Debe introducir al menos 3 caracteres en el buscador.
Inicio / Wikis / Artículos / La biblioteca suspendida: derecho a la ecografía - El don de la Biblioteca de Alonso Quijano (I)

La biblioteca suspendida: derecho a la ecografía - El don de la Biblioteca de Alonso Quijano (I)

 ----- 
CopyLeft Artículo de Antonio Viñuales Sánchez - 07 de Septiembre de 2006
Temas Relacionados: Historia de la literatura
1. El don de la Biblioteca de Alonso Quijano (I)

14) Daría lo que fuera por poseer la biblioteca imposible de Alonso Quijano o la del capitán Nemo. Todos los libros de esas dos bibliotecas están en suspensión en la literatura universal, como lo están también los de la biblioteca de Alejandría, con esos 40.000 rollos que se perdieron en el incendio provocado por Julio César. […]
Todo eso desapareció, el fuego parece el destino final de las bibliotecas. Pero aunque hayan desaparecido tantos libros, éstos no son la pura nada, sino al contrario, están todos en suspensión en la literatura universal, como lo están todos los libros de caballerías de Alonso Quijano o los misteriosos tratados filosóficos de la biblioteca submarina del capitán Nemo -los libros de don Quijote y de Nemo son "el fondo de la nave" de nuestra más íntima imaginación-, como lo están todos los libros que Blaise Cendars quería reunir en un volumen que proyectó durante largo tiempo y que estuvo muy a punto de escribir: Manuel de la bibliographie des livres jamais publiés ni même écrits.
Biblioteca no menos fantasma, pero con la particularidad de que existe, de que puede ser visitada en cualquier momento, es la Biblioteca Brautigan, que se encuentra en Burlington, Estados Unidos. […]
La Biblioteca Brautigan reúne exclusivamente manuscritos que, habiendo sido rechazados por las editoriales a las que fueron presentados, nunca llegaron a publicarse. Esta biblioteca reúne sólo libros abortados. Quienes tengan manuscritos de esta clase y quieran enviarlos a la Biblioteca del No o Biblioteca Brautigan no tienen más que remitirlos a la población de Burlington, en Vermont, Estados Unidos. Sé de buena tinta -aunque allí estén sólo interesados en almacenar mala tinta- que ningún manuscrito es rechazado; todo lo contrario, allí son cuidados y exhibidos con el mayor placer y respeto.

(E. Vila-Matas, Bartleby y compañía, 44-45, sub. mío)

 

Darlo todo, lo que sea y "sin reparar en gastos" como suele decirse. "Daría lo que fuera por poseer la imposible biblioteca de Alonso Quijano". El narrador de esta nota a pie de página número catorce abre de este modo la escena de un don que se antoja imposible -dejemos suspensa por el momento la inmensa equivocidad que le corresponde a este vocablo "imposible"- y que dejo ahora como suspendida, doblemente suspendida -como si una única vez no fuese efectiva y no hubiese ley que amparase este derecho a la suspensión- por cuanto que ella misma comenta un texto "invisible, y no por eso inexistente, ya que muy bien podría ser que ese texto fantasma acabe quedando como en suspensión en la literatura del próximo milenio" (Bartleby y compañía, 13) Doblemente suspendida o quizá infinitamente suspendida, a la cabeza y suspendiendo (a) la cabeza, el cabo (caput), afirmando el cabo desde lo otro del cabo, como amenazante y amenazando cualquier forma de establecimiento del cabo y de lo único, de la ley, ley del capital, y por qué ahora no, pues ya puede ser dicho, ley del padre. Escena de un don dadivoso, y que no da más ?y no es poco? que en la futuridad de un tiempo abierto a lo condicional como a las puertas de un abismo de lo imposible, bien cercano a las palabras que lo significan, que no da, pues, y a fin de cuentas, más que dando, pues su "Daría lo que fuera" ¿acaso no es esto como dar incluso lo que no se tiene, dar un imposible, dar lo que es imposible dar, escena de don que viene como a suspender de manera paradójica cierta semántica de posesión y presencia que giraría en torno a la cuestión del don? ¿Y acaso no es ésta la condición -incondicional por otra parte- de un don puro, "y si lo hay", del don? Grave problema éste que se nos anuncia para el sentido común y para la razón, incluso para la razón práctica, bien lo ha mostrado la ingente obra Jacques Derrida1 que ha venido a cortocircuitar, fertilizar, suspender y superar toda lógica del don que ella misma imposibilitaba:

Si el don se anula en la odisea económica del círculo en cuanto aparece como don o en cuanto se significa como tal don, ya no hay más "lógica del don". Y se puede apostar que un discurso consecuente sobre el don se torna imposible: no atina a dar con su objeto y habla siempre, en el fondo, de otra cosa. (Dar (el) tiempo, 32)

Y es que el polígrafo francés va a "someter" la problemática del don, como ya nos tiene acostumbrados, a la prueba de la aporía o de la indecidibilidad en aras de la decisión y de la responsabilidad2, al calor de la andadura de la deconstrucción: "si el don aparece o se significa, si existe o si es(tá) presentemente como don, como lo que es, entonces no es, se anula" (Dar (el) tiempo, 35) sentencia, de modo que la verdad del don, tal como se lo entiende de un modo tradicional, esto es, desde una lógica de la presencia a sí del presente sin resto ni fisura, equivale al no-don o a la no-verdad del don, a la lógica traición de la verdad del don.

"Daría lo que fuera..." decía nuestro narrador deseante "por poseer", y por poseer lo imposible, si es que es esto posible. Un pensamiento que va más allá de la razón es el que se encripta en esta nota suspendida, un pensamiento sobre el don, al que no se escapa la cuestión, ya lo hemos notado, de la posesión, de una semántica de la posesión, que conecta el dar con el haber y el tener a la que no se da tregua, no se da tiempo: ya no hay un tiempo para la razón y para la lógica tradicional del don. Y siempre que hay signo (biblioteca, acontecimiento de libro, texto), siempre que hay huella, différance pues, irreductiblemente hay ?si es que este "hay" es pronunciable así? diseminación, y quizá cierta estructura del don, cierta problemática del don, quizá pueda tener lugar un don.

Pero amén de estas breves citaciones ejerzamos alegremente un derecho de suspensión, pues sabemos que, además e otras tantas cosas, otros tantos significados que irán esparciéndose a lo largo de estas lecturas, suspensión es interrupción, retardo o diferencia. Suspender algo es aplazarlo, dejarlo para mañana, darle un tiempo diferido y ocuparnos de otra cosa, dejarlo en la antesala de consulta tal si a la espera, o como viéndolo venir, dándonos en definitiva este consenso en el significado que, temo, se ha de romper necesariamente desde el primer momento. A otra cosa pues y sí sea.

El lector enterado de Vila-Matas no habrá pasado por alto cierto gusto, casi maníaco, casi persecutorio, por eso que el da en llamar "suspensión", lo "suspendido", cuyo significado, lejos de cualquier apropiación o conceptualización semántica, queda asimismo como suspendido, en el aire, sobre nuestras cabezas, queda como secreto, dado a ver en su legibilidad, linealidad de los signos (la "s" sigue a la "u" que sigue a la "s"...), pero que sigue secreto bajo la forma superficial de cierta duplicidad que se pertrecha contra el desciframiento, duplicidad que supera la oposición saussureana Significante/Significado, a la vez que la incorpora en la misma figura del secreto puro, de lo secreto por excelencia, es decir, que lo que da a ver, lo que muestra y presenta es que hay secreto que debe permanecer secreto, que hay diseminación, juego indefinido, desgaste sin límite, asignación perpetua de significados. No es único en esto: el propio Cervantes ?que no es mal antecedente? se empeña en mostrar de manera compulsiva, en hacer continua exhibición irreverente y abusiva de la "suspensión", de lo "suspenso" y del secreto. El Quijote es un buen ejemplo de esta epifanía de la suspensión en el secreto desde el mismísimo prólogo y tiene un carácter decisivo -que no desdeñaremos de aquí en adelante- en la Novela del Curioso Impertinente. Quizá esta lectura de la Biblioteca de don Quijote tan sólo sea una lectura, trazada elípticamente en cierto sentido, de la novelita insertada en el Quijote, o de la propia forma textual de la "narración intercalada". En la Novela había secreto, muchos secretos, mas lo que en mi opinión reviste un máximo interés en lo que concierne al secreto, y por lo tanto a la literatura y a una democracia que está todavía por venir, es la relación que los personajes mantienen con el secreto, con el sentido de lo secreto, que en cierta medida, viene a figurar una cuestión -por cuanto la literatura parece ser ese secreto que ni ella misma conoce y que para ella misma pertenecerá siempre como secreto- que ha venido siendo uno de los temas casi ya "clásicos" desde los inicios de la teoría de la literatura: me refiero a la relación de la literatura con el sentido, del texto con el sentido. Vayamos como decía de la mano de Vila-Matas:

"La familia suspendida" es uno de los relatos perteneciente al conjunto llamado Hijos sin hijos, y que va a ser objeto nuestra atención de aquí a un tiempo. Tonino, el protagonista de éste y narrador en primera persona, nos cuenta su historia de hijo, su historia como hijo y su fracaso como hijo que se las ha -como Kafka- con el padre y el secreto. Es un hijo, de otros tantos sin hijos, romano, y perteneciente a la familia de los Massimo. Desde los tiempos remotos del antepasado Fabio Massimo -confiesa nuestro héroe- el nombre secreto de la ciudad de Roma se transmite en su familia de padres a hijos, de generación en generación, una vez que la mayoría de edad ha sido alcanzada, y se asegura la descendencia con la firma de una promesa. No obstante, Tonino Massimo va a ser una excepción y va a constituir una interrupción -suspender era interrumpir- en esta historia del secreto, va a suspender el secreto, esto es, dejarlo en el aire, invisible, ilegible, mirándole sin verlo, y sobre su cabeza, y también va a suspender (en) su proyecto de vida -como se suspende un examen, algo a lo que ya tenía acostumbrada a su familia, "tan poco paciente ella con mis suspensos, tanto los de la escuela como los del seminario" dirá (55)-, en el que el secreto tenía un papel fundamental. Tonino, pues, es él mismo la figuración por antonomasia de lo suspenso, llegando a interrumpir esta historia circular del nombre secreto circulante. El relato "La familia suspendida" va a ser la historia de la suspensión de la historia del nombre secreto, la historia de una suspensión en la circulación del nombre secreto; pero, no nos engañemos: lo que va a quedar en suspenso tras el fracaso de Tonino ¿no es aquello que, aun cuando la circulación del nombre, la herencia del nombre, esa circulación asegurada y salvaguardada por la promesa al padre, por el acatamiento sin (dar) lugar a dudas de la ley del padre que toma la forma del círculo perfecto, del círculo del don circular, estaba ya suspenso, es decir, el secreto mismo de lo secreto? ¿No es acaso la historia de "La familia suspendida" la de un error -el de la interpretación de Tonino- ante el secreto, ante lo que debe permanecer de secreto en el secreto?

"La familia suspendida", tal como ocurre en el poema en prosa de Baudelaire La fausse monnaie, viene a denunciar la falta, ése "faire le mal par bêtise" (242) cometida por el individuo contra la naturaleza; esta falta consiste en no haber saldado como debía su deuda con la naturaleza, que le había prestado el don de la inteligencia, un don natural, connatural a una deuda infinita, a un endeudamiento a crédito infinito ante el que se debe responder con sabiduría. Tonino Massimo, todavía enclaustrado en su abadía "por estupidez", consumado su destino, suspendido el secreto -el padre, volveré sobre ello, y la familia- resignado él, concluye que su familia está "suspendida en sabiduría por mi culpa". (Relato también de un sujeto culpable, del culpable por excelencia, el culpable de la muerte del padre, fechoría que estaría -todavía no se sabe bien3- quizá en el origen mismo de la ley).

Tonino viene a ser la figura de aquel que confía en la legibilidad de los signos sin posibilidad, en la lectura, de diseminación ni resto, que confía en la atribución perfecta y calculada del origen. Para él, tan obsesionado en el secreto y con lo que para nosotros ya no hay de secreto en el secreto, no puede haber -tal como he hecho notar- secreto posible, pues sólo entiende que existe en el secreto lo que puede y debe ser descifrado, leído. En este sentido, el error de Tonino, es análogo, digámoslo bien fuerte, al de la lógica, la ética, la política, el derecho y la teoría literaria tradicionales, todas ellas suspendidas en sabiduría, (ante todo, "al día de hoy" -diría Valéry- sin saber que reproducen el gesto del lenguaje del espectáculo, mejor dicho, del modelo de lenguaje que privilegia la sociedad nuestra del espectáculo con una ruindad, cicatería e irresponsabilidad dignas de la sanción y el vituperio más enérgicos de todo aquel que es digno de llamarse intelectual, nunca "especialista"4) para quienes no hay secreto puro y de derecho posible, legítimo, también ético. Tonino, como digo, se va a mostrar ciego en su confianza en la posibilidad de asignación total de sentido y en la clausura presente y circular de éste, en el origen y el fin dados, en la total muerte dada, en definitiva. Todo signo, nombre, texto, en su sentido, debe ser presente para él, debe ser posible averiguar el sentido, descifrar y leer, ver el sentido. La lógica de la visión, tan importante en el secreto como en la escritura, no debe perderse de vista. Hagamos un alto aquí para leer en la Novela del Curioso Impertinente:

Pero la suerte, que las cosas guiaba de otra manera, ordenó que, habiendo dejado Anselmo solos a Lotario y a Camila, como otras veces solía, él se encerró en un aposento y por los agujeros de la cerradura estuvo mirando y escuchando lo que los dos trataban […] (Quijote I, 33, 360)

Anselmo, desconfiando de la promesa que Lotario habíale firmado en secreto, se esconde secretamente para ver si su amigo cumplía con lo prometido en aras de su amistad. Y nada más y nada menos que le sirve para ver la verdad (una verdad que en modo alguno le sirve en nada, pues la verdad que debiera advertir -como el amigo de La fausse monnaie o el propio Tonino- es su propia verdad, esto es, la verdad de su necedad para con el secreto, su falta con la naturaleza) el hueco de una cerradura:

-¡Ah -dijo Anselmo- Lotario, Lotario, y cuán mal correspondes a lo que me debes y a lo mucho que de ti confío! Ahora te he estado mirando por el lugar que concede la entrada desta llave, y he visto que no has dicho palabra a Camila; por donde me doy a entender que aun las primeras le tienes por decir; y si esto es así, como sin duda lo es, ¿para qué me engañas, o por qué quieres quitarme con tu industria los medios que yo podría hallar para conseguir mi deseo? (Quijote I, 33, 361)

No nos apartamos ni un ápice de la problemática de la lectura al reproducir esta interesantísima intervención de Anselmo. La experiencia de la lectura evidencia que la oposición clásica entre legible/ilegible a perdido toda su validez; en la lectura podemos experimentar como legible lo ilegible, siendo la resistencia a la legibilidad (en sentido clásico) una de sus características centrales. Es en este punto también donde la lógica de la visión, de la visibilidad con respecto a la obra de arte, viene a hacer sonoras aguas: no parece claro que el espacio -y la literatura en este sentido debiera denominarse "arte espacial"- quede sometido esencialmente a la mirada. El espacio -el texto- no es solamente aquello que es visto, aquello que puede quedar rodeado por la mirada, sometido al régimen del globo ocular, listo para la apertura de la llave ocular. El espacio, el texto, en este sentido y si queremos ser responsables con su naturaleza, no es un material canalizable, me explico:

Anselmo dice: "te he estado mirando por el lugar que concede la entrada desta llave"; y no dice "la entrada de la llave", en consecuencia debemos imaginar a un Anselmo que pronuncia su discurso, y esto es esencial, esgrimiendo la llave en la mano frente a un Lotario perplejo, suspenso. Es como si Anselmo dijese a Lotario: ésta es la llave que abre la verdad, ésta que es presente, que te (la) presento a ti -"la entrada desta llave"- mientras te hablo y después de haber visto la verdad. La verdad es la llave, la verdad es la técnica, ambas pasan por la vía de paso dada: la visión, en cuanto que es llave del ojo, es la verdad; la visión, como la llave, pasa por "la entrada" dada. El texto es lo que pasa por la vía de paso dada, por la canal, es lo canalizable por la técnica, producto de la técnica pues, objeto del especialista o experto, sometido por el espectáculo, producto de la técnica repito ¿y no está la técnica, en nuestra sociedad del espectáculo, al servicio de los mass-media? Anselmo, no sabemos si de forma deliberada, no nos importa demasiado, es también la figura del especialista del espectáculo, del experto de la sociedad del espectáculo. ¿No es acaso el experto, tal como ya nos advirtió Debord, aquel que, en tanto que pertenece a los media y al Estado, la figura por antonomasia del engañador, aquel que en lugar de decidir y responsabilizarse en modo absoluto, y cuando el sujeto ya no reconoce nada por sí mismo, se dedica a tranquilizar? Anselmo, tras esta cadena de consecuencias, hace del texto la llave: el texto ya tiene la forma de la llave. Tomando la llave con la mano, poseyendo la llave, presentando(se) la llave, dándo(se)la a ver a sí mismo (más a sí mismo que a nadie) y a Lotario, como el que se sabe poseedor de un passe-partout5, sin decirlo -pues el texto no lo dice en ningún momento- dice: "éste es el texto". El escarmiento final de Anselmo que todos conocemos, pues también -como Tonino y antes que él- él comete un error, un fallo ante la naturaleza, anula en este recuerdo toda posibilidad de comentario por evidente.

Lo visible, pues, no se opone así a lo invisible. La confianza ciega en el sentido, en la legibilidad tradicional obtiene su figuración en esta escena, no siendo en modo alguno casual este dato descriptivo, "el lugar que concede la entrada desta llave", en el diálogo cervantino. Anselmo figura aquel que cómodamente se dispone a ver la verdad, a leer el sentido del signo, sin esfuerzo ni desgaste "por el lugar que concede la entrada desta llave" frente al texto literario. El espacio del texto desde el punto de vista que figura Anselmo, a todas luces empobrecedor, queda reducido al "lugar que concede la entrada desta llave", no hay más espacio textual que ése, el de la canal de la llave, el canon dado de la llave, un espacio que no necesita, por otra parte, de nadie para que funcione, para que juegue. Unicamente un juego de llaves hace falta para jugar al texto, lo que anula la posibilidad de todo juego, no lo olvidemos. El texto se convierte, lo convierte Anselmo, en su error, en un juego de llaves, el texto como juego de llaves. Y qué mejor para abrir todos los textos que una llave maestra, la llave de las llaves, la llave tranquilizadora y aseguradora: el passe-partout, llave canónica por excelencia.

Autor y licencia de 'La biblioteca suspendida: derecho a la ecografía - El don de la Biblioteca de Alonso Quijano (I)'
Antonio Viñuales Sánchez Extraído de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero19/suspendi.html CopyLeft
Este contenido ha sido recopilado por el equipo de Wikilearning. Todo el contenido recopilado se ha obtenido respetando y comunicando en nuestro site la licencia de cada fuente.
Wikilearning tiene permiso expreso por escrito de los autores para publicar los contenidos que ha extraído de otras webs, incluyendo su uso comercial.

Wikis relacionados con 'La biblioteca suspendida: derecho a la ecografía - El don de la Biblioteca de Alonso Quijano (I)'

Historia de la biblioteca más conocida y de fama más duradera: la legendaria biblioteca de... Más »
La demanda de información sobre el proceso de catalogación es una necesidad permanente entre los... Más »
Con el objetivo de desarrollar una guía para la preservación y conservación de los fondos... Más »
Bastante se ha escrito, no poco aún se está escribiendo y todavía mucho más se... Más »
La mayor parte de las conductas habituales que estructuran nuestra vida cotidiana son expresiones del... Más »
¿Estás seguro de que deseas eliminar este capítulo?