Inicio / Wikis / Artículos / La Barcelona prodigiosa de Eduardo Mendoza - La Barcelona de Eduardo Mendoza (I)

La Barcelona prodigiosa de Eduardo Mendoza - La Barcelona de Eduardo Mendoza (I)

Artículo creado por Eduardo Ruiz Tosaus. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero19/barcelon.html
07 de Septiembre de 2006
Historia de la literatura

2 - La Barcelona de Eduardo Mendoza (I)

El grado de evolución de las ciudades desde el abandono del medio rural hasta su instalación en el seno de la gran ciudad crea una especial tipología: hay ciudades (pensamos en la Barcelona de Eduardo Mendoza) que han aprendido a mercadear, a relativizar, y, si es necesario, a reírse del poso ideológico que la antigua sociedad poseía, ciudades que han sabido sustituir, en el grado que resulta imprescindible, la antigua concepción del mundo propia de las formas antropológicas de la physis, por la concepción mucho más laxa y liberal, que es propia de la vida intelectual de las grandes ciudades: la polis; en otras (pensamos en el Dublín de Joyce y Yeats), no está presente ni siquiera la ironía cuando entramos en el terreno más elevado de la concepción abstracta del mundo y de la producción de los simulacros estéticos correspondientes; ciudades en las que continúa viva una sumisión a ciertas órdenes de sacralización que tienen muy poco que ver con el carácter pagano.

Barcelona, ciudad portuaria, estratificada y con Historia, se ha presentado siempre como un ámbito ideal para guarecer las más diversas y quiméricas creaciones literarias. Gracias a su amplia oferta de ambientes, la ciudad ha pasado a ser el escenario, cuando no la protagonista, de novelas históricas, obras de denuncia política o sinceras confesiones que ahora repasaremos brevemente.

Los grandes mitificadores artísticos y literarios de la Barcelona moderna fueron los escritores novecentistas, porque ellos fueron los primeros en utilizar la ciudad, Barcelona, como escenario natural de sus elaboraciones literarias. Hicieron del espacio urbano una reinterpretación que iba más allá del acercamiento mimético y que planteaba una relectura global en términos simbólicos. Para ellos, la ciudad tenía un doble interés: político y social, más allá de planteamientos estéticos estrictos. Desde esta perspectiva, Barcelona les servía para referirse a la ciudad como abstracción de unas aspiraciones colectivas, políticas o, de un modo más complejo, en formas de vida burguesas y reformadas.

Narcís Oller (1846-1930), por su adscripción al realismo literario, puede considerarse el creador de la novela catalana moderna. Oller se propone la literaturización de la realidad social contemporánea -la de la sociedad catalana de la Restauración- y construir un cuerpo novelístico concebido en el mismo sentido de totalidad que la Comédie Humaine de Balzac, o los Rougon-Macquart , de Zola. Uno de los polos fundamentales de su novelística es Barcelona, donde se ambientan La Papallona (1882), La febre d´or (1890-1892), Pilar Prim (1906) y, parcialmente, La bogeria (1899). La atracción barcelonesa también se hace evidente si se profundiza en los principales leit-motivs temáticos del cuerpo olleriano: el ferrocarril, las tensiones pueblo-metrópoli, el juego bursátil, las contradicciones internas del progreso y, sobre todo, el crecimiento de la ciudad y su conversión en una gran urbe cosmopolita, como resultado del proceso de transformación social básico del momento: la ascensión y consolidación de la burguesía. La óptica desde la que el novelista lleva a término la plasmación y el análisis de la sociedad catalana de la Restauración es plenamente burguesa; eso significó, por encima de todo, la incorporación de una temática y de una visión del mundo hasta entonces inéditas en la literatura catalana, antagónicas respecto a las coordenadas básicas del costumbrismo literario, cronológicamente anterior e, incluso, contemporáneo. Este punto de vista burgués implica, en el caso de Oller, una visión ciertamente parcial de su sociedad; en su novelística no se refleja, pongamos por caso, ni el mundo del proletariado ni nada que remita a conflictos sociales. Barcelona en la obra de Oller es, eminentemente, la ciudad realista, concebida más como un decorado que como un medio por parte de un novelista tan alejado del determinismo zoliano como de la capacidad del novelista francés de convertir la ciudad de París en un universo de símbolos.

En La Papallona (1882), la inspiración netamente realista se evidencia, sobre todo, en la voluntad de documentar un mundo real concreto: el de la Barcelona medio obrera medio menestral, con un contrapunto burgués, de poco antes de la revolución del 68. Lo interesante para nuestro estudio de esta novela es que, además del documentalismo geográfico utilizado por Oller, diversos espacios no funcionan únicamente como un simple telón de fondo, sino que, a veces, se convierten en un ámbito donde se confunden el mundo exterior y el mundo imaginativo y emocional de los personajes (capítulos III, X y XIV). Asimismo, aparecen algunos de los topoi más característicos de la nueva literatura burguesa ochocentista: al crepúsculo, tiene lugar el acoso por parte del protagonista de una dama misteriosa y huidiza -amor clandestino, transgresor de códigos sociales-, que desaparece en medio de la multitud. (8) De modernidad indiscutible, insinúa temas como los de la disolución del sujeto en el laberinto y en el trajín de la ciudad o la extraña soledad del individuo sumergido en la multitud.

La febre d´or, aparecida entre 1890 y 1892 en tres volúmenes es propiamente la novela de la burguesía de los años ochenta en plena expansión económica y social y, a la vez, la novela de la transformación de Barcelona en una metrópoli cosmopolita. Aunque la novela se sitúa cronológicamente durante los años 1880-1882, Oller transmite el optimismo de la burguesía catalana de toda la década de los ochenta. Así, en el primer capítulo, auténtica apertura de la novela inspirada en la de Nana de Zola, se describe el edificio de la Lonja y todo el trasiego de una sesión de Bolsa. La novela recrea la ciudad de Barcelona en el momento de la transformación de la gran urbe con la creciente industria y con la formación de una nueva burguesía movilizada por la fiebre bursátil de los años 1880-1881. Ciertamente, Oller se sintió atraído en un primer momento por el fenómeno bursátil pero el clima de euforia que se refleja en la novela proviene de un acontecimiento posterior que iba a fascinar al novelista como también fascinó a Eduardo Mendoza: la Exposición Universal de 1888. El tema fundamental de la obra es la ascensión de las capas más bajas de la sociedad hacia las esferas burguesas mediante el juego de la Bolsa; pero, sin embargo, el tema central deja constancia asimismo de un documentado estudio de los elementos históricos planteados como crónica dinámica de unos fenómenos sociales. Oller se entretiene en describir los nuevos gustos de la burguesía enriquecida -en decoración, indumentaria, gastronomía-, en los cambios en su modo de vida pero no ahorra sus críticas ante sus modos ridículos y groseros, su incultura o su manía ante la ostentación y las apariencias.

Además de ser la novela de la burguesía de los años ochenta en plena expansión económica y social, La febre d' or es, igualmente, la novela de la transformación de Barcelona en una gran ciudad moderna y cosmopolita, como consecuencia de la revolución industrial. Destacan, en este sentido, las visiones que de la ciudad mantienen los protagonistas, Gil Foix y Delfineta (¿posible antecedente de la Delfina de La ciudad de los prodigios?) El protagonista de la novela, Gil Foix, es un nuevo rico cuyo ascenso, desde la posición humilde de carpintero hasta el hombre más rico y poderoso de la ciudad, supone el núcleo argumental de la novela. Al final de la obra, Gil Foix sufre una crisis nerviosa y vuelve a su niñez y a sus orígenes humildes, empieza y termina alejado del centro de poder. Hasta cierto punto, se puede considerar a Onofre Bouvila, el protagonista de La ciudad de los prodigios , como un personaje paralelo a Gil Foix. Los dos personajes son de origen humilde, ascienden rápidamente y sin escrúpulos en la escala social de la riqueza y del poder, y los dos, aunque de maneras diferentes, abandonan la sociedad barcelonesa ante la imposibilidad de enfrentarse al propio ser que han creado.

Gil Foix, de origen humilde, guiado por la vanidad y la ambición, emprende una carrera meteórica en la Bolsa. Bondadoso, carente de avaricia y con una concepción patriarcal de la familia, desea, en principio, el dinero como forma de asegurar su bienestar. Así, con voluntad de convertirse en el máximo protector de la familia, incorpora a su negocio a su hermano Bernat, a su primo Jordi Balenyà y al hijo de éste, Eladi. El curso de los acontecimientos demostrará que la felicidad es incompatible con el afán de riquezas y de poder: a medida que éstos aumentan, se van degradando las relaciones familiares de los Foix, que sólo se recuperan a partir del crack económico. Y un punto más de unión entre ambas novelas: Gil Foix fracasa en su deseo de ascensión social; sin embargo, las consecuencias positivas de su trabajo las expondrá en la novela su propio hijo Bernat: la sociedad posee derechos superiores al individuo. Gil Foix es una víctima del progreso pero también un escalón más en la escala de las mejoras sociales, una víctima más de las teorías evolucionistas de la lucha por la existencia y la selección natural. La humanidad avanza a partir de ejemplos como el de Gil Foix, y consigue acercarse a un estado de justicia social. Mediante este discurso filosófico basado en la fe en el progreso y en el avance imparable de la historia, se universaliza la historia específica de Gil Foix.

La obra de Oller no es la única novela de la literatura catalana que aborda el problema de la ciudad de Barcelona y su burguesía durante este periodo; novelas como Desil.lusió de Jaume Massó i Torrents (1904), L`ànima en camí (1906) o Aigua avall (1907) de Josep Maria Folch i Torres, Redempció de Carles de Fortuny (1905), Tristors (1904), Il.lusions (1905) y Romàntics d`ara (1906) de Enric de Fuente se centran en este periodo y mezclan temas diversos tratados también por Eduardo Mendoza: la burguesía, el auge del anarquismo, la visita de Alfonso XIII a Barcelona.... Una novela paradigmática sobre la burguesía catalana con claras concomitancias con la novelística mendocina es también Vida privada de Josep M. de Segarra (1932), que se centra en la decadencia moral y económica de los Lloberola, una de las familias más respetadas de la burguesía barcelonesa de los años treinta, que, tras años de prosperidad, pasa por el difícil trance de ver cómo se dilapida el patrimonio familiar en manos de sus elementos más jóvenes.

La imagen literaria de la ciudad cambia, como hemos comprobado, a través de las épocas: desde representar la idea de una comunidad, una tradición colectiva, hasta la experiencia individual; desde un objeto estático, un escenario de la historia, hacia lo inámico. De la comunidad urbana emerge la figura de un individuo aislado, frustrado y alienado, y la comunidad misma llega a representar un caleidoscopio fragmentado y subjetivo que cambia constantemente en el tiempo. Se ha incorporado característicamente en la literatura moderna y con ello se ha creado la ficción urbana: Buenos Aires fascinaba a Arlt, Borges y Sábato; San Petersburgo a Dostoyevski y Andrey Biely; Dublin a Joyce; París a Hugo, Zola y Balzac; Nueva York a Salinger y Dos Passos.

Es significativo que la novela mitificadora de Barcelona, La ciudad de los prodigios , se abra con una cita de Don Quijote que, en cierto modo, anticipa la visión de Barcelona que Mendoza irá dibujando novela a novela. En la cita se alude al momento en que, cercana su llegada a la ciudad catalana, Sancho se sobresalta al ver los siniestros racimos que cuelgan del árbol donde se arrima. Don Quijote le aclarará que se trata de bandoleros ahorcados según dispone la justicia del lugar, "por donde me doy a entender que debo de estar cerca de Barcelona” En sus novelas, Mendoza dibuja una Barcelona laberíntica, enigmática, oscura y a ratos tétrica, donde puede esconderse lo asombroso tras cualquier esquina; pero que, a la luz del día, deviene abigarrado carnaval esperpéntico y mediterráneo. Como señala acertadamente Miret (9), al recrear la historia de su ciudad, Mendoza lo hace mediante el procedimiento que consiste en partir de la base real, histórica, para ir exagerando progresivamente los rasgos y cargando los tintes hasta llegar a un nivel totalmente fantástico y con frecuencia francamente cómico, procedimiento bastante parecido, por otra parte, al que emplea muchas veces la memoria colectiva:

Un día, cuando acababa de comulgar, (el alcalde de Barcelona) tuvo esta visión: estaba sentado en el sillón de alcalde, en su despacho y entraba un macero a anunciarle una visita. El alcalde se preguntaba si sería un vocal, un delegado. El alcalde quedó sobrecogido. El visitante despedía rayos y un halo de luz lo circundaba... (La ciudad de los prodigios , pág. 168)

Esto no puede seguir así, se dijo un día; como me llamo Eulalia que he de hacer algo. Pidió a santa Lucía y al Cristo de Lepanto que cubrieran milagrosamente su ausencia, bajó del pedestal, salió a la calle y se dirigió decididamente al Ayuntamiento, donde el alcalde la recibió con sentimientos encontrados. (La ciudad de los prodigios , pág. 357)

La transformación mítica de la realidad en un espacio aparece también en Juan Benet. En Volverás a Región (1967) ficcionaliza el espacio real de la provincia de León situando allí su mítico Región. Mezclando los nombres geográficos con ficticios, describiendo minuciosamente el medio ambiente, incluyendo los detalles geológicos, zoológicos, botánicos, metereológicos intenta convencer que Región existe. Una región mítica, como el condado de Yoknapatawpha de Faulkner o el Macondo de García Márquez, que en la novela de Benet es un espacio de ruina, abandono, estancamiento y decadencia. Aplicando la perspectiva desfigurante tanto al paisaje urbano como a su historia, el narrador en las obras de Mendoza hace de su ciudad un espacio que es al mismo tiempo la realidad como el producto de la pura invención.

La verdad sobre el caso Savolta es la primera de las novelas de Eduardo Mendoza y también la primera donde la ciudad de Barcelona ocupa un papel importante y no tan sólo se convierte en el mero fondo descriptivo donde la acción se sitúa. Todas sus novelas posteriores, excepto La isla inaudita y El año del diluvio presentan a su ciudad en el centro de la narración. En el caso de su primera novela, la narración se puebla de referencias a la ciudad, como hemos visto: las calles Caspe, Fontanella, Aviñó; lugares emblemáticos como Las Ramblas, la Plaza Cataluña, barrios como Sarriá, la Barceloneta...

De la descripción de la ciudad es altamente interesante el contraste que hace el novelista entre los barrios más privilegiados de la ciudad y los más desatendidos. Como en las novelas naturalistas, a cada uno de estos barrios corresponde un tipo de personajes que se amoldan a ellos. Sin embargo, en ninguno de ellos se encuentra la auténtica felicidad y, al final de la novela, el fracaso iguala a todos los que conforman la ciudad mediterránea. Pero la Barcelona que inicia describiendo Mendoza en su primera novela es algo más: es el marco geográfico que mejor conoce el autor y donde puede colocar perfectamente a multitud de personajes que vagan sin rumbo fijo y que buscan inútilmente que la ciudad les oriente. Esta desorientación de los personajes se funde con la desorientación de la propia ciudad, anclada aún por méritos propios y ajenos en su propio pasado y que no se atreve a dar un paso al frente en busca de soluciones a su atraso. Es paradigmático en este sentido el personaje de Javier Miranda que, como comentábamos, al igual que la ciudad de Barcelona, busca un sentido existencial a base de "pulular" por los diferentes puntos de una misma recta, al estilo del flaneur baudeleriano. La ciudad de Barcelona se convierte así no solamente en un fondo estético sino en un lugar propicio para el desarrollo de las más variadas actitudes: anarquismo, pistolerismo, locura, picaresca, opresión empresarial, bohemia o vida frívola. Todas estas actitudes que tienen cabida aquí acaban fracasando sistemáticamente conforme vayamos siguiendo la lectura de la novela, aunque siempre queda la propia ciudad que espera que sus habitantes la conduzcan finalmente al lugar que le corresponde. De alguna manera, la novela es también la novela de la historia de Barcelona entre 1917 y 1919, como afirma Miranda:

Los catalanes tienen espíritu de clan, Barcelona es una comunidad cerrada, Lepprince y yo éramos extranjeros. (pág. 104)

O el comentario sobre la ciuad de Lepprince a Miranda:

¿Sabes una cosa? Creo que Barcelona es una ciudad encantada. Tiene algo, ¿cómo te diría?, algo magnético. A veces resulta incómoda, desagradable, hostil e incluso peligrosa, pero, ¿qué quieres?, no hay forma de abandonarla. ¿No lo has notado? (pág. 257)

Incluso algunos personajes como la Doloretas se identifican con la ciudad en la que viven. En el caso de la compañera de Miranda, la soledad, la escasez de alegrías y la monotonía presiden su vida:

Me detuve en una cervecería y bebí un coñac mientras meditaba en las palabras de la Doloretas. Su historia era la historia de las gentes de Barcelona. (pág. 341)

Valora este capítulo:
Autor y licencia de 'La Barcelona prodigiosa de Eduardo Mendoza - La Barcelona de Eduardo Mendoza (I)'
Eduardo Ruiz Tosaus Extraído de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero19/barcelon.html CopyLeft
Este contenido ha sido recopilado por el equipo de Wikilearning. Todo el contenido recopilado se ha obtenido respetando y comunicando en nuestro site la licencia de cada fuente.
Wikilearning tiene permiso expreso por escrito de los autores para publicar los contenidos que ha extraído de otras webs, incluyendo su uso comercial.

Opiniona sobre 'La Barcelona prodigiosa de Eduardo Mendoza - La Barcelona de Eduardo Mendoza (I)' (0)

Tu nombre debe tener tres caracteres como mínimo.
Es necesario que te des de alta con una cuenta de correo válida.
Es necesario que te des de alta con una cuenta de correo válida.
El contenido del título de tu opinión debe tener tres caracteres como mínimo.
Es obligatorio que selecciones una valoración del recurso.
El contenido del comentario de tu opinión debe tener tres caracteres como mínimo.

Opina sobre este artículo



* Valoración:
* Nombre:
* Correo electrónico:
* Título:
* Comentario:

Wikis relacionados con 'La Barcelona prodigiosa de Eduardo Mendoza - La Barcelona de Eduardo Mendoza (I)'

Josep Palau i Fabre, poeta barcelonés nacido en 1917, es uno de los máximos representantes... Más »
En los últimos años, el desarrollo basado en componentes se ha convertido en una de... Más »
Este es el Diccionario de Plantas Mágicas elaborado por nosotr@s. Esta basado en nuestra propia... Más »
Reflexión panorámica de los famosos aforismos en El Libro de amigo y de Amante, del... Más »
El objetivo de este trabajo es dilucidar en lo posible las dimensiones de la intertextualidad... Más »
¿Estás seguro de que deseas eliminar este capítulo?