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[1] De todos es sabido que el tema de las narraciones del viejo casado con la niña se remonta a la antigüedad y sobrevive hoy en día en expresiones como "viejo verde' y en refranes como el siguiente: "Al tomar mujer un viejo, o toca a muerto o a cuerno" (Rosales; citado en Stern 334).
[2] En cuanto al género al que pertenece El celoso extremeño habría que señalar la originalidad creadora de Cervantes y del género novelístico que ya apuntaba Stern: "Partiendo de una tradición antiquísima, el insigne escritor crea una obra novedosa que combina elementos de los géneros tradicionales: farsa, tragedia y comedia lopesca pero que se aleja de ellos al mismo tiempo" (341). Así, Cervantes se aparta de la farsa al darle profundidad a Carrizales y se separa de la solución convencional de la comedia de Lope de Vega al hacer que Carrizales perdone a su mujer (Stern 341).
[3] El propósito de este conocimiento sobre sí mismo es responder a las preguntas: ¿Quién soy? y ¿En qué consiste el cuidado de mí mismo?
[4] A este respecto, es digna de mención la aportación que hace Davis al analizar la descripción de la doncella, elaborada en base a su belleza como el signifier de una sexualidad, que motiva a Carrizales a contraer matrimonio: "Leonora becomes the victim of Carrizales's fetishization not of her as the palpable object of his desire but of her as the signifier that he has created for the happiness he wishes to buy. The detailed accounts of his making her into the perfect image of a virgin bride complete with props and set illustrate the process of "fetishization" analyzed in Baudrillard's critiques of problems in Marxist theory of the excessively valued commodity" (644).
[5] En este sentido, resulta interesante recordar lo que dice Puig al respecto: "La casa que construye es un símbolo de su mente [de Carrizales]: es un mundo aislado que se ha creado para sí mismo y donde no caben otras perspectivas. Todas las ventanas están cerradas y nada de afuera puede entrar en la casa y, por tanto, cambiar la visión del mundo que Carrizales impone en los demás habitantes de la casa" (85). Parte de esa visión del mundo es observar a Leonora como una adquisición más, como se verá enseguida.
[6] Si bien no cabe duda de que toda novela refleja parte de la realidad histórica en la que nace, como sería la de los matrimonios entre viejos y niñas, la obra también incorpora "its account of desire into a detailed examination of the protagonist's monetary investment in marriage and his fetishizing of the young woman he marries by making her the embodiment of the commercial enterprise through which his status is derived" (Davis 642). Como menciona la estudiosa al respecto, la creación de este matrimonio se dibuja como un proceso social que cede tanto al marido como a la esposa un valor público y económico, que llega a ser más importante que la realización de cada uno de ellos dentro del ámbito privado como pareja (642).
[7] En este sentido, hay que agregar que no hay rasgo que cosifique más a la mujer que el de verla como un objeto para llevar a cabo la reproducción biológica. Por tanto, el que Carrizales contemple a Leonora como tal, desde el principio de la novela, pone de manifiesto lo interesante del proceso de adquisición de conocimiento de uno mismo, ya que el que llega a ser objeto para otro (Leonora, en este caso) acaba convirtiéndose irremediablemente en sujeto para sí. Se constata una vez más la importancia que tiene el otro para la definición del sujeto mismo, en tanto uno se diferencia en contraste con el otro.
[8] Como bien sugiere Puig, a Leonora se le ha dado una visión deformada de la realidad, que es la que le ofrece Carrizales. Sin embargo, tras la llegada de Loaysa se le proporciona otra perspectiva, que no por eso Leonora acepta, puesto que al final ella lo rechaza y entra en un convento, mientras él se marcha para las Indias. Esa visión deformada es, pues, el espejo en el que ella se mira.
[9] En este sentido, cabe recordar las apreciaciones de Sieber en relación a esta acción por ilustrar que es Leonora la ejecutora de esta transferencia de poder a nivel simbólico, siendo ella actora y protagonista, como se desarrollará a continuación: "Carrizales duerme con su llave bien escondida debajo de la almohada, pero en la noche crítica 'no la tenía debajo de la almohada, como solía sino entre los dos colchones y casi debajo de la mitad del cuerpo' […] Sacar la llave maestra de Carrizales y darla a Loaysa para que tenga una copia (otra llave maestra) es una transferencia simbólica cuyo mensaje es obvio. […] Si representa Loaysa el miembro viril que no tiene Carrizales, Cervantes no puede mejorar la imagen de otra manera" (18-19).
[10] Me refiero otra vez aquí a la presencia del otro como mediador para la conformación de la identidad del sujeto. Este postulado teórico foucaultiano es también sostenido por el psicoanálisis. Lacan al respecto afirma: "The Other is the locus in which is situated the chain of the signifier that governs whatever may be made present of the subject-it is the field of that living being in which the subject has to appear" (Lacan 203). Así, la formación del sujeto, como el conocimiento de uno mismo, requiere de la mediación del otro, ya que son las diferencias con ese otro las que definen al sujeto. El sujeto no existe, pues, si no existe el otro.
[11]En este sentido, Davis sugiere que “what the narrative of El celoso extremeño offers is in fact the metaphor of masculine impotence as means of portraying ideology. Carrizales is rendered impotent in his tardy designs to reestablish a family tree by his own uncontrollable insistence upon treating his bride as his most important investment—as sort of fetishized commodity. He does not allow her to function as his wife in a common endeavor to continue two noble blood lines” (643).
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