



El tema de la sexualidad como transgresión moral va hilvanando algunos poemas: “Paradís atroç”, “Idil.li”, “El coit”, “Malson”, etc, donde asoman las ideas de la mala conciencia, la soledad (desarrollado en “Sol”), el caos como pilar base de su estética y vida, la esterilidad de la existencia, la vacuidad o la destrucción de la pureza, éste último ejemplificado maravillosamente en el poema simbólico “La rosa”, tan exaltada por los poetas y que Palau -siguiendo la tradición de William Blake- trastoca en imprecación e insulto después de despojarla de sus esencialidades antes exaltadas.
Esa búsqueda de sí mismo, de llegar a lo profundo del alma humana, define al poeta de tal forma que llega a adquirir características visionarias (“Mèdium”), o bien llega a adoptar una actitud revolucionaria muy próxima a figuras rebeldes como Don Juan o el Diablo por lo que tienen de transgresores, así esa idea de marginalidad y condenación aparece en el poema “Don Joan”, interés por el mito que le llevará también a que sea personaje central en varias obras de teatro: La tragèdia de Don Joan (1951), Don Joan als inferns (1952), Esquelet de Don Joan (1954), donde también surge esa búsqueda de unir Vida y Poesía como espacio de provocación y de libertad, anhelo de plenitud por medio del arte. Sintomático es que ya en el manifiesto poético del primer número de su revista Poesia en el año 1944, asociara a Don Juan con el poeta como ejemplo a seguir en ese juego de realidades y ficciones que es la Literatura:
El poeta, en tant que poeta, no és sinó un home que petrén perdurar en tant que home per tal d’estimar i ‘esser estimat per la dona.
El poeta és sempre infidel.
Aquest poeta o l’altre, a l’hora del seu primer bes, havia ja conviscut estretament amb moltes dones encara per ésser.
Moltes dones d’avui abandonen la cambra i els fills per donar-se, en la nit, a l’abraç m’es recòndit del poeta ja mort. Ara nu en la ment i en el somni.
L’amor del poeta triomfa del Temps i l’Espai.
Aquest és el seu orgull i el seu gaudi.
Per això el poeta, l’home lleig.
Tot poeta conté en potència un Don Juan.
El Don Juan és el poeta actualitzat.
La poesia és una veritat composta d’una sens fi de mentides o una mentida composta d’una sens fi de veritats. Poesia és Metafísica.
Poesia, nº 1, 1944.
La muerte aparece con la visión de haber vivido la existencia en todas sus posibilidades, incluso en el poema final, “El genio”, se hace una apología de la transgresión de la vida y de otras existencias que implica la autodestrucción y el crimen para volver así a otro estado de cosas o al concepto de renacer, la genialidad consiste en esa conciencia y llevarlo a cabo, en ver otros puntos de vista de la existencia, en ser otro diferente y poseer otras vidas como Lady Macbeth a la que implora como guía.
El cuarto libro lleva por título Laberint y presenta secciones de gran variedad. Como el simbólico laberinto del arte y del transcurrir existencial, el poeta experimenta con gran multitud de formas buscando el camino que la libertad creativa le inviste y que llega a convertirse en el espacio de la obra misma. Es un juego metapoético donde el laberinto es símbolo de las infinitas combinaciones de la escritura en un recinto cerrado que es el libro. La obertura se sucede hacia dentro- como en el laberinto mismo- y la exploración interior de todo ese trayecto existencial, llevado a cabo por el alquimista, se ha convertido en viaje hacia el conocimiento de uno mismo.
Palau i Fabre emplea multitud de estilos: desde el cuento alegórico en “La metamorfosis de Crorimitekba” hasta las formas métricas clásicas en decasílabos de Ausiàs March en “Vaig com les aus”, desde el juego experimental fonético en “El poema” hasta el uso de la lengua castellana en “Tierra fértil”; pero quizás sea esa teoría del mimetismo que emplea el poeta hasta sus últimas consecuencias donde mejor se presenta la faceta de la libertad creativa y las infinitas posibilidades de entender el arte y profundizar en el mismo a la vez que se abren caminos a la existencia, así son las composiciones originales de los poetas que Palau i Fabre admira las que sufren un proceso de imitación y adquieren en su nueva versión una renovada interpretación y perspectiva, nos referimos a poemas como “El lector invisible” donde recrea la “Espatlla” de Rosselló-Pòrcel, “Estances” de Carles Riba, “L’étranger” de Baudelaire, incluso “Sensation” de Rimbaud de la que llegan a aparecer hasta cinco versiones diferentes cada una más alejada del original. El poeta da una interpretación inédita partiendo del modelo, ejemplo de esa estética libre en la que la aprehensión del original le lleva a identificarse con él y, a partir de ese hecho, se proyecta hacia nuevas perspectivas y significaciones, no sólo es mimesis y apropiación, sino experimentación total en ese hacerse y recrearse continuo que es la obra y la vida, juego metapoético de destrucción y creación que es también la Literatura porque ésta es experiencia propia de lo vivido y lo leído.
Este paralelismo de correspondencias -tan baudelairianas- lleva al poeta incluso a practicar una teoría de los colores, evocación de aquel soneto de Rimbaud “Les voyelles”, pero que tiene como base la pintura de Picasso, así en la sección “Teoria dels colors, al boig dels colors, Picasso”, el poeta atribuye una serie de simbolismos y connotaciones a cada color: el azul domina en “El Danubi blau”, el blanco en “Capítol en blanc”, el negro en “Negatiu”, el verde en “Cul d’ampolla”, el naranja en “Taronja”, el rojo en “El primer amor” y el amarillo en “L’or no és groc” experimentando con sensaciones, evocaciones y connotaciones que cada color le produce, llegando a una especie de vasos comunicantes entre poesía y pintura.
Cierra este libro cuarto la sección “Final”, compuesta de tres poemas: “L’home de les cavernes”, donde Palau introduce el versos que son aforismos, reflexiones metapoéticas que indagan en lo primigenio del ser humano a través de la sensación vital que aflora en primera instancia y que son reflejo también de ese mito platónico de la caverna en el que el ser humano está condenado a ver reflejos de imágenes; “Sonet sord sobre l’art egipci”, donde indaga en la naturaleza misteriosa del símbolo; y, sobre todo, “Cant espiritual” en que Palau entra dentro de esa tradición de los poetas de postguerra que niegan o imprecan a Dios por el estado de miseria y desolación existencial en que se encuentra sumido el ser humano.
El quinto libro, Atzucac, (Callejón sin salida), terminaría ese trayecto poético y vital que sintomáticamente el poeta dedica a sí mismo. De esta forma, toda la obra se ha convertido en un viaje iniciático de bajada a los infiernos de la desesperación para resucitar de nuevo a la vida, una vez vertido todo el veneno y destilada la esencia; así, entre sus versos van surgiendo ideas reveladoras como el concepto de sobrevivir a la propia muerte que aparece en “La mort sobrevivent”, la existencia vista como un ritual iniciático que ha de sufrirse personalmente -esa experiencia de soledad- en “Sol”, el anhelo del canto o el intento de alcanzar lo imposible de tintes pitagóricos en “La música de les esferes” donde Palau reconoce que su vida ha sido nada más que ruido mientras invoca el suicidio.
Ese estado de acabamiento, de ruina existencial y de fuga raudal hacia la muerte van hilvanando los motivos de estos últimos poemas, donde el poeta llega a compararse con una vieja ciudad decadente en “Sóc tan vell...”. Canto del cisne final que cierra todo un ciclo donde no falta la alegoría como en la composición en prosa poética titulada “Conte”en la que se escenifica la muerte de un príncipe -que es el poeta mismo- por un tumor o feto que se transforma en la obra creada, especie de hijo que nace después de tanto sufrimiento. El poemario termina con “Comiat”, la despedida del escritor que con tono sincero abandona ya la poesía, pues la obra ha suplantado del todo la existencia que agoniza y muere, de esta forma Palau i Fabre deja todo su ser en los versos, toda su sangre en el libro creado mediante una metáfora de tinta que se convierte en fruto o semilla de supervivencia. En esta batalla entre vida y poesía se ha producido la muerte vital del se humano, pero, por otro lado, también surge un nuevo renacer que es la pervivencia en las obras, otra forma de existencia que es el Arte o la Literatura; del poeta sólo quedan los versos como testimonio y testamento de esa confrontación:
Ja no sé escriure, ja no sé escriure més.
la tinta m'empastifa els dits, les venes...
-He deixat al paper tota la sang.
¿On podré dir, on podré deixar dit, on podré inscriure
la polpa del fruit d’or sinó en el fruit,
la tempesta en la sang sinó en la sang,
l’arbre i el vent sinó en el vent d’un arbre?
¿On podré dir la mort sinó en la meva mort,
morint-me?
La resta són paraules ...
Res no sabré ja escriure de millor.
Massa a prop de la vida visc.
Els mots se´m moren a dins
i jo visc en les coses.7
El poemario desentraña la crisis de identidad del ser humano en el mundo moderno, la fragmentación de la realidad y la búsqueda de la totalidad. Presentado como un nuevo The Waste Land elotiano, Poemes de l’Alquimista se mueve entre tradición y vanguardia, entre la libertad de experimentación y una necesidad de asideros espirituales bajo modelos clásicos que actúen como baluartes ante la desintegración del yo. El poeta, inmerso en una sociedad de falsos valores y condenado a una existencia aciaga en un país oprimido por imposiciones totalitarias, reacciona con un autoexilio vital y la propugnación de una estética alquímica la cual, bajo la mimesis y subversión de formas, le ayuda a profundizar en el amplio abanico de posibilidades artísticas que es la poesía de la imaginación.
Siguiendo a los grandes maestros (Artaud, Rimbaud o Picasso), Palau convierte su experiencia vital y literaria en indagación existencial, aunque ésta quede a veces como mero testimonio de ese amargo itinerario iniciático donde penetrar en los misterios de la vida y de la muerte es sacar la verdad más terrible de la condición humana. La poesía se convierte así en redención, pero con la actitud rebelde y visionaria de las vanguardias a las que Palau i Fabre pertenece, pues como un nuevo Orfeo tras la catábasis, la Poesía adquiere el poder salvador y rememorador en tanto que inmortaliza para la eternidad ese sublime terrible que es toda caída en los infiernos del ser humano.
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