesiano y deshumanización tecnológica, para volver de nuevo la mirada hacia oriente y el budismo en un intento de rescate de la esencia humana originaria. El poeta busca esa nueva espiritualidad que también otros poetas surrealistas como Antonin Artaud propugnaron, parangón de una indagación existencial y artística que otros movimientos estéticos de postguerra realizaron a su vez, buen ejemplo fueron los artistas integrantes de Dau al Set o poetas franceses como Michaux, Leris, Ponge o Bonnefoy sin ir mas lejos. En esta actitud crítica y toma de consciencia rebelde, en este poner en solfa un punto de vista monolítico de la moral burguesa, es donde Palau i Fabre entronca con los grandes poetas que admira: Baudelaire, Rimbaud y Artaud, además se su pasión por grandes artistas como Picasso, a quien ha dedicado numerosos estudios: Vides de Picasso (1962), Picasso (1963), Doble ensayo sobre Picasso (1964), Picasso a Catalunya (1967), Picasso i els seus amics catalans (1971), Homenatge a Picasso (1972), El Guernika de Picasso (1979) etc, hasta su monumental Picasso vivent (1981).

Dramaturgo, ensayista, crítico de arte y narrador -muchos de sus cuentos fueron recogidos en su magno Contes de capçalera (1995)- se podría situar entre los escritores de la República o Generación de la Guerra Civil por publicar sus primeras obras a mediados de los años treinta, junto a una serie de poetas como Agustí Bartra que se vivieron influidos por las vanguardias y el neorromanticismo como forma de posicionamiento ante la realidad y la literatura novecentista dominada por el magisterio de Josep Carner, Manent o Eugeni d’Ors; así, para Palau i Fabre la vanguardia llega a ser una opción vital y estética, una forma de lucha y un posicionamiento entre clasicismo y transgresión en busca de nuevas perspectivas estéticas y formas de imaginación, de forma que el poeta se convertirá con los años y frente al predominio de una poesía clasicista y neorrealista, en un guía para las nuevas generaciones de poetas de los setenta como Xavier Bru de Sala, que junto a experimentales como Joan Brossa, fueron ejemplo a seguir por el empleo de un lenguaje fresco que junto a la libertad imaginativa modernizó la literatura y la lengua de este país, anclada todavía en el perfeccionismo excelso de los postsimbolistas. Componente de esa segunda vanguardia catalana de los años cuarenta que vio en J.V. Foix un maestro, Palau como muchos de sus coetáneos de Dau al Set y de la vertiente más surreal del grupo Ariel (Perucho o Sarsanedas) abogaron por el arte total y vieron en el surrealismo esa vía de escape, hicieron del desorden y el caos un baluarte de libertad y apoyo para sus opciones estéticas y vitales.

Director de revistas como Poesia (1944-5), Palau intentó entroncar con la vertiente vanguardista de antes de la guerra que representaron publicaciones míticas como: L’Amic de les Arts de Carbonell i Gener (1926-29) donde colaboraron surrealistas como Dalí, Miró, J.V. Foix o Sebastiá Gasch; Revista de Poesia (1925-7) de Marià Manent; o los Quaderns de Poesia (1935-6) que dirigieron Teixidó, Riba, Garcés, Foix y Manent mismo. Palau rescató perfectamente esa tradición vanguardista catalana a la vez que daba a conocer nuevas corrientes europeas al incluir en su publicación traducciones de poetas franceses surrealistas y presentar un fuerte aparato crítico que se interesaba por el arte moderno y reflexionaba sobre el fenómeno poético, buen ejemplo son textos del propio Palau como “El mèdium” o “Crear, traducir” que presentaban ya cierto aire de manifiesto estético donde definía la poesía como el arte de traducir la vida y, en última instancia, “Conocimiento que nos acerca al Absoluto”:

Totes les poesies són traduccions. Toda poesia és la traducció d’un poema viu engendrat en l’esperit. aquest original és inassolible; resta sempre inèdit. La poesia és, per tant, l’art de traduir la vida de l’esperit mitjançant l’esperit. Operació doble on malícia i ingenuïtat són una mateixa cosa, on la intel.ligència i l’instint es confonen, on el bé i el mal desapareixen. Operació completa, per tant; total. La més pròxima a una Coneixença, la que ens acosta més a l’absolut.
Poesia, nº4, 1944.

Más tarde colaboraría en la dirección de Ariel (1946-51) junto a Josep Romeu, Miquel Tarradell, Joan Triadú o Federic-Pau Verrié, otra de las revistas fundamentales para la recuperación de la cultura catalana, a la que luego se incorporarían críticos y escritores como Alexandre Cirili Pellicer, Joan Perucho o Jordi Sarsanedas con los que compartió una visión de la literatura como espacio de la imaginación, la vanguardia como un revulsivo transgresor de la situación del momento, parangón de lo que en pintura estaban realizando Tàpies, Cuixart o Pons.

Es en esa búsqueda de una tradición y, a la vez, la subversión de unos modelos con una nueva interpretación de éstos, donde cabe situar Poemes de l’Alquimista, recopilación de varios libros que el poeta estructura como un viaje existencial y poético por la experiencia de la identidad del yo y del propio lenguaje literario. Los poemas verán la luz en el año 1952 de forma clandestina en París, para despistar la censura, como muy bien señaló Joan Triadú en su Poesía catalana de postguerra (1985), el libro fue impreso sin permiso oficial, en Barcelona, dentro de la colección “Els llibres de l’Óssa Menor” al cuidado de Josep Pedreira; luego aparecerían una segunda edición en 1972 con sintomáticas supresiones por la censura y una tercera en 1977 donde se restauraría las composiciones y versos eliminados, hasta que en octubre de 1997 el autor establecería su versión definitiva en la Editorial Proa de Barcelona.

Formado por cinco libros: L’aprenent de poeta, L’alienat, Càncer, Laberint y Atzucac (“El aprendiz de poeta”, “El enajenado”, “Cáncer”, “Laberinto” y “Callejón sin salida”), el poemario se acompaña de unas “notas” donde el autor explica y da algunas indicaciones de la obra, tendencia al ensayo complementaria del poemario que muestra también esa faceta reflexiva y crítica de Palau i Fabre que dará a conocer en recopilaciones como La tragèdia o el llenguatge de la llibertat (1961), Quaderns de l’Alquimista (1977) o Quaderns inèdits de l’Alquimista (1991), conjunto de textos donde recoge meditaciones estéticas y existenciales en las que subyacen el magisterio y la admiración por Ramon Llull, Shakespeare, Picasso, Rimbaud, Van Gogh y otros grandes escritores como Artaud a quien le dedicará también un ensayo fundamental Antonin Artaud i la revolta del teatre modern (1976).

Palau i Fabre presenta la idea de la alquimia como un medio de alcanzar la unión de Poesía y Vida, la destilación de un arte total que dé cuenta de la experiencia del ser humano, búsqueda sagrada y mística que intenta llegar a la esencialidad de esa totalidad; la poesía se convierte entonces en una iniciación, en un ritual de autoconocimiento de los misterios últimos de la existencia. El poemario va a plasmar ese viaje argonáutico donde el toisón de oro no es otra cosa que la propia experiencia y el conocimiento sufrido; uno a uno, el poeta va desentrañando sus pasos iniciáticos de carácter estético y vital desde un inicial “Aprendiz de poeta” hasta la catábasis a los infiernos del ser que representa “Cáncer”, para terminar con una “Despedida” que es ese “Callejón sin salida” hacia la muerte irremediable de la vida humana, puesto que el hombre es un “animal que es busca” como señala el propio poeta en la introducción al poemario, búsqueda de sí mismo y desintegración del yo en pos de la exploración de un universo de libertad siempre tratando de romper tiempo y espacio como malditas construcciones sobre la tierra, como ideas básicas que recorren una obra supurante de rebeldía amarga.

El primer libro, L’aprenent de poeta, está ligado a la idea de iniciación juvenil a la poesía, de retrato de artista adolescente donde el aprendiz se ve iluminado por los destellos y el magisterio de la poesía oficial novecentista, son esos Epigrames daurats composiciones en torno a 1936 que muestran la influencia de la lectura del libro de Marià Manent L’aire daurat (1928); poemas breves y de plenitud emocional donde predomina la metáfora esencial que se van contraponiendo en forma dialéctica a poemas algo más largos también de tendencia amorosa (“Excés de la primavera” o “Cançó de la noia que habita el cor”) donde el poeta intenta retratar impresiones que en la sección “Alba dels ulls” se centran ya en cuadros y pintores determinados, ideales de belleza clásica o paisajes de armonía que marcan el magisterio a seguir: “Testa d’Hipnos” de Perugia, “Autoretrat” de Francesc Gimeno, “La naixença de Venus” de Botticelli, “Nàpols” de Marquet, “Helena Fourment en vestit de noces” de Rubens, incluso “Imatge de Gala” de Salvador Dalí; todo ha sido una especie de ekfrasis donde se recorre la historia del arte, verdadero ejemplo de victoria sobre la muerte, ya que la cita de Ausiàs March que introduce el libro señala esa brevedad de la vida frente a la inmortalidad del arte, al menos, como plasmación del instante de belleza para la eternidad (“La vida és breu e l’art se mostra llonga”), pero también de modelos estéticos para el joven aprendiz, ejemplos de cierta armonía clásica que esconden ya la semilla de la subversión por la presencia de ciertos tonos decadentistas que rompen el ideal de pureza que anhela todo novel escritor.

En esa búsqueda de la esencialidad se encuentra “Pedra” dedicado a filósofo Xavier Zubiri, del que fue alumno Palau en la Universidad de Barcelona a principios de los años cuarenta, el poema muestra el intento de llegar a la esencia de las cosas, esa vertiente juanramoniana donde el nombrar poético es la cosa misma que las palabras evocan en ese anhelo de alcanzar la esencia pura; bajo la filosofía de Zubiri llega el espíritu a la apropiación mimética de la cosa al pensarse y decirse, aprehensión de la realidad por el espíritu que conduce a la identificación con esa realidad:

Dura com l’aigua dura.
Arrel d’ella mateixa.
En èxtasi perenne
la pedra perpetua
la pedra, imatge pura,
i la idea de pedra
se’ns fa del tot madura.1

El mimetismo implica una identificación y conocimiento, pero también búsqueda de nuevos caminos en ese acercamiento a la naturaleza y las cosas, una nueva visión de la realidad.

Autor y licencia de 'Josep Palau i Fabre, la voz subversiva del alquimista - Vida y obra de Josep Palau i Fabre (I)'
Francisco Ruiz Soriano Extraído de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero26/palau.html CopyLeft
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